viernes, 19 de enero de 2018

MARAGALL, SU SENIL SEÑORÍA

Este país será siempre nuestro, espetó el diputado más viejo de Parlamento de Cataluña en sus cinco minutos de gloria como presidente de la Mesa de Edad de la cámara autonómica. Ernest Maragall, de ERC, hermano de Pascual, ex consejero socialista de Educación en la época del funesto tripartito de José Montilla y, cómo no, funcionario a dedo del último alcalde franquista de Barcelona. Maragall ‘el viejo’ haciendo de la indignidad su última impostura: el discurso del odio hacia todo aquel que no se digne a pensar como como su senil señoría barrunta, a la vez que trata con inusitado desprecio y amargura a un diputado popular al que confundió su apellido de Martínez por Rodríguez. ¡Qué diablos más da si ambos son la misma cosa maketa! Ernest Maragall, con traje gris, camisa azul clarita (el azul mahón ya no se lleva, aunque lo tenga impreso en el alma) como la más pura expresión de la Cataluña que se inmola a sí misma. Los tópicos de siempre: «España no sabe ganar, sabe derrotar, solo sabe imponer, humillar y castigar». Las falacias que nunca faltan: «Los prisioneros políticos y el gobierno en el exilio». Todo en Maragall suena a viejo, a mente calcinada por su propia desesperanza y afán de supervivencia en lo público, esfera del Estado en el que ha encontrado acomodo desde mucho antes de la muerte de Franco hasta estos funerales de la Democracia que ofician sin descanso desde el violado Parlament. «Este país será siempre nuestro», escupe Maragall con la tinta negra que aún queda en sus uñas de su etapa de funcionario franquista a dedo del alcalde Porcioles, otro viejo que se columpió desde la Lliga Catalana hasta los más altos despachos de la dictadura. # Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

jueves, 18 de enero de 2018

«Al musicalizar poetas como Miguel Hernández corres un enorme riesgo»

Carmen Linares abre esta noche (21 h.) los XXII Jueves Flamencos del Bretón con el toque de Salvador Gutiérrez y la danza de Vanesa Aibar

Regresa Carmen Linares a Logroño para abrir los Jueves Flamencos con el toque de Salvador Gutiérrez, la bailaoraVanesa Aibar, y los ecos de su último disco ‘Verso a Verso’, su homenaje a Miguel Hernández, uno de esos poemas por los que la cantaora siente en sus proipias palabras «una devoción especial e inagotable».
-¿Cómo va a ser el recital de esta noche?
-En primer lugar tengo que decir que regreso con enorme ilusión a Logroño y a este ciclo, que me parece una verdadera maravilla por el nivel y la seriedad de cada programación anual. Para este concierto voy a realizar una selección de temas porque además de presentar mi último disco ‘Verso a verso’ (un homenaje al poeta Miguel Hernández), voy a hacer un programa en el que hay otras muchas cosas más porque sé que el cante tradicional gusta mucho en esta ciudad. Además, viene con nosotros una bailaora extraordinaria, Vanesa Aibar.
-Resulta complicado escuchar a una cantaora joven que no la tome a usted como referencia personal y artística. ¿Le halaga?
-Como artista siento un orgullo muy profundo y además me da fuerza para seguir porque me doy cuenta de que muchos ojos están puestos sobre las cosas que hago. Yo he intentado siempre ser coherente con mi trabajo, con lo que hago y siento. La clave es ser fiel a mi misma y no engañarme. Siempre he tratado de que no se me fuera la cabeza y hacer cada cosa con los pies en el suelo. Además, cuando una persona lleva dentro su profesión y realiza las cosas con cariño y respeto cada paso es muy medido. Incluso así te puedes equivocar, pero también puedes extraer conclusiones positivas, aprender en todo caso.
-Enrique Morente decía que él iba abriendo puertas y que unas daban a sitios más hermosos que otros…
-Hay que buscar las cosas para encontrarlas. Enrique era magnífico en eso y su carrera siempre estuvo marcada por el riesgo y la coherencia. Cuando indagas y encuentras un camino que uno siente como real y que está dentro de la coherencia y la calidad que tiene el flamenco te das cuenta que como artista te enriquece al máximo.
-¿Le pasó eso con su ‘Locura de brisa y trino’?
-Es una obra esencial mi vida. Me sentí una verdadera privilegiada al saber que Manolo Sanlúcar compuso todo ese trabajo para mi voz. Quizás no tengamos la perspectiva temporal suficiente, pero ‘Locura de brisa y trino’ es un disco que dio un paso de gigante en la musicalización del flamenco. Manolo es un guitarrista y un músico excepcional.
-Su antología de la mujer en el cante está considerada como una de las obras fundamentales del flamenco contemporáneo…
-Llamó mucho la atención por muchas cosas, pero también por rescatar y colocar en una obra una buena parte de lo que habían hecho las mujeres en el flamenco. Logré reunir muchos cantes antiguos y el eco de muchas cantaoras de un carácter excepcional y muchas veces completamente desconocido para el gran público. Lo hice desde la admiración a todas aquellas artistas y, desde luego, aportando mi personalidad a cada uno de los cantes. No tenía sentido repetir su obra, tenía que hacerlos míos y dotarlos de mi propio acento. Todo siempre con el máximo respeto y devoción por todas aquellas mujeres tan excepcionales.
-¿Cree que hubo un antes y un después de su carrera tras la publicación del disco?
-Sin duda, me consolidó como artista y fue definitivo para consolidar mi trayectoria.
-¿No se corre mucho riesgo al poner música a poemas tan perfectos en sí mismos como los de Miguel Hernández o Federico García Lorca?
-El riesgo es gigantesco porque estar a la altura de esos poemas es muy complicado. En este último disco, por ejemplo en el poema de las vendimiadoras hay una parte primera obra de Luis Pastor que son como unos tanguillos y la segunda, al leerla, yo la imaginé por cantiñas. El resultado para que quede redondo ha de contar con la enorme musicalidad del poema y el carácter del propio cante. Yo me pongo al servicio absoluto de una obra que ya está terminada, que es perfecta en sí misma. Cuando intentas meter un poema con calzador en un cante eso no funciona. Por eso es necesario hacer una música específica para este tipo de letras. De ahí su enorme dificultad. En ‘Raíces y Alas’, con poemas de Juan Ramón Jiménez, tuve la gran fortuna de contar con la composición de Juan Carlos Romero, que es un gran compositor que además tiene especial devoción por la poesía. En ‘Verso a verso’, en el que yo he hecho la música de muchos temas, me he dado cuenta que había letras que le iban perfectamente a la bambera, a la soleá, a la bulerías por soleá.
-¿Cómo es el proceso? ¿Lee el poema y le aparece la métrica y el ritmo de cada uno de los palos?
-Voy leyendo y vas sintiendo la música. En Andaluces de Jaén me sugería una petenera porque el poema tiene un carácter y un sentimiento muy especial. Y queda redondo. En el disco, además, tengo la fortuna de que me acompañen artistas tan grandes como Arcángel, Silvia Pérez Cruz o la Casida del sediento, con la música de Luis Pastor. La realidad es que nos hemos puesto al servicio total de la poesía y eso es lo que hace que ‘Verso a verso’ funcione.
-También pasea ahora su voz por el jazz con Jorge Pardo…
-Bueno, yo no sé si hago jazz, pero trabajar con él siempre es algo extraordinario. Las cosas que hace son increíbles y ha demostrado que los caminos para llegar al flamenco son infinitos. Lo he admirado siempre, pero coincidí con él en un concierto benéfico, le escuché tocar una taranta como si fuera un cantaor y me quedé realmente asombrada. Yo hice una cartaginesa y hubo una conexión musical impresionante. A raíz de eso hemos colaborado mucho más y he disfrutado muchísimo. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

MELODIOSO POVEDA

Miguel Poveda se dejó el alma en Logroño ante un Riojafórum que prácticamente completó su aforo para recibir a un artista que en La Rioja cuenta con infinidad de seguidores y fieles que se identifican milimétricamente con todo lo que desarrolla como artista, aunque en su evolución canora se perciban matices nuevos y distintos en cada una de sus indagaciones estilísticas, unas más acertadas y otras menos. Miguel domina el escenario como pocos. En su trayectoria musical ha sabido desfilar por el filo de la navaja prácticamente desde que saltó a los medios con su prodigiosa intervención y victoria en el festival del Cante de las Minas. Su aparición en el largometraje de Bigas ‘La teta y la luna’ lo colocó en la rampa de un conocimiento social y artístico envidiable y su paso por Actual en 1994 tiene caracteres de legendario porque ofreció un concierto inolvidable en el que ya esgrimió buena parte de unas dotes musicales que lo han convertido en uno de los flamencos contemporáneos por excelencia, en una especie de faro para muchos jóvenes. Es un referente, un tipo que tuvo el coraje de grabar a principios de la pasada década un disco en catalán titulado ‘Desglac’ (Deshielo, en español) en el que Miguel se paseó por la lírica de poetas catalanes tan maravillosos como el mossèn Jacinto Verdaguer, Joan Brossa, Narcís Comandira o Gabriel Ferrater, entre muchos otros. Aquel trabajo salió un año después de otra obra sumamente arriesgada como fueron los Poemas del exilio, de Rafael Alberti; un disco en el que ya había demostrado su pasión y su vocación poética, un perfil en el que no ha parado de ahondar y buscar desde aquellos años. Poveda habitó sus primeros territorios no estrictamente flamencos con aquellas indagaciones líricas; después, en 2009, lanzó otro disco crucial en su carrera: ‘Coplas del Querer’, en el que se lanzó a tumba abierta a la copla otorgando a este estilo un lenguaje muy personal en el que con su pianista de cabecera Joan Albert Amargós logró una simbiosis estilística y musical que ha marcado su estilo de una manera absoluta y total en los últimos años. En el concierto del domingo hubo dos partes bien diferenciadas: la primera absolutamente lorquiana con varios temas del nuevo disco que aparecerá en unos meses y la mollar del concierto con acusado acento flamenco. Poveda transita de la canción melódica con diferentes arreglos melódicos hasta convertir la Leyenda del Tiempo en una especie de himno coreado. Me gustó por soleá, que compartió en varios tercios con el Londro, un cantaor de voz profunda y noble. El concierto no pasó de discreto en cuanto al nivel de interpretación y cante, pero sería injusto no reconocer la máxima entrega de un artista de primerísimo nivel.

Concierto en Riojafórum
Solista: Miguel Poveda. Banda: Jesús Guerrero a la guitarra; Antonio Coronel a la batería; Paquito González a la percusión; Miguel Ángel Soto Peña ’Londro’, Carlos Grillo y Dani Bonilla, en las palmas y los coros y Joan Albert Amargós en el piano y la dirección musical. Lugar: Riojafórum (prácticamente lleno). Domingo, 14 de enero de 2018. Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

domingo, 14 de enero de 2018

Miguel Poveda: «Cataluña siempre ha sido un lugar maravilloso y abierto al mundo»

El cantaor badalonés Miguel Poveda actúa hoy en Riojafórum (20 horas) en un concierto que vendrá cargado de mucho flamenco 

 «Soy un artista insaciable, necesito sentirme vivo y me siento enemigo número uno de la monotonía», explica Miguel Poveda, que esta noche (a partir de las 20 horas en Riojafórum) vuelve a Logroño ante una de las aficiones que más le han arropado y respetado en su carrera artística.
 -Miguel, ya tiene usted la friolera de más de diez discos en el mercado, 30 años en la carretera y vuelve a La Rioja en un estado de madurez impresionante tras debutar a principios de los noventa en Actual con aquel maravilloso concierto en el Salón de Columnas.... ¿Cuántas cosas han cambiado?
-Muchas, indudablemente, la conciencia que tengo ahora y el compromiso tan firme no lo tenía entonces, en aquel Actual del 94 tenía ilusión, felicidad por cantar fuera de mis circuitos habituales, pero no tenía conocimiento de lo duro que ha sido a veces el camino y de lo que significa la responsabilidad de tener un lugar de privilegio en la música.
-En Logroño ha vivido recitales y conciertos memorables. ¿Cómo ha sentido la afición de La Rioja?
-Como la respiro en todo el norte de España porque es un público que me encanta. Aficionados al cante de toda la vida que tienen un respeto y elegancia en el comportamiento que hace crear magia en el teatro, al igual que las personas que se acercan sin prejuicios a escucharme con atención desde la curiosidad y el respeto.
-¿Qué supone cómo artista vivir cada día una evolución tan poderosa como la suya?
-Yo soy un artista insaciable, necesito sentirme vivo y soy enemigo número uno de la monotonía, me fascina descubrir rincones nuevos cada momento en la música, la vida y el arte en general; me exijo mucho y eso hace que me encuentre en constante crecimiento aunque en ese camino me equivoco muchas veces.
-¿Se siente referencia del flamenco contemporáneo?
-No me siento nada ni me gustan las etiquetas. Sólo soy un hombre que canta lo que siente y lo que necesita contar. La conexión y comunicación con el público es mi droga, ahondar en el alma de todos los que allí nos hemos congregado para intentar construir caminos de belleza y emoción a través del cante o la poesía.
-¿Cree que con la fuerza musical que tiene el flamenco en el mundo se le presta el sitio que merece en los medios de comunicación, especialmente en los públicos?
-Rotundamente no, siempre denunciaré la falta de interés y de ética para tratar nuestra música más rica y universal, los medios públicos tienen un deber con el arte y el flamenco es un arte superior
-¿Sigue existiendo algún tipo de complejo hacia el flamenco?
-Por parte del público no. Gente de todas las edades, geografías y condiciones sociales ya acude sin complejos ni prejuicios a los eventos de flamenco, tanto de baile, guitarra o cante. Quizás lo tienen algunos políticos o responsables de darle difusión o igual es que es el mismo desinterés total y absoluto por el arte en general
-¿Se considera más que cantaor flamenco ya que se ha trasladado a otras muchas músicas casi desde los inicios de su carrera?
-Soy un artista que su motor es la música en general, expresar, contar historias, yo las siento de igual manera cantando a Quevedo o los cantes mineros...
-¿Se arrepiente de algo que no le haya satisfecho como artista?
-Por supuesto, me arrepiento de muchas cosas, pero forma parte del camino, lo más terrible no es tropezar, es hacerlo repetidas veces con la misma piedra, ahí empieza lo imperdonable para mi.
-¿Como badalonés y catalán, cómo vive todo lo que está sucediendo en Cataluña?
-Con tristeza, asombro y muchas preguntas que me hago sobre el ser humano. Mi tierra siempre ha sido un lugar maravilloso, abierto al mundo, con una cultura admirable y así debe seguir siendo, con carácter de convivencia y respeto.
-El concierto de Logroño se plantea como en tres partes: poemas, flamenco clásico y canción andaluza. ¿No supone para usted un esfuerzo titánico transitar por tres almas tan exigentes?
-Todo esto ya forma parte de mi esencia. En el cante igualmente pasas de la tragedia a la alegría en cinco minutos. En esta ocasión solo haré dos partes y la de flamenco será la más extensa.

«Me cautiva, obsesiona y enamora Federico»
Miguel Poveda está en la recta final de su último trabajo discográfico: «Me encuentro en la recta final de este trabajo que se llama 'EnLorquecido' y que tenemos intención de sacar entre mayo y junio de este año. Además, irá acompañado de otro disco con el que celebro mis treinta años en la música y que recoge algunos de los cantes más tradicionales, además del de Federico García Lorca». El cantaor barcelonés, que incluso tiene grabados discos en catalán y que ha coqueteado con otros mundos artísticos como el cine (grabó con Bigas Luna el largometraje 'La teta y la luna') siente una especial querencia hacia la figura del poeta granadino Federico García Lorca: «Me cautiva, obsesiona y enamora Federico; es algo muy profundo lo que siento con su literatura». Miguel Poveda, además, reconoce que tiene muy presente el recuerdo de Enrique Morente, un artista hacia el que siempre ha demostrado una admiración por su capacidad creativa y su talento personal. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

LOS QUE TIENEN ARTE

Foto: Lorena Muñoz Limón
Tiene Ezequiel Benítez algo de niño de revoltoso en su mirada cristalina. Lo tiene también cantando las bulerías del Chaqueta en su imponente versión de la inmortal María Dolores; y por alegrías gaditanas, tamizadas por el resol de las tardes jerezanas de esa tierra de nácar que le llaman albariza. Hay algo conmovedor en su cante y cuando le pidieron la siguiriya –yo no me atreví– se retó a sí mismo con el eco de su barrio de Santiago para dibujar un cante flamenquísimo, dotado de un nervio y un compás inimitable. Ezequiel Benítez, cantaor polisémico, abierto a cal y canto, abandonada toda impostura, conoce el flamenco al puro dedillo y destiló su garganta en uno de esos cantes cruciales con los que un artista es capaz de marcar su territorio. No por fandangos; no. Se asomó a la siguiriya sin anestesia, doliente, crujiente y dolida. Hubo caramelo en los tercios más profundos y escarcha de las nubes cuando se tiraba por todo lo alto mecido por el toque de Juan León, un jovencísimo guitarrista del Puerto de Santa María que afila los dedos para sonar muy puro y muy nuevo a la vez. Es lo que tiene los que tienen arte. Ezequiel con su voz melismática y un punto metafísica y Juan León, con varias falsetas de sutilísima belleza, desapegado por completo a cualquier barroquismo o de comprender el toque como un mero ejercicio de estilo o puro refinamiento. Juan sostuvo el cante de Ezequiel desde los tientos iniciales o una soleá algo más plana de lo que el resto del repertorio deparó. Pero las cumbres llegaron por la bulería deletreada que era una especie de laberinto silábico complejo como una ecuación de grado decimonono. Y explosionó el jerezano con ese compás que parece imposible por improbable, inalcanzable por perfecto y único como el oloroso o el palo cortado. Cante que sabía a vino de Ontañón y a su mítica colección de pinturas y esculturas de Miguel Ángel Sáinz, que asistieron con asombro al particular evento. Flamenco en las bodegas, los taninos como locos con el compás inmemorial de los que saben cantar y los grandes aficionados a escuchar las delicias que fueron deparando Ezequiel y su banda, como los fandangos del escopetón, tan revoltosos como de mente ligera. Hay cantaor en Ezequiel, con prestancia de Buda del flamenco, con su voz filamentosa y la barba rubia acariciando la cara como una ensoñación con el dios Baco detrás contemplando el asombro del cante bueno que es capaz de transportarnos en un segundo de la pena más honda a la alegría más irreverente del ancho mundo. Es lo que tiene el cante, que nunca sabe uno lo que el destino le va a deparar.

o XXII JUEVES FLAMENCOS DEL TEATRO BRETÓN.  Cante: Ezequiel Benítez. Toque: Paco León. Compás: Miguel Téllez y Noé Barroso. Primer concierto del ciclo (fuera de abono). Celebrado en Bodegas Ontañón de Logroño (lleno). Jueves, 11 de enero de 2018. Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

jueves, 11 de enero de 2018

«Busco cada día saltar más hacia ese abismo interior del yo auténtico»

Ezequiel Benítez, con el toque de Paco León, abre hoy (20,30 h.) los XXII Jueves Flamencos en Bodegas Ontañón 

Ezequiel Benítez (Jerez de la Frontera, 1979) tiene en el cante la gran pasión de su vida y explica que el flamenco, más que cantarlo, hay que decirlo: «Cuando yo le digo a alguien que le quiero no se lo digo cantando. No musicalizo demasiado ese te quiero para no alargar las sílabas y que no llegue un momento en el que no te acuerdas si te ha dicho te o te ha dicho quiero. Y yo como cantaor de Jerez soy más de llegar al corazón en un momento, de que te aborde la historia cuanto antes. Ésta es mi forma de cantar. Yo reconozco que hay gente que le gusta más el lirismo. Y me parece perfecto, pero ésta es mi forma de sentir y nunca voy a renunciar». Así explica su concepto Ezequiel Benítez, esencia pura del jerezano barrio De Santiago, que esta noche a partir de las 20,30 horas abrirá en Bodegas Ontañón la XXII edición de los Jueves Flamencos.
-¿Se siente más feliz en esta orilla del cante?
-Tengo las dos almas, pero defiendo esta parte que cada vez se hace menos, porque aunque pueda parecer extraño al ser como la más corta, la realidad es que es mucho más compleja.
-¿Cómo fueron sus inicios en el cante?
-Yo nací en una familia de absoluto aliento flamenco y cantaor; aunque de manera profesional solo cuento con un tío mío que hizo vida en Barcelona. Mi padre es un gran estudioso del flamenco que ha dedicado buena parte de sus vida a este arte y que ha estado detrás de muchos artistas. Ésa ha sido una gran suerte para mi porque lo he tenido desde niño en mi casa. En ese sustrato me di cuenta de que quería ser flamenco y por mi cuenta me iba a los sitios a cantar. Mi padre comprobó que mi afición era verdadera y comenzó a ayudarme y enseñarme durante varios años de aprendizaje y concursos.
-¿Marca tanto en la forma de expresarse como cantaor el hecho de nacer y desarrollarse en Jerez?
-Puede ser, pero yo siempre digo que mi meta es encontrarme cada vez más a mí mismo y eso supone hallar al cantaor más natural posible; quiero cada día saltar más hacia el abismo y ser capaz de descubrir en mi interior cosas nuevas sin tener prejuicios sobre el qué dirán. En el flamenco te puedes encontrar con sensaciones realmente cuando te olvidas de todo lo demás. Es decir, que salga el alma, el yo verdadero que está dentro.
-Parece una empresa difícil, casi imposible, porque muchas veces de la sensación de que se buscan cantaores que recuerden voces del pasado. Cuando se dice: éste canta por ‘El Borrico’, por Sordera....
-Siempre he tratado de ser yo mismo. Una de las cosas que más me gustan es cuando me dicen que Ezequiel no se parece a nadie. Creo que eso no se aprende, eso es una cosa que la llevas impresa en tus genes desde el nacimiento. En mi caso yo le doy las gracias a Dios todos los días porque es muy hermoso que alguien escuche tu cante y sepa que eres tú. Eso no quiere decir que no haya aprendido de otros, todo lo contrario, hay cantaores que me entusiasman como Tío Borrico, Manuel Torre y tantos otros.
-¿Escucha más allá de Jerez e incluso más allá del flamenco?
-Me gusta mucho la música cubana, el pop, la clásica. Para un artista es una suerte vivir en una época repleto de medios para escuchar otras músicas. Y ahora, que están muy cerquita ya, todo lo que tenga que ver con los carnavales de Cádiz.
-¿Qué es lo que cree que define la forma de hacer el cante de Jerez?
-Lo escuchas y lo sabes. Quizás sea ese deje que tenemos a la hora de pronunciar, pero es muy enriquecedor que cada ciudad y cada pueblo de la geografía del cante flamenco tenga su propio sello.
-¿Esa técnica que se materializa en una forma de cantar determinada está por encima de lo que a uno le sale de dentro?
-La técnica no la sentimos. Está ahí, pero surge. Tu aprendes de escuchar a uno y a otro. Como que se traslada y la adaptas a tus propias cualidades. El ensayo para hacer una escala de una forma determinada no existe en el flamenco. En el cante uno cuenta su causa y yo tengo mi causa y la cuento. El noventa por ciento de lo que canto son letras compuestas por mi padre o por mí mismo. No me gusta echarle cuentas a la técnica, porque acaba saliendo sola de tanto cantar, escuchar y prepararte. Dios te da unas cualidades y si tú las trabajas acabarás cantando mucho mejor. Yo soy un cantaor que se ha encerrado muchos años en el cuarto pero no por buscar la técnica, sino por el amor que siento hacia el cante. He llegado a ensayar hasta nueve horas diarias sin sacrificio. Y lo que está claro es que siento que soy capaz de hacer cosas con la garganta imposibles de conseguir si no hubiera trabajado tanto. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

martes, 5 de diciembre de 2017

Carmen Linares, El Pele, José de la Tomasa y Rosalía, atractivos de los Jueves Flamencos 2018

El ciclo llega a su XXII edición, amplía su oferta a las nueve galas y comenzará el 11 de enero en Ontañón con Ezequiel Benítez

La XXII edición de los Jueves Flamencos, que se presentó ayer en el mismísimo escenario del Teatro Bretón, vendrá cargadísima tanto de novedades como de interés para los aficionados, ya que además de crecer en una actuación hasta llegar a la friolera de nueve conciertos (el primero en Bodegas Ontañón el 11 de enero), cuatro en el Salón de Columnas y el resto en la sala grande, ahonda en la búsqueda de nuevos valores y en la presencia de tres nombres consagradísimos: Carmen Linares, José de la Tomasa y ‘El Pele’, tres veteranos del abono que representan los pilares esenciales de un ciclo con dos galas de danza (Rafaela Carrasco y Pepe Torres) y la apuesta decidida por jóvenes y renovadoras voces de lo jondo: Ezequiel Benítez, María Mezcle, Miguel de Tena y especialmente Rosalía, una catalana ecléctica y sorprendente que transita con su voz por espacios inesperadamente flamencos y contemporáneos. Vuelve a Logroño la dama del cante flamenco, Carmen Linares, que llevaba desde el 2011 sin acercarse por La Rioja. Y lo hará además con el espectáculo ‘Verso a verso’, un trabajo musical basado en Miguel Hernández. Uno de sus mejores discos fue ‘Locura de brisa y trino’, con la inspiración en Juan Ramón Jiménez y la guitarra de Manolo Sanlúcar. Carmen Linares actuará con el toque de Salvador Gutiérrez, que el año pasado vino con Mayte Martín. Otro de los grandes nombres es José de la Tomasa, otro cantaor piedra angular del clasicismo. El de la Tomasa ha estado varias veces en Logroño y todas sus actuaciones han sido verdaderos prodigios de conocimiento y sabiduría. Viene con Manolo Franco al toque y con la voz de Segundo Falcón, dos maestros de primerísima fila.

El trío de las voces consagradas lo cerrará ‘El Pele’. Manuel Moreno Maya nació en Córdoba en enero de 1954 en el seno de una familia gitana por los cuatro costados. A través de ella le llegaron los primeros impulsos flamencos, las primeras semillas jondas que habrían de germinar en su corazón gitano y musical. Un día veraniego del año 1990, David Bowie escuchó un disco suyo. Tan impresionado quedó por su arte, que decidió llevarlo para que abriera sus conciertos. Así lo hizo en Madrid y en Barcelona. Antes había sido Prince el que se había quedado fascinado por el arte gitano y jondo de este cordobés que no dejará a nadie indiferente. Una de las voces más esperadas será la de Rosalía (Sant Esteve Sesrovires, 1991), una barcelonesa insultantemente joven que a la que llaman la Patti Smith del flamenco por la forma tan personal de deshacer y rehacer los palos. Rosalía es perfectamente conocedora de la tradición, pero con actitud contemporánea y gran dedicación al estudio del cante. Su voz emociona tanto en los planos finos como en los momentos en que saca a pasear a la bestia que lleva dentro. Puede causar conmoción en el Salón de Columnas, donde actuará con un guitarrista sencillamente extraordinario: Alfredo Lagos. Las voces jóvenes las cierran María Mezcle (descendiente de María Vargas), el extremeño Miguel de Tena y Ezquiel Benítez, que estrenará el ciclo en Bodegas Ontañón. La danza tendrá dos capítulos: Rafaela Carrasco con su compañía con una obra llamada ‘Nacida sombra’, que versa sobre las mujeres del Siglo de Oro, y Pepe Torres, en un aire más clásico, que cerrará el ciclo el 26 de abril con una obra donde impera la danza pero en el que la guitarra de El Perla tendrá una grandísima importancia.

Click para acceder a toda la información del ciclo

domingo, 3 de diciembre de 2017

El CENTENARIO DE MANOLETE Y SU ÚLTIMA TARDE EN PAMPLONA

El califa cordobés cortó los máximos trofeos el 10 de julio de 1947 en una legendaria corrida de Urquijo en la que el toro Semillero había matado dos mozos navarros en el encierro


Pablo García-Mancha. Pamplona (*)
La mañana del diez de julio de 1947 Pamplona amaneció sombría, aunque casi nadie era consciente del negro nubarrón que estaba a punto de cernirse sobre el encierro minutos después de las siete de la mañana.


Era uno de los días grandes y más esperados de San Fermín: Manuel Rodríguez Manolete, el Monstruo, toreaba por la tarde y la ciudad hervía al compás de un acontecimiento que se presagiaba extraordinario, como si ahora, setenta años después, el misterioso José Tomás decidiera hacer el paseíllo en la Feria del Toro. Los precios de las entradas se habían desbocado; barreras a trescientas pesetas, tendidos de sol a más de treinta y se había desatado una verdadera locura en la reventa, donde algunos relatos periodísticos especulaban con que se llegó a pagar la friolera de 1.600 pesetas por localidades bajas de los tendidos de sombra, especialmente los más próximos al burladero porque eran los mejores para contemplar lo más cerca posible la ascética figura del torero de Córdoba, el Califa, el ser humano más idolatrado de la gris España de la posguerra. Era la cuarta corrida de la feria, la única de Manolete en San Fermín, y con él habían arribado a Pamplona fieles seguidores llegados de toda la geografía taurina mundial: Francia, Portugal y muchos países del otro lado del Atlántico, especialmente de México y Norteamérica, donde lo idolatraban como una especie de mesías. Manolete había debutado en San Fermín siete años antes, en las fiestas de 1940; con un fracaso más que sonado en la primera de sus corridas pero con cinco orejas y un rabo en 1943, el año de su último paseíllo en la Monumental, puesto que un accidente de coche y una cornada le impidieron regresar en 1944 y 1945. Quizás, como se había hecho tanto de rogar, Pamplona hervía, las calles eran un hormiguero, un interminable devenir de aficionados, viajeros, reventas y también carteristas que se apostaban en cualquier esquina para mercar algún torvo apaño y llevarse algo a los bolsillos. La leyenda de Manolete navegaba en una España con las heridas todavía muy abiertas de la Guerra Civil, la España del piojo verde, de las cartillas de racionamiento y de los costurones del hambre. Y Manolete parecía, acaso, el único disolvente para enjuagar tantas penurias.

Lupe Sino besa a Manolete
El torero cordobés llegó a Pamplona con apenas treinta años recién cumplidos en la que sin sospecharlo era la última temporada de su vida. Era un héroe pero ya estaba cansado de serlo. Se sabía derrotado y aburrido de la presión que el sistema taurino y la propaganda franquista imponían en su carrera como una losa: "Estoy deseando tener un momento libre. Esta profesión lo absorbe todo", le confesó apenas un mes después al periodista Ricardo García K-Hito la misma mañana de su cogida fatal de Linares el 28 de agosto de 1947. La existencia de Manolete era un sinvivir, estaba enamorado de Lupe Sino, una actriz de discreto relumbrón con la que convivía sin matrimonio de por medio soportando despiadadas habladurías sobre su pasado, ya que se había casado en la Guerra Civil con un comandante llamado Antonio Verardini, jefe el Estado Mayor del IV Ejercito Republicano y habían ejercido como testigos en la boda dos de los altos oficiales más importantes del Ejército Rojo: el general José Miaja y el legendario coronel Cipriano Vera. El califa cordobés había conocido a Lupe en la famosa taberna de la madrileña Gran Vía de Perico Chicote (el histórico barman del Hotel Ritz) y vivieron juntos desde 1944 a pesar de la negativa del entorno del torero, de su madre doña Angustias y del Estado franquista, que no podía soportar que el primer héroe de la nueva España anduviera a hurtadillas y sin pasar por la vicaría con una mujer a la que se le acusaba de libertina, cazafortunas y de ideas izquierdistas. Manolete no se decidía a contraer matrimonio con Lupe por las presiones familiares y los más cercanos al torero desconfiaban de la actriz, a la que sólo soportaban porque para Manuel era lo más importante de su vida, el remanso de su batalla cotidiana con el toreo y la fama. Manolete era el gran héroe de la sociedad española de posguerra, "un hombre entre vencidos", tal y como describió Francisco Umbral la personalidad de un torero que ya era mito mucho antes de morir. Y eso, a pesar de la sombría influencia de los comisarios del régimen, que se apostaban a su lado para no pervertir la imagen del espigado diestro como el más claro ejemplo de la hidalguía española.

Antonio Jaén Morente y Manolete
Pero Manolete no tuvo reparo alguno en encontrarse en México DF con el exministro republicano Indalecio Prieto y otros representantes de la España peregrina, como llama José Bergamín a los exiliados. Los periódicos españoles, en su totalidad afines al régimen, publicaron la especie de que se había negado a torear en la plaza de México porque ondeaba una bandera republicana cuando la realidad es que en el DF no se colocaba ni se coloca enseña alguna en el coso. Manolete, que era admirado con locura en tierras aztecas y que por él se construyó el recinto taurino más grande del mundo, sentía curiosidad por la vida y las andanzas de los muchos españoles exiliados como consecuencia de la derrota republicana en Guerra Civil. "De español a español", rubricó Manolete la foto que le dedicó al viejo socialista y ministro de la II República Indalecio Prieto, que por su parte dijo del diestro cordobés que "después de Cortés era el español más importante que había venido a México". A Manolete no le interesaba demasiado la política, pero tampoco tuvo reparos en acudir a la embajada de Ecuador en México al homenaje que se tributó al diputado republicano cordobés Antonio Jaén Morente, declarado nada más y nada menos como hijo maldito de la ciudad por el Ayuntamiento franquista de Córdoba. Manolete era feliz en América, donde de la mano de Barnaby Conrad y Mario Moreno Cantinflas podía codearse con otro mundo muy distinto al de la España sumida en una posguerra interminable. Alternaba con actores de Hollywood, escritores que veneraban su leyenda o el mismísimo boxeador Joe Luis -el mítico Bombardero de Detroit-, que se llevó una enorme desilusión al tocar los bíceps de Manolete: "Exclamó puaf con desolación, por lo visto creía que se mataban a los toros a puñetazos", relató alborozado el propio diestro en una entrevista.

Manolete tenía muy claro que la de 1947 iba a ser su última temporada en activo; el año anterior sólo había hecho un paseíllo en todo el año y había sido en Madrid el 19 de septiembre, en la legendaria Corrida de la Beneficencia, en la que actuaron el rejoneador Álvaro Domecq y los espadas Gitanillo de Triana, Bienvenida, Manolete y Luis Miguel Dominguín, que se coló en la corrida pagando sus toros y ofreciendo un donativo de cien mil pesetas. Luis Miguel era ya la gran alternativa al poder de Manolete, aunque al cordobés cada vez le importaba menos el cetro del toreo. El peso de la púrpura le resultaba ya insoportable. Uno de los principales cronistas del momento, Gregorio Corrochano, no le perdonaba que decidiera tomarse un respiro y que fuera a los toros como espectador: "Gitanillo de Triana brindó un toro a Manolete, que estaba en un tendido. Desde lejos no se veía bien si brindaba a un torero o a un banquero (...) En Manolete, por lo visto, la profesión anuló a la vocación", dejó escrito en una agria crónica letal para los intereses de Manolete. Una buena parte de la profesión periodística le acusaba de los grandes males de toreo, del afeitado y de torear toros demasiado pequeños. Su supremacía en lo alto del escalafón desde el final de la Guerra Civil le pasó tal factura que su último año en los ruedos fue un suplicio en todos los sentidos, en lo profesional con una temporada llena de contratos que a regañadientes se veía impelido a cumplir y en lo personal, con un entorno que no soportaba que viviera con su amor Lupe Sino. José Flores Camará, su apoderado de siempre, le advertía de que no se cuidaba, y Rafael el Pipo, uno de sus primeros propagandistas, denunció años después en un libro delirante titulado ‘Así fue... El Pipo, Manolete, El Cordobés’, que el torero de Córdoba consumía cocaína y anfetaminas, aunque lo que más tomaba era White Label e infinidad de cajetillas de Philip Morris, su tabaco preferido. Manolete llegó a Pamplona a bordo de su flamante y legendario Buick, acompañado por Camará y con Guillermo, su fiel mozo de espadas, al volante. Venía de Barcelona, donde había triunfado por todo lo alto el 6 de julio, después de haber votado en la Ciudad Condal en el referéndum la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado. Se enteró en su habitación del Hotel La Perla de la tragedia vivida en el encierro. Un toro de nombre Semillero, de la ganadería de Urquijo, había sembrado el pánico quitando la vida a dos corredores. En la bajada de Javier a Casimiro Heredia Ruiz, un pamplonés de 37 años, que sucumbió prácticamente en el acto de una cornada que le atravesó el hígado y el pulmón, y en el ruedo a Julián Zabalza, de 23 años, natural de Aoiz y vecino de Villava. Luis del Campo, en su obra 'Historia trágica del encierro de Pamplona', relata que el astado había caído al perseguir a un corredor entre el vallado de Mercaderes y Estafeta, y se enseñoreaba de la calle, corriendo a buena marcha como intentando alcanzar al resto de la manada". El toro, marcado con el número 21, de capa negra y de 464 kilos, corneó a Casimiro y lo llevó desde el centro de la calle hasta la acera.

Semillero cornea a Casimiro Heredia
y termina con su vida. 10 de julio de 1947
Luis del Campo describió la cogida con toda su crudeza: "Se apreció en él un movimiento, quizás reflejo por el dolor, quién sabe si motivado por las ansias de huir. Esta actitud estimula al toro a volver sobre Casimiro; lo recoge y lleva entre sus astas, arrastrándole por el suelo, desde la acera a la pared de la calle". La segunda cornada mortal de Semillero llegó instantes después, cuando Julián Zabalza, que estaba en los tendidos con su novia y su hermana, decidió bajar al ruedo a buscar desde el callejón el hilo del toro rezagado. Del Campo tampoco ahorra detalles de los hechos: "Perseguido por el toro entra de nuevo en el redondel y se dirige hacia la derecha, sin quizás recordar la querencia de los toros hacia ese lado, a su entrada en la plaza de Pamplona, pues, me permito asegurar -sin saber exactamente por qué- que de no formarse la figura del abanico, la más preciosa del encierro, los toros se inclinan siempre a la derecha. La curva que describe el mozo corredor despista unos segundos al toro, que sigue su rectilínea; mas pronto la rectifica, lo alcanza y voltea contra la barrera". Cuando los dos recortadores, Chico de Olite y Niño del Matadero, lograron hacerse con el toro y dirigirlo a punta de capote a la puerta de los corrales, "un cuerpo queda sobre la arena. Levantándolo en vilo, sobre él se precipitan docenas de brazos y, las miradas atónitas de miles de espectadores, aprecian cómo un grupo de valientes pamplonicas transportan al herido, haciendo caso omiso del toro, que casi a la par, a muy pocos metros de distancia, sigue el percal de los toreros dobladores del encierro, unas veces paso a paso y otras corneando al aire, tras la arrancada, hasta los corrales de la plaza, momento en que el disparo de un cohete dice a modo de pregón 'El encierro ha terminado'. A los tres o cuatro minutos de ingresar en enfermería moría el joven Julián Zabalza". La muerte de aquellos jóvenes impresionó a Manolete, que sentía en su costado la presión de la corrida y la enorme responsabilidad que le volvía a acuciar. Pero había que torear. Y antes, el sorteo. La leyenda negra del cordobés contó que el toro Semillero había ido a parar a su lote y que Camará hizo lo posible para que no fuera así y cayera en el esportón de otro torero. Pero el periodista Galo Vierge Bonarillo cuenta que Tomas Salcedo, peón de confianza del matador navarro Julián Marín, cogió la bolita de papel con los números de los dos toros y entre ellos estaba el del temible Semillero, que salió en sexto lugar. El diestro de Córdoba mató a Sanluqueño y Jaminito. La noticia corrió como la pólvora por Estafeta y la Plaza del Castillo y los mozos decían en los bares que el bravo Julián Marín se había pedido el toro asesino para vengar a los dos corredores muertos.

La tarde fue tremenda y Manolete cortó cuatro orejas. Antonio Bellón, uno de sus periodistas de cámara y crítico de Pueblo, no escatimó ni un elogio: "La verticalidad de Manolete se quiebra al girar la cintura en naturales y de pecho. Cada pase es una explosión de entusiasmo. Centrado, majestuoso, facilísimo, el cordobés manda, dueño y señor de la res, en series de naturales y redondos, trabados con pases al costado para dejar al toro a centímetros del muslo y pasarlo sin esfuerzo, sin una enmienda”. Manolete, que iba de blanco y oro, dio la mejor tarde de su vida en Pamplona. Gitanillo escuchó una ovación en el primero y dio la vuelta al ruedo en el de la merienda, y el tudelano Marín, dos trofeos en el tercero y se llevó hasta el rabo de Semillero, como si el conjuro de la venganza de los dos corredores muertos hubiera embelesado su siempre elegante muleta y trepado después por los tendidos hasta enloquecer a las miles de personas que llenaron la plaza. Algunos cuentan que Manolete cobró 250.000 pesetas por aquella corrida y que sus dos compañeros diez veces menos. Poco iba a importar, seis días después tenía que hacer el paseíllo en Las Ventas en una nueva Corrida de Beneficencia y resultó herido por el quinto toro al que le cortó dos orejas tras otra de sus faenas de ensueño. Cuando estaba recuperándose en el hospital le confesó a un periodista que "si la muerte me llega, nunca me cogerá en ese momento feo de la cobardía, sino con el gesto rabioso del luchador....si ha de venir la Muerte, que sea en una tarde de éxito". Camará con voz grave y autoritaria intervino en el diálogo diciendo: -"¡Vamos Manuel no digas tonterías! ¿Para qué hablar de esas cosas? ". Mes y medio después llegó Linares, el miura Islero y su fatal agonía de la noche del 28 al 29 de agosto a la que no le dejaron asistir a Lupe Sino, la mujer de su vida: "Si le quieres, no entres", le dijeron antes de morir, pero ésa es ya otra historia…

(*) Este artículo apareció publicado en DIARIO DE NAVARRA, en el suplemento especial de San Fermín de Julio de 2017

domingo, 8 de octubre de 2017

«Lo auténtico es ser capaz de encontrar el refugio a lo que te sucede en la vida ante la cara del toro»

Santana de Yepes
Entrevista a Alejandro Talavante publicada en Diario La Rioja antes de la Feria de San Mateo de 2017

«Siento que cuando voy a salir al ruedo habita una alimaña dentro de mí que no para de rugir. La única manera que tengo de acallarla es ser capaz de hacer el toreo con una intención en la que no necesite detenerme a pensar en qué estoy haciendo ni en lo que soy ni en lo que seré mañana. Sólo existe ese instante, ese espacio, en el que toreo tal y como me surge del corazón, con una distancia infinita entre mí mismo y todo lo que me rodea». Así explica Alejandro Talavante, una figura esencial del toreo contemporáneo y un personaje singularísimo, su íntima relación con la tauromaquia. Esta tarde torea en La Ribera con Pablo Hermoso de Mendoza y Roca Rey, una plaza que le motiva porque «soy consciente de que nunca he sido capaz de romperme en Logroño».
- ¿Cómo explica la ausencia de esfuerzo en su toreo?
- Es que no la hay; pueden existir tardes complicadas en las que estoy más asustado que otras y no encuentro la claridad que necesito. Soy consciente de que veo muy fácil el toreo y lo ejecuto con más sencillez que nunca, y eso, en ciertos momentos, me alivia mucho. Hablo de una constante de este año: conozco el sitio en el que me tengo que poner; conozco también dónde me siento y ahí es donde procuro llegar todas las tardes por encima de cualquier otra cosa; por encima incluso del triunfo y de las orejas.

«Me gustaría ser capaz de sostener la transmisión siempre por encima del triunfo»

- ¿Pueden contradecirse el triunfo y la búsqueda de la expresión artística?
- El triunfo puede ser el fin de todo dependiendo de la personalidad del artista. En mi proyecto -que creo que no he elegido y que me ha venido dado por las circunstancias, por mi vida y por mis condiciones-, me gustaría ser capaz de sostener la transmisión siempre por encima del triunfo.
- ¿Y eso cómo lo consigue?
- No sabría decirle y no me preocupa, pero sé que eso es lo que me hace sentirme mucho más cerca del que quiere ir a verme y al que quiere ir a verme le hace estar más cerca de mí. Es complicado porque en estos momentos se coloca el premio por encima de cualquier otra cosa. Sigo pensando que la ejecución y la intención a largo plazo te dejan más vacío y con menos cosas dentro. Y todo eso que sobrevive dentro termina creciendo e incomodando. Todos los toreros lo sabemos y somos conscientes de que cuando sale algo auténtico nos ponemos de acuerdo.
- ¿Qué es lo auténtico?
- Lo contrario a lo artificial; es ser capaz de encontrar el refugio a todo lo que te pasa en la vida en la cara y el sitio del toro.
- Refugio ante la vida frente a un animal que te la puede arrebatar. Parece una contradicción.
- Es muy fuerte porque terminas necesitando al toro para expresar tu auténtica naturaleza como ser humano y enfrentarte con esa parte virgen que todavía mantengo en mi interior después de tanto trasiego, de tantas historias vividas.
- ¿Cree que existe algo en su interior sin pulir?
- Sí, no puedo dominar mi estilo, que muta constantemente y, además, me resulta imposible dirigirlo. Va cambiando, lo van moldeando las circunstancias e, incluso, los recuerdos de vivencias que me han sucedido hace muchos años. Siento que mi estilo no para de sorprenderme.
- Decía Enrique Morente que en el flamenco la cosas a veces las buscaba y en otras eran ellas las que le encontraban a él... ¿Puede sucederle a usted algo parecido?
- Me pasó en Valladolid el año pasado en la corrida homenaje a Víctor Barrio. Hice un comienzo de faena que a lo mejor nunca se había visto en la tauromaquia. Pues bien, lo había pensado de otra manera muy distinta; mi intención mutó en el momento en el que el toro se me arrancó. Sin embargo, fue mucho más brillante lo que salió de manera natural que lo que llevaba en la cabeza. Creo que fui capaz de transmitir a la gente que hasta yo mismo me había sorprendido y emocionado. Esta temporada he podido pensar cosas similares y no las he podido plasmar porque el toro es el que va marcando el estilo y me lo ha imposibilitado.
- ¿Marca el toro tanto la faena?
- Todo lo puedes hacer pensándolo razonadamente, pero es que hay una parte que no surge de la razón, que sólo brota cuando está el toro delante y es la que realmente me conmociona y emociona a los que me están viendo.
- ¿A qué se deben sus diferentes etapas artísticas?
- En cada una de ellas se ha ido asomando lo que podía venir después. Al principio tenía mucha chispa pero con una gran limitación técnica; luego vinieron unos años en los que estudié mucho la técnica, el toro, intenté comprender la plaza, los terrenos, cada detalle matemáticamente. Fueron unos años esenciales. Cuando me apoderó Curro Vázquez hice varias reflexiones sobre mí mismo y me di cuenta de que con la chispa había nacido y que ya conocía la tauromaquia. Entonces decidí que no tenía que pensar más en la técnica y me dediqué a torear sin pensar en qué tenía que hacer. Al final, la técnica termina casi dándose la mano con la defensa y el toreo es todo lo contrario. Yo necesitaba acallar todos los ruidos que me acuciaban por dentro y de la única manera que empecé a mitigarlos fue no pensando tanto y buscando un toreo más intuitivo.
- ¿Abunda demasiado la técnica?
- Me di cuenta de que con la obsesión por la técnica lo único que iba a conseguir era convertirme en un torero más frío. Ser plenamente consciente de esto me ha permitido plantear y hacer cosas que están fuera de lo técnicamente habitual, pero al observarlo en el vídeo compruebo que está cuadrado, que es perfecto.
- ¿Le gusta verse en vídeo?
- Me da igual, me veo y es cierto que como decía Borges siento que estoy contemplando a otro, como si me viera desdoblado. Siento hasta cierta ternura hacia el personaje... Pero eso no significa que sea autocomplaciente conmigo mismo. A veces, cuando he tenido una mala tarde recurro a las imágenes para analizar qué ha podido suceder.
- ¿Le preocupa tener una mala tarde?
- Tengo mucha confianza en mi capacidad y hay días en los que creo que tener una mala tarde es imposible, pero las malas tardes llegan y me abordan. Con el tiempo comprendes que es inútil pensar en escapar de esa posibilidad. Además, cuanto más puro eres más cerca estás del fiasco.
- ¿Qué significa la pureza?
- No tiene mucho que ver con la ortodoxia. Existen toreros a los que admiro mucho como Manuel Benítez 'El Cordobés', que era un gran heterodoxo. Sin embargo, creo que era de los más puros de su generación porque era absolutamente consecuente consigo mismo y con sus pasiones, con sus anhelos y con su época. Creo que en mi caso no es fácil encasillarme. Es cierto que baso mi toreo en las líneas clásicas pero la libertad de saber que existen nuevas geometrías me atrae mucho. La tauromaquia está ahí desde la época de Pedro Romero, pero sigue creciendo estilísticamente y con caminos inexplorados para crear algo que no se haya visto todavía. De hecho, las nuevas generaciones de toreros, aunque no se nombre mucho, y de la misma forma que nosotros hemos seguido otras figuras míticas, ahora están siguiendo muchos de los caminos que estoy tomando yo. Eso es un halago tremendo porque me lo tomo como una señal de admiración.
- ¿Cree que puede llegar a existir una escuela 'talavantista'?
- Yo pienso que ya existe. Muchos toreros jóvenes están basando sus temporadas en patrones que he podido sacar yo en estos últimos tres años, desde mi etapa con Curro Vázquez. Me sorprende y me parece exagerado.
- ¿Es posible copiar el sentimiento?
- No, eso me parece más difícil. Cada vida es distinta, cada uno es diferente.
- ¿Cómo vive la presión de un público que cuando va a verlo a la plaza lo espera todo de usted?
- La percibo con total nitidez. No es una exigencia que la marque el triunfo sino que nace porque el público quiere que suceda algo especial. Y esa presión es todavía mayor porque aunque sea difícil triunfar, lo otro se me antoja mucho más complicado.
- ¿Le resulta muy duro salir con esa necesidad al ruedo?
- Sin duda y conmigo mismo todavía más duro porque yo me pongo del lado del público siempre. El otro día cuando toreé en Bilbao entendí perfectamente el mosqueo y me sumé a él. Yo era el más amargado de toda la plaza. Pero es cierto que todo eso me motiva cada vez que cojo la maleta y me voy de casa pensando que mañana puede ser un día especial.
- Fue increíble, con un vestido imponente, ese inicio de faena tan fluido todo y después..., se esfumó, se desvaneció la obra.
- Empecé suave en tablas, el toro no tenía condiciones para el toreo, por el lado derecho tenía más entrega. Por el izquierdo me desvirtuó. Me sentaba fatal sacarle el brazo del cuerpo para poder torearlo. Aquella faena murió en el último lance de las dos primeras tandas. Vi al público con una agitación, con un deseo que me llenó mucho, a pesar de que fueron apenas unos instantes.
- ¿Como artista se queda con eso o con lo que sucedió después?
- Sentí una frustración enorme. Me puse ese vestido porque quería hacerle a mi manera un homenaje a un torero vasco muy importante fallecido este año: Iván Fandiño. Tenía pensadas muchísimas cosas: un inicio de faena sorprendente y a la vez puro, un final especial, incluso algo en el momento de la estocada y no salió nada. Esa tarde no sólo pesa al día siguiente sino que va a pesarme toda la vida.
- Hace unos años le pegaron una gran bronca en Logroño en una tarde en la que toreaba con Iván Fandiño, que triunfó y estuvo siempre muy pendiente de usted...
- La tengo perfectamente en la memoria. Iván fue muy cariñoso conmigo cuando la realidad es que tampoco teníamos una relación muy estrecha. Pero puedo llegar a entender que el toreo es capaz de forjar una amistad en la más absoluta de las distancias. Los dos fuimos capaces de tener amistad solo por la forma en la que toreábamos, lo cual me parece muy interesante. El cariño que siempre me manifestó no era producto de los buenos ratos que habíamos vivido juntos, sino por la manera que él veía que yo quería torear. Y era algo recíproco, porque yo lo contemplaba a él como un torero que con su personalidad tenía una pureza en todo lo que hacía tremenda. Era un hombre que no pensaba, que se iba directamente al sitio y ponía el corazón. Sólo por eso lo consideraba cercano a mí.

«En Logroño no me han visto torear roto y eso me motiva muchísimo
Explica Talavante que Logroño es «una plaza a la que también la he visto mutar, al igual que mi estilo. Mis primeras tardes en ella fueron muy duras. Yo era un niño que tenía mucha imaginación y quería envolver el escenario con una energía muy positiva para sacar todo lo que llevaban dentro. Al principio era bastante inmaduro a la hora de afrontar las tardes allí. No sé cuál era la razón; yo había leído mucho sobre Logroño, su afición, el toro que salía... Estoy convencido de que me creé una serie de fantasmas interiores que me perjudicaron. Es una de las plazas en las que siento que todavía no me han visto roto y eso es un motivo de ilusión tremendo». Y ahonda en sus inicios en el toreo: «Iba a lo de Zalduendo cuando salía del colegio: un día estaba Joselito, al día siguiente José Tomás, o Paco Ojeda, e incluso Espartaco. Mi padre grababa aquellos tentaderos, pero no a mí, sino a los toreros. Por la noche veía los vídeos. Me asombraba muchísimo la facilidad con la que eran capaces de hacer el toreo a las becerras. La suficiencia de los maestros consagrados. Eso fue dándome confianza y la oportunidad de tener muy clara la manera con la que yo quería interpretar. Mi padre era un hombre que no se metía en nada, no tenía ni idea de toros pero siempre ha sido una persona muy exigente con valores que son muy parecidos a los que se buscan en la tauromaquia. Ahí fui aprendiendo».

martes, 3 de octubre de 2017

Victorino, un ganadero enamorado de La Rioja

El genial paleto de Galapagar debutó en Haro con una novillada en 1966 y desde ese momento se hizo esencial en la tauromaquia riojana

Diego Urdiales ha basado buena parte de su carrera en sus toros: 33 corridas, 39 orejas, cuatro puertas grandes y el indulto de Molinito en 2007

El torero en La Rioja sería irreconocible sin la descomunal presencia de la mítica figura de Victorino Martín Andrés, el ganadero con más triunfos y con los seguidores más fieles, con toros más notables y con más tardes para el recuerdo, especialmente en las dos plazas de Logroño, cosos esenciales en su trayectoria como criador de reses bravas y en los que se fraguó su carisma como personaje legendario. Además, la ganadería de la A coronada ha sido esencial en la carrera de Diego Urdiales, un torero que se encuentra posicionado en el número 12 de los matadores con más corridas de su hierro: 33 festejos, 39 orejas, cuatro puertas grandes y un toro indultado, aquel 'Molinito' del que se acaban de cumplir diez años de su lidia en Logroño. Pero Victorino no debutó en la capital. La primera corrida en La Rioja se remonta al 29 de junio de 1966 en Haro, donde lidió una novillada con cinco astados para un rejoneador (Manuel Vidrié) y dos jóvenes coletudos: Antonio Pérez y Utrerita. Sólo el caballero madrileño cortó una oreja. La segunda tarde fue en Calahorra, el 31 de julio de 1966, cuando el matador de Arnedo Antonio León le concedió la alternativa al calagurritano Víctor Ruiz de la Torre 'El Satélite'. Fue una gran corrida y ambos salieron a hombros del coso de La Planilla. Diez años después debutó en Logroño, en la Feria de San Mateo, en una corrida con Ruiz Miguel, Antonio José Galán y Herrerita, aunque la locura se desató al año siguiente, cuando José María Manzanares cortó dos orejas a un bravísimo astado. En el cartel, recordaba el propio Victorino Martín en una entrevista a Diario LA RIOJA, figuraban Andrés Vázquez, "al que se le rompió la espada a la hora de entrar a matar y que se llevó una gran bronca, y el mexicano Manolo Arruza, que estuvo a la altura de los toros pero que falló con la espada. El toro del triunfo del diestro alicantino se llamaba 'Machero' y estaba marcado con el número 103".
En la inolvidable Manzanera, Victorino lidió once corridas, 62 toros y sólo cuatro matadores, incluido Manzanares, lograron abrir su puerta grande diseñada por Fermín Álamo con reminiscencias de la Puerta del Sol de Toledo. Ruiz Miguel, Tomás Campuzano y Dámaso González degustaron el sabor del triunfo máximo con los victorinos en el viejo coso. La leyenda, por entonces, ya era imparable.
En el nuevo circo no debutaron hasta el año siguiente de su inauguración, aunque una buena parte de la afición logroñesa la reclamó a la familia Chopera que fueran sus astados los elegidos para la primera corrida, pero no pudo ser. En once tardes y en 53 toros lidiados sólo tres toreros han salido por su puerta grande. Diego Urdiales en dos ocasiones (2007 con el indulto de 'Molinito' y en 2012), Manuel Jesús 'El Cid' en 2016 y este mismo año el francés Juan Bautista Jalabert, que triunfó en una corrida memorable del ganadero de Galapagar, la más completa de cuantas ha jugado en La Ribera. Se pidió el indulto del toro 'Vencedor', igual que el año pasado sucedió con otro ejemplar extraordinario llamado 'Planteadito', desorejado por el diestro de Salteras.

Urdiales y Victorino, un binomio necesario
Diego Urdiales ha vivido buena parte de sus éxitos con los toros de Victorino: "Ha sido un ganadero colosal, un hombre entrañable y muy serio, con mucha personalidad que ha logrado ser el ganadero más importante de la historia. Desde 'Molinito' todo cambió para mí. Ha habido toros que los he toreado muy despacio, especialmente uno en Dax, uno de los que más he sentido porque me permitió abandonarme más tiempo". Y recuerda varias tardes "que han marcado mi vida, como la de Otoño en Madrid y las ocho de Bilbao, con triunfos muy especiales por la dimensión que conseguí como torero". Diego recuerda su primera corrida con los toros de Victorino: "En Logroño en 2002, venía de una cornada en Miguelturra (Ciudad Real) y con varias costillas rotas. Toreé con Manuel Caballero y Padilla. No podía casi sujetar la muleta con la mano derecha y estuve muy bien al natural". Paco Aguado aseguró en Cuadernos de Tauromaquia que la corrida más importante de la vida de Urdiales fue con toros de Victorino en la Corridas Generales de Bilbao de 2012: "Siempre hay una tarde clave en la carrera de un torero, y la de Diego Urdiales fue la del pasado domingo en Bilbao. Una tarde de toros que marcará frontera, que definió la verdadera dimensión de su toreo y de su hombría y en la que, de paso, el arnedano volvió a mostrar la verdadera esencia de este arte en unos tiempos confusos". Estoqueó tres toros y dejó en el coso bilbaíno el aroma de un torero que ahora es el más admirado de la plaza vizcaína. El diestro riojano siempre se ha sentido muy cerca del ganadero de Galapagar. Y esa confianza también funcionaba a la inversa en declaraciones del propio Victorino cuando ambos recibieron el premio de la Peña 21 (su peña logroñesa) para rememorar aquella tarde histórica del indulto de 'Molinito': "Recuerdo perfectamente la forma en la que me palpitaba el corazón cuando la gente emocionada nos sacaba a hombros de La Ribera. Y me acuerdo de la alegría de Diego, que había estado hecho un jabato con aquel toro, que fue muy fiero y que necesitaba un torero de verdad delante porque pedía el carnet, porque era un toro de verdad, un toro auténtico". Victorino Martín estuvo por última vez en La Rioja el pasado mes de marzo, cuando recibió un caluroso y emotivo homenaje de la afición riojana en la entrega del Capote de Paseo de la Comunidad a Diego Urdiales. Su hijo, ganadero y veterinario, realizó una preciosa intervención en la que recordó la pasión que siente su familia hacia La Rioja desde su debut hasta todas las tardes de triunfo que ha protagonizado en Logroño, donde tiene infinidad de amigos y seguidores: "La Rioja es un territorio taurino por excelencia en España y nos acordamos mucho del indulto de 'Molinito' protagonizado por un Diego Urdiales al que casi vimos nacer y que ahora diez años después, es referencia de la pureza del toreo para los aficionados". o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

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