sábado, 28 de abril de 2018

PEPE TORRES, FLAMENCO TOTAL

Adiós a los XXII Jueves Flamencos. Parece que fue ayer y no me refiero al primer concierto de este año, con el fantástico Ezequiel Benítez; me remonto al inicio de esta andadura de más de dos décadas con José Mercé y el desparecido Moraíto chico en el Salón de Columnas como una experimentación de una aventura que a la postre ha sido inmensamente pródiga y hermosa. 22 años de camino repletos de noches para el recuerdo que han consolidado a este evento como uno de los más importantes del calendario flamenco español, merced a su apuesta inteligente y sin concesiones por lo bueno, más allá de las modas pasajeras y de los intereses creados. Y buena prueba de esta senda fue la puesta en la carretera de ‘Juncales’, un espectáculo de baile sin la más mínima pretensión comercial: cante, danza, toque y encuentro de dos mundos, Morón y Jerez, el baile más clásico y la fiesta de un cuarto. Dos familias, o tres, diversos acentos y sentimiento del bueno para todo el mundo. Pepe Torres es un bailaor suspendido en el tiempo. Alejado de cualquier atisbo de apostura. Baila como los ángeles, en hombre, como mandan los cánones del clasicismo puro y duro de los grandes nombres por los que siente devoción. No es un atleta juvenil ni apolíneo; parece más mayor y baila como los viejos, con la chaqueta en un ovillo, con las manos simples y sin agitaciones que conlleven al desvarío. Me conmueve su disciplina, su talento, su sencillez; una hondura para nada desdibujada con extraños artificios. Baila como baila el Güito, baila en un clásico compás de rajo en las caderas y de potencia infinita en su taconeo acompasado por el toque. Me alucinó su entrada con la guitarra de Morón de la Frontera. El toque de Diego del Gastor, ese pulgar que distribuye la pulsación y que arranca de la guitarra un sonido que crepita porque es único. Ahí va un guitarrista de Morón, me dije, con Diego y su sobrino Dieguito, uno de esos genios que habitan el flamenco alejado y refractario a cualquier enciclopedia. Qué maravilla esas falsetas, que cuando las conocí pensaba que se las había inventado Raimundo Amador, pero que en realidad, el gitano de Pata Negra había peregrinado a Morón a ver a los tocaores de la tierra para arrebujar su primera ‘Gerundina’ con una musicalidad que parecía heredera de Jimmy Hendrix. Hubo quien salió del Teatro Bretón si saber quién era el que había abierto el concierto a la guitarra. Pepe Torres, les respondí, aquél que hace unos años os impresionó tanto cuando actuó en el Salón de Columnas con Son de la Frontera, que para el que esto suscribe es junto al grupo de los Amador dos referencias indelebles de la experimentación flamenca. El espectáculo, el encuentro o la reunión, que de las tres formas se puede denominar ‘Juncales’ pecó un tanto de monotonía. Todo el mundo bien, sin duda, pero la repetición obsesiva de la fórmula restó brillo a la sucesión de números. Me gustó el compás de El Perla, la energía de Gema Moneo y las dos voces, que sin embargo resultaban demasiado iguales entre ellas. Mucho rajo y menos brillo.

o XXII JUEVES FLAMENCOS ‘Juncales’ Baile, toque y cante: Pepe Torres Cante: Luis Moneo y David ‘El Galli’ Toque: El Perla Bailaora invitada: Gema Moneo Compás: Miguel Téllez Última gala de los XXII Jueves Flamencos del Teatro Bretón de Logroño. Jueves, 26 de abril de 2018.

sábado, 14 de abril de 2018

INTENSIDAD Y SABIDURÍA

Miguel de Tena dejó por todo lo alto el pabellón de Extremadura en el último concierto de este ciclo que se celebra en el Salón de Columnas del Teatro Bretón. Yo ya echo de menos que de dentro de quince días no tengamos la habitual cita con el cante en tan bellísimo marco, aunque me agarro como un clavo ardiendo a la actuación del bailaor Pepe Torres del jueves 26, que por lo que me ha soplado un buen amigo viene repleta de cante, toque y danza de la buena. Pero vayamos a la actuación de Miguel de Tena, que dibujó una noche marcada por su intensidad canora desde la las toñas con las que se presentó hasta los últimos fandangos de la serie de dos tandas y la bulería de regalo sin micrófono ni amplificación. Miguel es lo que se dice un cantaor enciclopédico. Un conocedor absoluto de todos y cada uno de los mecanismos que informan el flamenco. Puro no, purísimo en su concepto e inalterable en sus formas. Un cantaor de escuela que expresa sobre el escenario un academicismo en sus registros un tanto frío pero que combina a la perfección con un repertorio que se agradece, sobre todo cuando pasea su garganta por la zona de levante, con la bellísima taranta y la potente cartagenera que fue capaz de construir sin apenas despeinarse. Antonio Patrocinio es un tocaor dotado una pulsación más que sobresaliente y es capaz de acompasar su depurada técnica al poderío de Miguel de Tena, que es un verdadero volcán sonoro. Una voz que por momentos parece frágil y delgada pero que cuando se arrebata por derecho no necesita ningún eléctrico para llegar con nitidez y fuerza al recoveco más alejado del escenario de la sala. Dios mío, qué potencia y qué manera de respirar para llegar con los tercios a lugares tan lejanos que parecían imposibles conteniendo el aliento. Continuó por soleá, de varios tercios y registros. Fue junto a la petenera los dos cantes que me parecieron más predecibles, con menos pliegues de emoción de toda la noche. Miguel a continuación hizo tientos-tangos y ligó tres estilos: los malagueños, los de Granada y los de su Extremadura. Preciosos y poderosos, a carta cabal, como era de esperar en un flamenco que hace de su fuerza y de su poderío buena parte de sus argumentos. Como ama a Vallejo, se estiró por derecho con ‘María de la O’, una canción inmortal a la que dio forma de bulería-cuplé. Fue una pieza frenética en la que Patrocinio demostró su capacidad y el buen compás de su toque. Córdobés y conocido en Logroño por sus noches con El Pele, demostró una vez más su categoría como tocaor para cantar. A partir de ese momento, la noche, ya muy cargada de emociones, se sumergió en el terreno de los fandangos, en los que Miguel de Tena bucea con una eficacia maravillosa. Los segundos los hizo son micrófono y, desde luego, no supuso ninguna ninguna cortapisa para disfrutarlos de lo lindo.

o XXII JUEVES FLAMENCOS . Cante: Miguel de Tena. Toque: Antonio Patrocinio. Salón de Columnas del Teatro Bretón de Logeoño. (Localidades agotadas). Último concierto del ciclo en este espacio. Jueves, 12 de abril de 2018. Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

jueves, 12 de abril de 2018

«Todos los cantaores buscamos nuestro estilo más personal»


El extremeño Miguel de Tena, ganador de la Lámpara Minera, cierra esta noche los conciertos flamencos del Salón de Columnas

Miguel de Tena (Ruecas; Badajoz, 1976) cierra hoy a partir las 21 horas los conciertos del Salón de Columnas de esta XXII edición de los Jueves Flamencos: «Llevo unos veinte años con la bandera del flamenco extremeño por todo el mundo, aunque no se conozca tanto fuera de nuestra tierra la expresión genuina y propia de nuestro cante». Y es que existen infinidad de variantes canoras en el flamenco extremeño: los jaleos, los fandangos de Fregenal, los tangos, la taranta de Pepe el Molinero, pero «lo más singular es que al interpretar estos cantes introducimos giros y terminaciones que tienen que ver con nuestra forma de hablar, con la manera que tenemos de pronunciar el idioma. Y pongo algún ejemplo, en vez de decir chiquitito, nosotros decimos ‘chiquinino’ y eso se traslada al cante: ‘Que vengan de dos en dos, que vengan de tres en tres, que yo tengo unas ‘alpargatinas’ que me bailan en los pies’. Estos son ‘dejillos’ de nuestra idiosincrasia a la hora de hablar cotidianamente y que tiene después su reflejo en nuestra manera de cantar».

Los grandes
Pero más allá de todo esto, la fuente en la que bebe el cante de Miguel de Tena también es la del flamenco más clásico, en nombres esenciales en la historia de este arte: Vallejo, Fosforito o Antonio Mairena: «La verdad es que me gusta tener un abanico muy extenso de referencias y de búsqueda. Desde que comencé mi andadura por el cante flamenco he perseguido el sonido de grandes cantaores a los que he escuchado muchísimo para después quedarme con lo que más me gusta y emociona. De todos aprendes y de cada uno de ellos descubres matices asombrosos que luego puedes incorporar a tu estilo. Por ejemplo, de los cantes de la época dorada del flamenco de Manuel Vallejo me quedo con sus fandangos, con sus cantes libres como la granaína o la malagueña, tan sutiles y bellos. De Antonio Mairena destaco su rotundidad al cantar por siguriyas o por soleá y de Fosforito me emocionan la caña o las alegrías».
Y una vez establecidas las bases y la estructura geométrica de los cantes, llega el momento de hacerlos propios e interiorizarlos para encontrar el eco más personal posible: «No es nada fácil. Y es curioso, todos los cantaores han hecho cantes de otros y han sonado genuinos. Antonio Mairena se iba a escuchar a determinados cantaores que le emocionaban y Camarón, mucho más cercano en el tiempo a nosotros, hacía tres cuartos de lo mismo. Luego los adaptaban a su forma y a sus maneras. Yo hago lo mismo, los escucho y después trato de aportar mi cante personal, el estilo que surge en mi interior. Cada uno tenemos nuestra voz, nuestras cuerdas vocales y unas vivencias diferentes. Es como un trabajo de recopilación y de adaptación a nuestras características personales».

Lámpara minera y caza
Miguel de Tena ganó la Lámpara Minera, precisamente una especialidad de cantes radicalmente alejados de la expresión extremeña: «Fue un reto increíble puesto que es un universo flamenco muy diferente y tuve que estudiar muchísimo. Me sirvió, me dio a conocer mucho y crecí como cantaor porque me dio la oportunidad de incorporar a mi acervo nuevos matices. Fue un verdadero orgullo ganar». Uno de los cantes que más fama le ha dado son los llamados ‘Fandangos de cacería’: «Son lances de caza. El fandango tiene la estructura de un poema y yo canto cosas como ésta: ‘Vaya liebre más bravía a la que mi perro corrió / vaya liebre más bravía / cuando al alambrado llegó / se enganchó y no podía / por eso no la mató’. Son anécdotas de una jornada de caza. Soy aficionado a la caza y mi modalidad es la caza del conejo con podenco».

La gran emoción del toque del cordobés Antonio de Patrocinio 
Antonio Luque, ‘Patrocinio’, vuelve a los Jueves Flamencos tras haber actuado en varias ocasiones con maestros de la talla de Manuel Moreno ‘El Pele’, en conciertos en los que demostró su calidad y capacidad para el toque de acompañamiento. Antonio nació en Córdoba el 20 de mayo de 1973, y desde muy pequeño viveió en un ambiente muy flamenco ya que su padre es el cantaor cordobés del Campo de la Verdad Antonio de Patrocinio. Comenzó su aprendizaje a los once años con el guitarrista Juan Muñoz ‘El Tomate’. Después pasó a la academia de Concha Calero y Merengue de Córdoba y entró a formar parte de su cuadro flamenco. Con Merengue estuvo ocho años tocando para baile y perfeccionando el acompañamiento al cante. Desde ahí dio el salto a los escenarios de toda España con ‘El Pele’. Posee una depuradísima técnica y un toque muy personal adquirido a lo largo de grandes vivencias por todo el mundo. Su guitarra es pura emoción y su talento es la muestra indudable de su privilegiada herencia. Como todos los años, el nivel de los tocaores de estos conciertos es de primerísma división y redondean la categoría de uno de los grandes ciclos flamencos de España. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

domingo, 8 de abril de 2018

LOS PELOS DE PUNTA CON ROSALÍA

Engarzá en oro y marfil, tú llevas una cruz al cuello… Así comenzó Rosalía su actuación, con esta mítica y pavorosa media granaína homenaje a su creador, Don Antonio Chacón, a la Niña de los Peines, que se moría por Don Antonio, y a Enrique Morente, que en los años setenta nos redescubrió al Papa de flamenco, su dolorosa cadencia y su talento. Los tres se asomaron en el abismo de la garganta de Rosalía, poseedora de una voz que conmueve por su carácter íntimo y recoleto, pero también profunda y arrebatada como en uno de sus gritos por soleá; una soleá como rota y deconstruida en su compás pero admirablemente bella. Pero mucho más allá de los flamencólicos de libreta que nos habitan y nos consuelan con su sabiduría, Rosalía dejó un concierto singularmente personal, en su cante, en su voz y en su puesta en escena, flamenca pero distinta, con un tinte de modernidad que la sitúa en una orilla alejada absolutamente de cualquier convencionalismo. Nada en ella es previsible, como el mirabrás eternamente chaconiano que precedió a una de las cumbres de la noche: los tangos de San Juan de la Cruz del cantar del alma ‘Aunque es de noche’, que grabó Enrique Morente en 1983. Rosalía los llevó a su terreno siendo a la vez muy fiel al compás del genio de Granada. Una belleza, los pelos de punta de este cronista. Y eso no tiene explicación. Y desde este punto trazó un giro copernicano para llevar su garganta a Antonio Molina y ‘La hija de Juan Simón’. Y desde aquí, otro salto más, a la guajira y los cantes americanos de una hermosísima cubana que constituyo otra de las cumbres del concierto. Canta con extremo gusto, con una voz que acaricia y es juguetona, ladina y que palpita con una carga de dramatismo especial pero sin llegar nunca al tremendismo. Rosalía cantó con elegancia supina los tanguillos gaditanos de Pericón y Chano. Cuando se asomó a Cádiz, bahía nada sencilla en el cante, Rosalía lo hizo también con gracia y desparpajo. Sin bailar bailó. Ceró la noche por bulerías y su Catalina del disco Los Ángeles. Una noche para el recuerdo, con el gustazo de volver a ver en Logroño al maestro Alfredo Lagos a la guitarra, que demostró tanta elegancia y maestría como la bellísima dificultad del trémolo de la media granaína del inicio del concierto. No se puede tocar mejor.

o XXII JUEVES FLAMENCOS. Cante: Rosalía. Toque: Alfredo Lagos. Salón de Columnas del Teatro Bretón. (Localidades agotadas). Viernes, 6 de abril de 2018. Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja.

viernes, 6 de abril de 2018

Una voz que acaricia la muerte

La cantaora Rosalía se presenta esta noche en el Salón de Columnas con el toque de Alfredo Lagos

El debut en Logroño de la joven barcelonesa ha levantado una gran expectación tras el éxito de 'Los Ángeles', su primer trabajo discográfico

El flamenco es una de las músicas más profundas que existen; es como si contuviese mil vidas de miles de personas, manifestó en una entrevista la cantaora Rosalía (1993, Sant Esteve Sesrovires), una voz que en apenas un año ha revolucionado el panorama flamenco. 'Los Ángeles', su primer trabajo discográfico, es una obra que gira en torno a la muerte. Cantes tradicionales y una voz que parece contenida en un sinfín de misterios. Talento flamenco, imagen pop, sonidos ancestrales y una modernidad que la hacen única. Ésta es la propuesta del primer concierto de los Jueves Flamencos en 22 años de andadura que se celebra un viernes. La cita es a las nueve de la noche y el lugar, el Salón de Columnas del Teatro Bretón, que se va a quedar muy pequeño para contener la gigantesca expectación que ha levantado la joven cantaora barcelonesa. Y por si faltara poco para redondear la cita, el toque vendrá de la mano de uno de los grandes: Alfredo Lagos. 'Los Ángeles' profundiza en cantes flamencos tradicionales transitados por artistas por los que Rosalía siente especial devoción: Rosario La Mejorana, La Niña de los Peines, Enrique Morente, Manuel Vallejo, Antonio Molina o Don Antonio Chacón. Nombres míticos que ella ha sido capaz de llevar al siglo XXI con una capacidad insólita para emocionar. Rosalía tiene 24 años y empezó hace más de una década en los escenarios, estudió flamenco en la ESMUC con Chiqui de la Línea y colaborado con artistas tan diversos como Chicuelo, Enric Palomar o La Fura dels Baus. Los aficionados han sabido de ella por haber actuado como voz invitada del guitarrista Alfredo Lagos presentando en directo su 'Punto de fuga' en la Biënnale Países Bajos 2017 o en el espectáculo 'JRT sobre Julio Romero de Torres' de Úrsula López, Tamara López y Leonor Leal en el Festival de Jerez 2016. Silvia Calado Olivo escribe de Rosalía que «su principal diferencia es su propia voz. Tanto por timbre, como por uso. Los espejos más cercanos están en Rocío Márquez y, más aún, Silvia Pérez Cruz. A ambas -y no es casual- las ha producido Raúl Refree. Como a Rosalía. Por lo visto, se conocieron haciendo el tema 'I see a darkness' de Bonnie Prince Billy -cierre del disco 'Los Ángeles'- y se comprendieron en un concierto a dúo en la sala barcelonesa Heliogàbal. Dicen que su disco surgió de una pausada y común escucha de lo flamenco, pero también de Kendrick Lamar, Kanye West, Oneohtrix Point Never, Sufjan Stevens y otras diversidades musicales.

La genial maestría del tocaor jerezano Alfredo Lagos. Alfredo Lagos es uno de los grandes del toque flamenco. Es y ha sido acompañante habitual de cantaores como Miguel Poveda, Arcángel, Rocío Márquez, Argentina, David Lagos, Diego Carrasco, Enrique o Estrella Morente. Su actuación en Logroño con Fernando Terremoto e Israel Galván en la Edad de Oro todavía resuena en el corazón de los aficionados por su genial maestría. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

martes, 27 de marzo de 2018

lunes, 26 de marzo de 2018

LA LONGITUD DEL TOREO

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