lunes, 27 de octubre de 2014

Alberto García-Alix en Jot Down: "José Tomás en dos horas nos hizo mejores personas"

- ¿Te gustaría poder retratar a José Tomás?

- Fui a verlo a Nimes. La verdad, me gustan los toros y quería verlo como fuera. Me invitaron unos amigos y fue un gran día en mi vida. Me quedé pilladísimo. Cuando acabó era como… ¿Qué ha pasado? Ahí estaba un hombre que había amplificado los límites de la gloria. Lo quieras o no se te pone la piel de gallina. Fue como cuando encienden la luz en un teatro o un cine y acabas de ver una gran obra, que no te puedes ni levantar del asiento. José Tomás en dos horas nos hizo mejores personas. ¿Dónde puedes encontrar una épica como la de ese hombre, el respeto, la mística, el sacerdocio, la altivez, la tensión, el arte…? Como fotógrafo claro que me gustaría hacer la foto, pero una gran foto que reflejase su personalidad.

o Entrevista de Alvaro Corazón para Jot Down / Fotografía: Guadalupe de la Vallina

sábado, 18 de octubre de 2014

LA CHARLOTÁ

No voy a negar todo lo que me llevo riendo estos días con la ‘charlotá’ que está protagonizando el muy honorable Artur Mas con el tan manido derecho a decidir, enredo de tomo y lomo empleado hasta la saciedad para convocar un referéndum que era imposible celebrar sin romper con la Constitución y la soberanía ejercida por los españoles. Todos sabíamos, él el primero, que no iba a tener valor para hacerlo desafiando al Estado que le paga cada mes su latisueldo; el suyo, y el de miles de funcionarios de la Generalitat que deben sus hipotecas como cada hijo de vecino. Esta ‘revolucioncilla’ a la catalana no ha dejado de ser una especie de esperpento desde el minuto uno, desde la primera marcha del millón de hombres o la ‘V’ de victoria entre las esteladas, que no es otra cosa que una copia ridícula de la bandera cubana pasada por la abadía de Montserrat, el zapatazo de los muchachos de la CUP y los pezones estrellados de María Lapiedra, musa inspiradora de tórridos sueños en la aplastante nebulosa familiar de Marta Ferrusola y los multimillonarios hijos de Ubú, que ahora esquiva a los inspectores de Hacienda escondiéndose en el barrio gótico de esa Barcelona mediterráneamente española en la que no hace mucho tiempo habitaban las principales vanguardias de nuestra cultura. Ahora sus escombros yacen o están aplastados bajo toneladas de butifarras soberanistas. Mas abunda en la charlotá: hoy sí, mañana no. Hoy ERC, mañana PSC. Y los catalanes atónitos frente a una TV3 que a cada minuto explica que la culpa de todo es del Madrid (Real, claro), que les robó a Di Stéfano, la liga de Guruceta y a Figo. Yo le recomiendo a Mas que salga al balcón, como Pepe Isbert en ‘Bienvenido míster Marshall’, y proclame la independencia, con la monjas alférez Forcades y sor Lucía Caram, Karmele Marchante y la siempre inefable Pilar Rahola. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

lunes, 13 de octubre de 2014

Morante: «Los toreros somos solitarios porque el arte debe nacer de dentro»

Foto de Justo Rodríguez
«La tarde fue preciosa, tengo un recuerdo muy nítido por la importancia de esta plaza, porque se daba en la televisión y por el toro, que parecía que no y que no, pero que al final fue un delirio. Aposté y me extasié, pude sentirme y triunfar de esa manera. Me impresionó la forma en la que lo vivieron los aficionados y me llenó mucho que todo aquello aconteciera en un lugar tan lejano a mi tierra y que se sintiera con esa emoción». Así recuerda Morante, que actúa hoy en La Ribera mano a mano con Miguel Ángel Perera con toros de Vellosino, su gran triunfo del año pasado. Esta entrevista se realizó el martes en Salamanca, unas horas antes de hacer el paseíllo en La Glorieta.
-El toreo dicho tan despacio como usted acostumbra puede ser un lenguaje universal.
-Rafael de Paula me repetía que el arte no tiene fronteras. Es un sentimiento que se transmite y que lo puede vivir cualquiera.
-Existe algo increíble en su trayectoria: ¿Cómo es capaz de mantener esa regularidad realizando faenas tan excelsas tantas veces por temporada?
-Es difícil porque necesito un tipo de toro que preste unas condiciones que a veces no se dan, pero lo que más me está gustando es que soy capaz de improvisar de manera diferente con cada toro. Eso le da un sentido particular y especial a cada faena, donde no cabe el aburrimiento ni la monotonía, cosa que odio. Estoy siendo capaz, dentro de mi línea, de poder improvisar haciendo cosas que quedan en la memoria y que me satisfacen. Incluso hasta me sorprendo de haberlas hecho.
-¿Es el toreo capaz a estas alturas de sorprenderle?
-Sí, claro, y es lo realmente hermoso. Pero para eso hay que dejarse llevar un poquito. Cada toro te presenta unos movimientos distintos que uno los va acompañando de una forma singular. Para mí es lo más bonito del toreo. Me aburren mucho esas faenas técnicas, todas iguales, repetitivas. Yo soy así, no puedo ser de otra manera aunque me lo propusiera.
-En su evolución existe una parte técnica de profundo conocimiento de la raíz más íntima del toreo, y otra de búsqueda muy personal. ¿Estudia a los toreros antiguos?
-Yo era muy mal estudiante y no me atrevo a conjugar ese verbo. No es que los estudie, pero sí que los veo, los observo y a través de ellos pienso que interfieren en mi mente, en mi propio estado anímico y en mi evolución personal y artística. No hace falta estudiarlos, con verlos te vas amoldando y te hacen percibir el mundo con mayor amplitud. Eso hace que los vaya llevando a mi estilo, a mis formas. A veces sale casi sin darte cuenta y otras veces lo entreno de salón. Pero lo más importante es que se mezclen con uno mismo y que acaben siendo partícipes de ti para que brote algo genuinamente personal. Lo que sí es verdad es que me fijo en todos los toreros y veo muchísimos vídeos.
-¿Es dura la presión de que los aficionados cuando van verle lo esperen todo de usted?
-No me gusta dejar mal a mis aficionados, pero al que no me gusta dejar mal es a mí mismo. Creo que soy lo que soy porque he sido capaz de prescindir de los aplausos fáciles o de orejas pedidas como si fuesen limosnas. Me tengo que apartar un poco de todo lo exterior a mi mundo, de todo lo que se espera y ser yo mismo. El torero tiene que ser muy solitario porque el arte debe nacer de dentro, y para escuchar tu interior es necesario el silencio. Por eso procuro apartarme de todas las expectativas, aunque, claro está, sufro mucho cuando no salen las cosas y el público se enfada. Pero eso también es parte del arte.
-Torear tan despacio... Imagino que a uno le tiene que hacer añicos por dentro porque se llega a una espiritualidad que se confunde con el toreo.
-Totalmente, Belmonte decía que el toreo es un ejercicio espiritual y estoy totalmente de acuerdo con él. Es bonito eso de poder parar el tiempo, acariciar la fiera y llevarla con mimo y con sentido. Cuando el toreo te embriaga no existen calificativos que sean capaces de describirlo. Por eso sólo la poesía es la única expresión capaz de relatarlo.
-Da tiempo a pensar más allá de la técnica cuando se siente el toreo en ese lugar tan inhóspito y solitario como es el ruedo ante un animal que le quiere arrebatar la vida.
Foto de Justo Rodríguez
-Está el conocimiento de uno mismo, de sus límites. Pero en ocasiones la mente no es buena para el alma. A veces te habla y no la escuchas. Es como un mecanismo de diálogo de sordos. Se va haciendo lo que en un momento dado sale, pero uno escucha la parte práctica: si tomo la derecha, la izquierda... Pero no es del todo positivo para el alma y tienes que ir equilibrando cada resorte. En el término medio está la virtud y unas veces conviene escuchar y otras hacerse el sordo.
-¿Se tiene que dejar uno llevar en la plaza?
-Hay que abrir el corazón y los sentidos. Es vital despegarte de aquello que te maneja, aunque al principio te dé mucho miedo. Pero cuando le vas cogiendo el gusto es algo que terminas por buscar, y hace que te aferres y te entregues a lo que resulta más desconocido. Eso es lo grandioso; es más, creo que en eso consiste la poesía del toreo.
-¿Y qué papel juega el miedo?
-Es lo que te dice qué no debes hacer locamente. Cuando se realiza arte no puede ni debe haber miedo; no me puedo imaginar a Dalí pintando un cuadro con miedo. Si existe el arte no existe el miedo; el miedo está en una etapa anterior. Dentro de una faena puede haber momentos con miedo, pero cuando realmente está el arte uno tiene que estar abandonado y no tiene que sentir miedo.
-Entramos en un territorio del alma muy complejo.
-Yo no lo conocía cuando empezaba en el toreo. A mí siempre me ha gustado hablar poco, pensar mucho, ser un poco místico... Toda esa profundidad me la ha ido dando el tiempo y ha sido lo que me ha guiado mi carrera y mi vida. Como le he cogido el gustillo no paro de buscarlo. Unas veces llega, otras no. A veces yo paso mucho miedo, otras menos, pero el arte no tiene miedo.
-¿Se acuerda de aquella tarde de Arnedo de 1996?
-Claro, precisamente esta semana en Salamanca me la recordaba 'El Viti' porque él fue la persona que me entregó el Zapato de Oro y estuvimos hablando de aquella faena con entusiasmo porque me contó la emoción con la que su mujer la había vivido. Me dio una enorme alegría escuchar aquellos comentarios.
-Muchos aficionados tuvimos la sensación de que flotaba toreando; sin embargo, ahora, es lo contrario casi, como si se enterrara en el ruedo cuando lo hace.
-Cuando interpreto siento una sensación como si estuviera perdiendo la gravedad. Hay veces que la pierdes. No es exactamente aquello de Belmonte de que se perdía la sensación de tener cuerpo, creo que es como fundirse con el toro. Belmonte hablaba de olvidarse del cuerpo, pero yo creo que es sentirlo todo en uno, que sea una comunión total tuya con el toro. Cuando estás delante de él, con su peligro, con su fuerza, y tú con dulzura eres capaz de hacerlo pasar se produce algo como ingrávido que me enloquece.
-¿Hay que saber esperar y tener paciencia para verle?
-Existe una anécdota maravillosa de Sánchez Mejías en su casa de Pino Montano en la que organizaba veladas flamencas. Una noche llamó a Manuel Torre para que cantara y había un amigo de Ignacio que no era aficionado pero que quería escucharle porque todo el mundo hablaba maravillas del cante de Torre. La noche avanzaba y Torre no cantaba... El amigo, impaciente, se dirigió a Ignacio y le espetó: 'Mira la hora qué es y no ha abierto la boca'. Sánchez Mejías le puso la mano en el hombro y le dijo: ¿Y si canta? A lo que digo yo. ¿Y si sale el toreo? No es posible cortar esa vía de inspiración del ser humano. ¿Y si sucede? Hay que saber esperar y saber volver al día siguiente porque... ¿Y si canta? ¿Y si aparece el toreo?
o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja.

Diego Urdiales: «Sé que mi camino es el más difícil, pero cuando triunfo la respuesta es aplastante»

«Cuando te abandonas en el ruedo con un toro así la sensación de plenitud es enorme», asegura el diestro tras su gran triunfo en Madrid

«Sé que he elegido el camino más difícil, pero cuando consigo el toreo que busco la respuesta es aplastante. Es difícil expresar con palabras las emociones que sentí el domingo en Las Ventas porque cuando te abandonas en el ruedo con un animal así la sensación de plenitud es enorme, sientes que el toreo te brota de las yemas de los dedos, del alma, de lo más profundo de mi ser». De esta forma expresaba sus emociones Diego Urdiales ayer mismo unas horas después de convertirse en el máximo triunfador de la Feria de Otoño y cautivar a la afición de Madrid con su «toreo perdido», como afirmó en su crónica Zabala de la Serna.
-¿Es ya consciente de las cosas tan hermosas que se han escrito sobre usted en la práctica totalidad de los medios de comunicación?
-Unas crónicas las he leído y otras me las han contado muchos de mis amigos. Es verdad y me siento muy orgulloso de ello, aunque uno nunca es del todo consciente de lo que se puede mover alrededor. La realidad es que en el fondo es lo que busco, conmover con mi toreo. En muchas ocasiones ésa era la fuerza interior que me movía cuando las cosas no salían o cuando los toros no me daban opciones. Yo busco una clase de toreo que es la que siento, la que yo considero más pura y eso conlleva un riesgo añadido en esta profesión.
-Este fenómeno de la prensa volcada de esta manera no es nuevo...
-Ha sucedido en Bilbao varias veces, y este año en Madrid en San Isidro y en mis tardes de Francia. Es muy hermoso lo que está sucediendo.
-Nadie confiaba en el toro de Adolfo en los primeros tercios. ¿Cuándo vio que tenía posibilidades?
-Yo tampoco estaba seguro cuando cogí la muleta porque estaba sin definir. Con la mano derecha no le quería apretar desde el principio y fui dejando los muletazos más hondos para el final de las series, pero por la izquierda, al natural, logré, incluso, abandonarme y fue precisamente ahí cuando rugió la plaza.
-Y toreando muy despacio...
-Es que ésa es la grandeza del toreo, la lentitud y después tener la oportunidad de ligar los lances en cada tanda. En San Isidro logré muletazos muy buenos también, pero el toro no me repitió y eso cambió la percepción del público.
-¿Con qué nivel de exigencia salió a la plaza?
-Este año está siendo muy bonito y salí con la idea de que podía ser la tarde para rematarlo. Además, había en el ambiente como una necesidad implícita de dar la razón a tantas personas que creen en mí. Pero un triunfo depende de muchos factores y especialmente lo marca mucho el toro. Y me salió el toro y pude ratificar todas esas esperanzas.
-Hace unos meses le puso como ejemplo Alejandro Talavante y ahora ha sido Curro Romero. ¿Qué le parece?
-Estoy profundamente agradecido a ambos porque para un profesional que sean otros compañeros y de esa magnitud los que le alaben es realmente hermoso.
-¿Lástima el segundo toro?
-Es verdad, pero no le quiero dar más vueltas porque no eso no me llevaría a ningún lado. Lo que tenga que ser será. Además, estoy curado en paciencia, eso se lo aseguro.
-Todo el mundo alucina con lo que ha conseguido este año toreando en tan contadas ocasiones. ¿Cree que van a cambiar las cosas?
-Si le digo la verdad, eso ya no depende de mí. Hace tiempo que he superado cualquier lamento, son otros los que denuncian mi situación y yo me quedo al margen. Mi libertad es clave para torear como lo siento y tengo un apoderado extraordinario que hace lo mejor para mí. Si me quieren contratar ya saben dónde estoy.
-Pero tiene que ser muy duro verse una gran parte del verano parado.
-Lo duro es no sentir el toreo y no respetarlo. Eso lo tengo muy claro y no me pienso mover porque ponerse delante de un toro es algo que creo extraordinario.
-¿Se ve toreando con las figuras?
-Me veo toreando e intentando ser feliz cada día.
-Hay un movimiento de aficionados que lo ponen como ejemplo de dignidad profesional.
-Lo sé y lo agradezco profundamente.
-¿En los días malos en quién se apoya?
-Mi familia es fundamental, mi mujer y mi hija especialmente. Pero tengo una suerte increíble con mis amigos, con mi entorno, con todas esas personas que han confiado en mí y me han apoyado en los momentos más duros. En ocasiones, lo que más miedo me da es defraudarles o no estar a la altura de lo  que ellos confían.
-Se pasa mal antes de torear en una plaza como Madrid, llena y ante toros tan serios.
-Hay días en los que te agarrotas más, en los que te cuesta. Pero todo pasa por una mentalización interior poderosa. Eso fundamental, el entrenamiento, las rutinas físicas, la lectura, la música. Uno se prepara y toma fuerza interior en el alma. Yo creo mucho en eso, en estar por dentro lo más redondo posible, lo más mentalizado.
-Le dicen torero gran reserva. ¿Qué le parece?
-Me encanta porque amo mi tierra y soy un enamorado del vino. Soy ecléctico en cuanto a gustos, pero que me comparen con algo tan bueno es un orgullo increíble.
-¿Qué ha supuesto Francia este año?
-Muchísimo, me ha dado un sitio total y ha habido varias tardes en las que me he sentido muy comprendido, como en Dax o Mont de Marsan. He notado su cariño, su respeto y ese silencio de confianza y paciencia que tanto necesitamos los toreros.
-¿Y Logroño?
-Es mi plaza. Este año ha sido una vez más maravilloso.
-¿Con qué faena se queda esta temporada?
-Todas me han dado algo, no podría elegir una. Me quedo con la pena de no haber podido triunfar un año más en Bilbao porque noté un respeto del público especial. Espero que sea el año que viene. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja.

SOL Y SOMBRA DE TVR (FERIA DE OTOÑO)

Toreo eterno de Diego Urdiales en Madrid

El riojano se consagra en Las Ventas tras una memorable faena al natural y la oreja más importante del año / Foto: Carmelo Bayo

Diego Urdiales dio ayer en Madrid los mejores muletazos de la temporada a un cornipaso toro de Adolfo Martín con el que literalmente bordó el toreo en el platillo mismo de una plaza de Las Ventas que cayó rendida literalmente a sus pies. Hacía tiempo, mucho tiempo, que no rugía así el primer coso del mundo viendo torear a alguien tan despacio, tan encajado, tan colocado en la embestida que no resulta ninguna exageración decir que Diego fue capaz de fusionarse con un toro al que le dictó su parsimonia al ralentí en tres series de naturales sencillamente memorables, eternas, con varios muletazos dictados con tanta lentitud que daba tiempo a soñar desde el momento del embroque hasta que con el extremo del vuelo de la pañosa llevaba el morro del toraco hasta el infinito. Urdiales fue ayer en Las Ventas la reencarnación del toreo más puro, más ortodoxo y clásico de todo el escalafón, la memoria misma de la tauromaquia, la pasión contenida al principio y desbordada al final de semejantes raciones de caviar. Y Madrid lo vio, lo sintió como suyo en una faena inolvidable que corona un año de profundísima reivindicación de la categoría de un diestro al que alaban los toreros más grandes pero que el sistema quiere acorralar puesto que su revolución es ya, a estas alturas de su vida, absolutamente imparable. No le van a poder poner más puertas a este mar de torería porque ahora mismo, digámoslo claro, es el torero más puro del escalafón y quizás el único capaz de imponer su concepto a todo tipo de toros, a los cornivueltos de Albaserrada o a los más dulces de Domecq, le da lo mismo porque el toreo le fluye del alma. Y conviene explicar que el toro al que le cortó la oreja no fue un toro extraordinario, ni mucho menos. Fue un animal vulgar con una embestida desordenada por el pitón derecho y que sólo se dejó por el izquierdo. Entonces, ¿cuáles fueron las claves del triunfo de Diego? Básicamente la colocación, que fue inapelable, y una vez puesto en el sitio, el valor para sujetar las muñecas y hacer danzar la flámula con una precisión en los toques y en los vuelos sólo al alcance de los elegidos. Comenzó en redondo en los medios asentando el viaje del toro, muy firme, mandón y sin el más mínimo aspaviento. Entonces, cuando tomó la muleta con la mano izquierda y con la plaza ya revolucionada por la calidad que se presentía, comenzó a aflorar el toreo al ralentí dejando la pañosa muerta en la cara del morlaco y sacando el viaje del toro por debajo del palillo, tan despacito, con tanto sentimiento y tan a compás, que Diego estaba transformando una embestida más en el mejor toreo al natural de toda la temporada en Madrid. Se fue de la cara del toro entre vítores y tras varios muletazos preciosos por bajo para poner coda a la faena, agarró un estoconazo sin puntilla impresionante. La oreja fue absoluta, hubo quien pidió la segunda, y si el toro hubiera sido capaz de aguantar una tanda más, una sola, la faena hubiera sido de dos de manera inapelable. Pero lo hecho ahí está y Madrid ha reconocido al riojano como uno de los suyos para siempre.  Todos esperábamos como agua de mayo el segundo de su lote, otro descarado animal de Saltillo. Pero se lesionó en un derrote contra el burladero y compareció un toro enorme del Puerto de San Lorenzo de seiscientos kilos y armado hasta los dientes. Fue un manso redomado que huyó siempre de los engaños y que no consintió ni un muletazo. La lidia fue una pelea constante para sujetarlo y el torero de Arnedo, que lo intentó sujetar primero en el tercio, después en el platillo y finalmente en los chiqueros, no pudo hacer otra cosa que quitárselo con solvencia. Le enjaretó una gran estocada y saludó una emotiva ovación de reconocimiento de toda la plaza. Nos habíamos quedado con hambre y muchos ya descuentan los días para su próxima comparecencia en Madrid.

o Feria de Otoño (Madrid) Toros de Adolfo Martín, bien presentados a pesar de la desigualdad de sus caras. Finos de cabos y de juego irregular. El más bravo fue el sexto y el de peor nota el mansísimo cuarto, una prenda. El primero de Urdiales, muy cornipaso, tuvo nobleza pero poco fondo. Se lidió un sobrero -el quinto bis- de El Puerto de San Lorenzo (intolerablemente manso, descastado y huidizo), que sustituyó al titular de Adolfo Martín tras lesionarse en los primeros compases de la lidia. José Ignacio Uceda Leal: Silencio y pitos. Diego Urdiales: Oreja tras aviso y ovación. Serafín Marín: Silencio y oreja. Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid). Casi lleno en tarde de agradable temperatura. Última corrida de la Feria de Otoño. Domingo, 5 de octubre de 2014.

SOL Y SOMBRA (ESPECIAL ZAPATO DE ORO DE ARNEDO 2014)

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