sábado, 18 de enero de 2020

RITO Y GEOGRAFÍA DE ENRIQUE MORENTE

La voz flamenquísima de Gregorio Moya y el toque de Alejandro Torres, ‘Niño de la Era’ abrieron el jueves la XXIV edición de los Jueves Flamencos en la velada fuera de abono que como aperitivo se celebra desde hace cuatro años en Bodegas Ontañón. Y volvió a ser una noche preciosa de la mano de un cantaor morentiano donde los haya, con sus formas y su fondo; auténtico rito y geografía de Enrique de la mano de un joven manchego que canta por su vereda de una manera admirable. Entornaba yo os ojos y me parecía que el ronquillo de Granada estaba ahí, de joven, con su mismo acento y compás, con un chaleco florido de los que se estilaban en aquellos años de la Transición, en los que había que romper las coplas de la madrugá y asentar las bases clásicas de su bella revolución. Era como un capítulo de cuéntame... Allí Gregorio, transido de Enrique Morente, con esos cantes de los años setenta y ochenta que sonaban igual de bellos y de modernos hoy, ayer y siempre. Gregorio admira tanto a Enrique que se ha convertido en un verdadero especialista de cantaor de Granada, y sobre todo de los discos primigenios del maestro como el Homenaje a Miguel Hernández (1971), del que hizo el bellísimo romance ‘Sentado sobre los muertos’; el de Don Antonio Chacón (1979), con la increíble caña de ‘Eso no lo manda la ley’, además de ‘Despegando’ o ‘Sacromonte’, dos obras de ese Morente que comenzaba a vencerse ya hacia la creatividad como santo y seña de su esencia cantaora. Lo más nuevo que hizo Gregorio fueron las alegrías del Alberti del disco ‘Negra si tú supieras’ (1992), uno de los discos más hermosos y complejos de la obra del inmortal cantaor. La gente creo que alucinó por la entrega de Gregorio y por ese homenaje que tributó al maestro de maestros desde el fondo de su corazón, con su sencilla timidez y con la respiración contenida por la complejidad musical de alguno de los temas citados, como el romance ‘Sentado sobre los muertos’, que se emitió en 1972 en Radio París en un programa clandestino que Morente grabó con Carlos Cano, que aunque de era también de Granada conoció en la capital de la República francesa. Ese Morente que poco a poco dejaba de leer las novelas de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía para buscar el alma en poetas como San Juan de la Cruz, a los que comenzó a cantar buscando el recóndito olé flamenco en la poesía más elevada y clásica de la literatura española. ‘Aunque de noche’ del poeta de Fontiveros sonó en el aire de Enrique, el de la primera grabación de los años ochenta. A muchos les suena ahora por la versión de Rosalía, pero fue Morente el que musicó este poema que en los labios y en la garganta de Gregorio Moya recuperó aquella claridad nunca oscurecida de cante original. El concierto también se sustentó en la claridad del toque del Niño de la Era, que llevó en volandas a Gregorio Moya. 


o XXIV JUEVES FLAMENCOS Cante: Gregorio Moya. Toque: Alejandro Torres, ‘Niño de la Era’. Lugar: Bodegas Ontañón. Localidades agotadas. Concierto de presentación del ciclo. (Fuera de abono). 16 de enero de 2020.

jueves, 16 de enero de 2020

Gregorio Moya: «No se puede ser copia de nadie y menos de Morente porque estás condenado a perder»

El cantaor de Ciudad Real abre hoy a las 20.30 horas los Jueves Flamencos en Ontañón
Logroño. Gregorio Moya es una rara avis del cante. Manchego de Argamasilla de Alba y sin antecedentes profesionales flamencos en el seno de su familia: «En mi casa no había cantaores pero sí aficionados. Se escuchaba a maestros como Enrique Morente, Fosforito o Lebrijano entre otros muchos. En las reuniones de mi padre con sus amigos ponían las cintas y yo, que era apenas un crío y cómo me gustaba tanto, las cogía, me las llevaba a mi habitación y las escuchaba hasta aprendérmelas de memoria. Algún día de aquellos, por lo que fuera, me dije a mí mismo a ver si era capaz se cantarlas. Creo que me salió medio bien e intenté seguir cantando». Así explica sus orígenes más remotos en el cante Gregorio Moya, que esta tarde a partir de las 20.30 horas inaugurará la XIII edición de los Jueves Flamencos con el concierto previo al comienzo del ciclo en Bodegas Ontañón.
-¿El flamenco comenzó en usted casi como el juego de un niño?
-Sí, la verdad. Puede parecer raro, peo es la realidad de mi caso. La mayor parte de los cantaores son andaluces, extremeños o de otras zonas en las que el flamenco se respira por las calles como en Córdoba, Granada o Sevilla. En mi pueblo no sucede eso, por eso cada cantaor se forma de una manera distinta y en mi caso fue escuchando lo que oían mis padres.
-¿Y cómo fueron los pasos para llegar hasta el mundo profesional?
-Siempre he sido un autodidacta. He tenido la suerte de que siempre se me han quedado los cantes en la cabeza, pero había un problema: tenía que ser capaz de cuadrar lo que cantaba con la guitarra y con el compás. Y no era fácil en mi entorno encontrar a alguien que me lo enseñara de verdad. Había un guitarrista, ‘El Niño de la Era’, (con el que actúa esta noche) que había ganado el ‘Bordón Minero’ de La Unión en 2001, con el que emprendí una amistad y comencé con él y con su padre a entender cómo había que cuadrar los cantes con la guitarra y ellos fueron, cuando me vieron preparado, los que comenzaron a darme salida para cantar en peñas y poder participar en los primeros festivales.
-¿Qué referencias ha tenido en el cante?
-La principal ha sido Enrique Morente, pero también Camarón, El Turronero, José Menese, Calixto Sánchez... Ha habido muchos.
-Parece especial la devoción que siente usted ante Enrique Morente... ¿Por qué es?
-No sé las razones, pero Enrique me ha transmitido algo que es muy especial; todos los cantaores en algún momento te llegan, pero el caso de Enrique para mí ha significado y significa algo muy importante. Te metes en él, comienzas a estudiarlo a ver y a comprender las cosas que hacía y sientes su grandeza musical. Su discografía es alucinante, desde los primeros discos a los hallazgos de su segunda etapa, marcada por la creación. Pero le escuchas en una Malagueña de Don Antonio Chacón y la hace todavía mucho más grande, más musical. Además Enrique en directo era capaz de sorprender porque hacía siempre cosas distintas. Era un fuera de serie, no se encasillaba nunca.
-De dónde salía esa genialidad
-De su conocimiento, del talento y de los recursos que era capaz de sostener. Pero hay un detalle que siempre me asombraba: era la inteligencia que tenía a la hora de desarrollar los cantes.
-También fue un incomprendido...
-Es que el flamenco siempre ha estado muy dividido, para cuatro que somos. Parece que todas las corrientes tengan que estar una en contra de las otras. Yo, como vivo en mi isla manchega, no me siento muy influenciado por nadie. Para los de Jerez parece que no existan más cantaores que ellos; para los mairenistas todo lo que se salga de su canon ya no les cuadra... Y Enrique iba adelantado a todos los demás.
-¿Le da miedo ser copia de Enrique?
-No se puede ser copia de nadie y menos de Enrique porque estás condenado a perder siempre. Otra cosa es que desee seguir su línea. En mi caso lo he escuchado mucho y me apoyo en algunas cosas en su manera de cantar. Si se me escucha cantar los tangos de la Estrella enseguida se me va a relacionar con Enrique Morente, pero eso no quiere decir que los cante como él. Es distinto y los canto a su forma porque eran creaciones muy personales.
-¿Es difícil mejorar en el cante?
-Es complicado. El cante va relacionado con la voz y la tienes que tenr siempre lo mejor posible. Hay que ser muy estudioso y tener muchos registros para poder llegar al cante por diferentes caminos.
-¿Ser manchego le ha complicado la visibilidad en el cante?
-Sin duda. Vas a Sevilla a cantar y siempre genera muchas dudas sólo por el origen...

Una carrera marcada por la superación 
La carrera de Gregorio Moya no ha sido fácil. En 2006 dio un salto de calidad al obtener el primer Premio en la categoría de Cantes Básicos del Concurso de Jóvenes de Calasparra y en 2009, lo mismo en la categoría de Cantes de Málaga, Granada y Fandangos en el mismo concurso en Calasparra. Ha cantado en grandes festivales junto a artistas de la talla de El Cabrero, El Polaco, María José Pérez, Miguel de Tena, Manuel Gerena, Paco Cortés, Antonio Carrión, etc... El año pasado logró dos primeros premios: el de la Casa de Andalucía de Fuenlabrada y la ‘Silla de Oro de La Fortuna’, de Leganés. Le acompañará al toque ‘Niño de la Era’, también de Argamasilla de Alba y ganador del ‘Bordón Minero’ en La Unión en 2001. Posee la licenciatura de guitarra flamenca en el conservatorio superior de música de Córdoba y tiene tiene tres trabajos discográficos en el mercado.

martes, 7 de enero de 2020

«Me molesta esa extraña piedad y la suficiencia moral de los antitaurinos»

El torero y pintor alicantino prologa hoy el homenaje a Diego Urdiales con una charla en el Hotel Victoria a partir de las 20 horas (Publicada el 13 de diciembre de 2019)

«Algunos nos congregamos en las plazas de toros ante la posibilidad de que allí se nos revele aquello por lo que sabemos que la Fiesta se justifica: la súbita presencia del arte». Así comienza el artículo que ha escrito Luis Francisco Esplá –junto con el poeta Francisco Brines– en la reaparición de la revista ‘Quites’, que según palabras del maestro alicantino, ha «estado vetada desde que el PP comenzó a gobernar. Este partido se proclamó defensor de los toros y la tuvo secuestrada 22 años. Ha vuelto a salir gracias a unos taurinos socialistas. Por eso me niego a etiquetar a nadie, y es un hecho revelador de la absoluta contradicción en la que vivimos. Todas estas iniciativas que son el consuelo de los lectores (sean aficionados o no) se acaban contaminando de política». Así se expresa el matador Luis Francisco Esplá, que hoy, como prólogo al homenaje que se celebrará mañana a Diego Urdiales por sus 20 años de alternativa, conversará con el periodista Alfredo Casas, a partir de las 20 horas, en el Hotel Victoria de Arnedo.
-Cualquier excusa parece buena para arremeter contra los toros.
-La clave reside en su singularidad. El toreo está cuestionado desde la Ilustración y aquello obligó a que se codificara y ofreciera una versión mucho más ordenada y moderna. En muchas ocasiones, lejos de matar al toreo, lo que se hace es reforzarlo. Pero lo que más me molesta es esa extraña piedad y la suficiencia moral con la se conducen los que cuestionan la tauromaquia. Y yo entiendo que se cuestione porque aparece un elemento como la muerte y vivimos en una sociedad en la que se hace abstracción de ella, una sociedad sedada que no soporta que le recuerden que somos finitos. Lo que les recrimino es su pretendida autoridad moral; hay veces que me recuerdan a Calvino y a Lutero, a un neopuritarismo absurdo.
-¿Cómo explica el concepto de la creación artística en el toreo?
-Es un arte casi sublime que crea a partir de la voluntad de un animal. Lo que incorporamos a nuestra creación es la acometividad del toro, que no es precisamente algo que tenga que ver con la colaboración. Pero mediante una factura técnica logramos trasladar al tendido la ficción de que ese animal ha nacido para colaborar, incluso se llega a dar una circunstancia maravillosa, puesto que tienes que ceder ante ese material artístico porque es un ser vivo y ya no vale el proceso de creación habitual en el que se dan cita la inspiración del artista y sus medios técnicos para plasmarlo en un material. En el toreo el material es lo primero y a veces, excepcionalmente, viene a verte la inspiración. Y además sucede algo que no tiene parangón con nada, ya que es el único material que muere cuestionando al artista. Me parece un milagro.
-Y cuando llega el toreo ¿qué sucede por dentro?
-Entras en una especie de estado de gracia.
-Como la faena del toro ‘Beato’ de su despedida de Madrid...
-No fue ése uno de esos días, aunque desde el tendido se tuvo esa sensación. En ocasiones se da un conflicto, tú vas aportando, el toro va sugiriendo y la inspiración no puede aflorar porque vives sometido a las propias contradicciones que impone el toro. Y aunque pueda parecer desde el tendido que el dominio es total por parte del hombre, yo garantizo que no. El torero recuerda a los toros por su comportamiento, ni siquiera se recuerdan ellos mismos toreando. Eso es lo que tengo grabado de forma indeleble.
-A veces no se comprende desde el tendido la profundidad de esta dialéctica.
-Al final, cuando termino sufro una auténtica decepción. Siempre considero, por bien que haya podido estar, que debería haber toreado mucho mejor. Afortunadamente, el espectador no vive esa relación con lo que crea el torero, se deja embaucar por él. En mi caso, cuando mejor me salían las cosas más insatisfacción sentía. Es como si estuvieran mucho mejor definidas las líneas y vieses con enorme claridad lo que ha faltado y los errores. Cuando las cosas no salen bien todo suele quedar como más borroso y difuminado. Pero en el momento en el que puedes establecer las fronteras es un tormento la necesidad de superación, por eso el torero vive angustiado en esa búsqueda de la perfección.
-Usted es pintor y sus cuadros se quedan. Pero el toreo se hace en el instante y en el instante se muere, que decía Antonio Ordóñez...
-Cualquier obra de arte en el fondo es una idealización, todas sus emociones se han volcado ahí. Cuando tú regresas a la obra vuelves a unas sensaciones e ideas que previamente habían sido devoradas por el artista. Idealizar aquello que es concreto no tiene mayor recorrido. Sin embargo, el toreo profundiza en la idealización. Es espectador se emociona en la plaza, todo su aparato cognitivo lo registra y en ese momento comienza a hacer una reinterpretación en su beneficio de lo que ha visto. De hecho, va amputando todo lo que no le ha gustado y obtiene una idealización ‘ad hoc’. Creo que es absolutamente  maravillosa la capacidad que tiene el toreo para dejar crear al espectador su propia idealización. De ahí que me parezca sublime, porque le da la opción al aficionado de indagar sobre lo que ha percibido en una faena y es dueño y señor de transformarlo totalmente en su beneficio.

«Es más necesario que nunca proteger la forma de torear que representa Diego Urdiales»

Dice el maestro Luis Francisco Esplá que en tiempos como los actuales, en «los que el toreo clásico y eterno ha ido perdiendo hegemonía, el hecho de que vengan toreros como Diego Urdiales a recordarnos en que consiste esa forma de sentir la tauromaquia me parece que necesita un reconocimiento».
-¿Estamos en un momento de malos tiempos para esta forma de concebir y sentir el toreo?
-La realidad es que el sistema no suele ser especialmente generoso con este tipo de toreros. Falta cariño. Yo voy al homenaje a Diego Urdiales porque de alguna manera he participado de circunstancias análogas a las de Diego. La realidad es que me dolía mucho aquel ninguneo al que se me sometió, y no porque se hiciera a mi persona, sino al propio concepto que representaba. Por eso creo que es muy necesario que los toreros confirmemos con nuestra asistencia que este homenaje trasciende la figura de un toreo, que se trata de un reconocimiento a una forma de expresar el toreo radicalmente artística. Y es más necesario que nunca proteger esta forma de concebir y expresar la tauromaquia. Y lo digo a pesar de la evolución de los últimos años y que cada vez veamos más cosas diferentes. El toreo que representa Diego Urdiales tiene que prevalecer, tiene que perdurar.
-¿Era el empresario de antes más sensible que el actual?
-Poco a poco ha habido una degradación en el concepto empresarial que ha rodeado a los toros. Desde los grandes empresarios como Balañá padre, los tres hermanos Chopera (Pablo, Antonio y Manolo)... Después de ellos todo ha ido declinando, mercantilizando y abaratando. Lo peor que le puede pasar al toreo, que se mece entre el romanticismo y el populismo, es que mercadeen con él.
-¿Es el populismo a la política como el toreo tremendista a los toros?
-Es algo parecido, en el fondo funcionan ambos como ficciones que nos hacen creer que no tienen que ver con la realidad; elos dos buscan crear apariencias y no lo que interesa realmente. Esta entrevista la he publicado en Diario LA RIOJA

miércoles, 4 de diciembre de 2019

20 AÑOS BUSCANDO EL TOREO

LA PEÑA DIEGO URDIALES PROMUEVE UN GRAN HOMENAJE AL TORERO RIOJANO CON MOTIVO DE LOS 20 AÑOS DE ALTERNATIVA

La peña taurina riojana Diego Urdiales acaba de presentar un gran homenaje al torero arnenado en el año en que ha cumplido 20 años de alternativa. La ciudad natal de Diego Urdiales acogerá el 13 y 14 de diciembre dos jornadas en las que participarán reconocidas figuras del toreo, ganaderos, periodistas y personalidades de la sociedad riojana. El primer acto tendrá lugar el viernes 13 de diciembre en el Hotel Victoria (a las 20h.) donde el periodista Alfredo Casas conversará con Luis Francisco Esplá. Un día después, una gran gala homenaje en el Teatro Cervantes de Arnedo (a las 19h), conducida por la periodista Elena Salamanca, contará con la participación, entre otros, de los toreros Curro Vázquez, Luis Francisco Esplá, Juan Antonio Ruiz 'Espartaco'; los ganaderos Victorino Martín, Moisés Fraile, José Luis Lozano y Carlos Lumbreras; los periodistas Patricia Navarro, Paco Aguado, Pablo García Mancha y Alfredo Casas; personas que han influido en la carrera del riojano como Rafael Guerrero, Luis MIguel Villalpando e Israel VIcente. También estarán personalidades de la sociedad riojana como el reconocido cocinero Francis Paniego y el enólogo y responsable de una de las mejores bodegas de La Rioja Agustín Santolaya. La jornada concluirá con una cena. Las jornadas, organizadas por la peña taurina riojana Diego Urdiales, cuentan con el apoyo del Ayuntamiento de Arnedo, Victoria Restauración, Zapatos Callaghan y Bodegas Palacios Remondo.

ORÍGENES Y SENDAS, con Rafael Guerrero, Luis Miguel Villalpando e Israel Vicente / Moderada por Paco Aguado.

MAESTROS DE SIEMPRE, con Curro Vázquez, Luis Francisco Esplá y Juan Antonio Ruiz Espartaco / Moderada por Patricia Navarro.

GANADEROS, con Victorino Martín, Moisés Fraile, José Luis Lozano y Carlos Lumbreras / Moderada por Alfedo Casas.

SOPAS, CALDOS Y LETRAS, con Francis Paniego, Agustín Santolaya y Andrés Sánchez Magro / Moderada por Pablo García-Mancha.

miércoles, 30 de octubre de 2019

FINAL DE TEMPORADA CON DIEGO URDIALES EN TVR




Termina la temporada taurina y acaba un nuevo año de Sol y Sombra de TVR. Hemos querido hacer un programa especial repasando la temporada de Diego Urdiales con los mejores momentos de un año en el que ha toreado mejor que nunca. Tuvimos la suerte de contar en estudio de la tele con el propio torero de Arnedo. Gracias a Isabel Virumbrales Sauquillo e Isidro del Pino Martínez y a todos los compañeros de TVR. Muchas gracias a todos los que nos seguís cada semana y nos vemos el año que viene.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Al natural, Rafael Azcona en el ruedo ibérico

Contaba Rafael Azcona que del primer torero del que se acordaba era de Domingo Ortega, aquel paleto de Borox que acabó dictando conferencias en el Ateneo de Madrid y que protagonizó la mejor película taurina de la historia: ‘Tarde de toros’, dirigida por el genial húngaro Ladislao Vajda. Y lo cierto es que existe algo de la verticalidad de Ortega en este natural al aire de un Rafael juvenil y elegante, captado por Esteban Chapresto en el ruedo de la desaparecida Manzanera y que rescató del naufragio Jesús Rocandio, que ha insuflado de vida –tras salvarlo– al increíble archivo del fotógrafo logroñés. La imagen es del año 1951 y posiblemente Azcona se hacía un toro imaginario de cara a una novillada que se iba a celebrar 12 de octubre, en la que se presentarían dos valores logroñeses: Pepe Alfonso Herráiz y Félix Alonso Granada. Y es que en la segunda parte de aquel festejo varios aficionados lidiarían sendas vacas de Manuel Etura, entre ellos Ciriaco Díez Dueñas (que fue banderillero de primera categoría) y Rafael Azcona, que se anunciaba con el apelativo de ‘Alamares’. Ese mismo otoño se dio cuenta de que Logroño se le quedaba pequeño: «A pesar de haber escrito mil veces la palabra‘triste’, ni me ponían una corona de laurel ni nada». Y se fue a Madrid: «Yo nunca había estado en un pueblo tan grande y, al principio, anduve un tanto despistado», escribió el propio Rafael. El gran guionista amaba el toreo y era feliz en la plaza neomudéjar de Fermín Álamo pero nunca soñó con ser torero, «aunque me hubiera gustado como a todo el mundo. No era un iluso y nunca me decidí. Entonces se daban en Logroño más de una docena de funciones de todo tipo. A todo se llamaba toros. Todo era toros. Sobresalían personajes como Pepe Zamora, Migueliyo, Currillo, Barguilla...», le explicaba a Pedro Mari Azofra en una entrevista. En aquel ambiente de la plaza se recuperó hace unos años una imagen insólita de Rafael de niño en el sorteo de un jamón. Y un jamón en la España de la posguerra, de Carpanta y la autarquía era todo un acontecimiento pantagruélico. Es posible que Rafael recordara muchas de aquellas andanzas infantiles entre toros y sorteos para escribir ‘Plácido’, quizás ‘La gran comilona’ o hasta ‘La Vaquilla’, tres de sus obras más extraordinarias. La vieja Manzanera organizaba novilladas muchos días de verano: toros para empezar (mejor dicho, novillos de la tierra), vaquillas para los aficionados y baile para arrejuntarse sin restregar los cuerpos, que las sotanas tenían ojos avizores que se cuidaban de no permitir solaz alguno entre los torerillos y las muchachas prendidas del brillo de los alamares. La guerra, la plaza, la cárcel Para Azcona la plaza de toros era un lugar especial, como revela esta confesión que realizó en la revista oficial de Las Ventas en una de sus últimas entrevistas: «Los militares convirtieron a La Manzanera en prisión durante la Guerra Civil y haciendo de monaguillo en los Escolapios, un domingo acompañé a un cura que les cantó una misa a los prisioneros hacinados bajo los tendidos. Lo pasé mal porque aquel lugar yo lo conocía como un espacio maravilloso al que mi padre me llevaba antes del año 36. Luego, en la posguerra, recuerdo algún festejo en los que las cuadrillas, al final de paseíllo, en lugar de amagar el monterazo, saludaban a la presidencia brazo en alto». Heliodoro Díaz, uno de los amigos logroñeses de Azcona, recordó en un homenaje su estampa como torero: «Era muy pulcro. Cuando iba a torear se preocupaba mucho de su atuendo y de su gorrilla». Y Rafael admiraba a Manolete: «Me dejó un recuerdo imborrable. No sé si templaba más o cargaba menos, pero era increíble verlo torear. Me cautivó por su estoica personalidad. Si a esto se añade que murió en la plaza...». Y también a Antonio Ordóñez «al que admiré como a nadie» y la mítica corrida de Paco Camino a favor de la Beneficencia, con seis toros de Pablo Romero, «es uno de los últimos, puede que sea el último recuerdo muy positivo que guardo. En todo lo anterior puede influir también la edad. Me empiezo a cansar de ir a los toros», le confesó a Azofra. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

viernes, 5 de julio de 2019

ENTREVISTA A JESÚS MÉNDEZ



Jesús Méndez se presentó en el Salón de Columnas en 2010: «Cuando mi familia me escuchó cantar mi padre se partió la camisa». Es exponente de una de las sagas más importantes que ha dado ese rincón de Andalucía, la de los Méndez, cuyo nombre más importante fue la de la Paquera de Jerez, una de las voces más atávicas de lo jondo. Entrevista concedida en Bodegas Ontañón a Pablo García-Mancha el día de su última actuación en Logroño, en el XXIII ciclo Jueves Flamencos, del Teatro Bretón de Logroño. Jueves, 7 de marzo de 2019

sábado, 29 de junio de 2019

ENTREVISTA A ROCÍO MÁRQUEZ



 «Me siento una afortunada y doy gracias a la vida por la suerte que tengo. Pero también me doy cuenta de que todas las cosas que me han ido sucediendo han llegado poco a poco. Me subí por vez primera a un escenario con nueve años y ya tuve la sensación de que ojalá me sintiera en la vida siempre con las sensaciones que encontraba subida allí. Pero aquello era como un sueño que poco a poco se ha ido materializando; por el camino ha habido concursos, peñas y mucho trabajo. Hubo momentos que fueron puntos de inflexión y que marcaron mi trayectoria: la Lámpara Minera o el Giraldillo a la Innovación... La naturalidad con la que ha ido viniendo todo es lo que me ha hecho sentirlo como algo nada artificial y a la vez disfrutar una barbaridad cada paso que he ido dando, desde un disco a un concierto».

o Así habla Rocío Márquez, una de las cantaoras más personales de Flamenco contemporáneo, que concedió una entrevista en Bodegas Ontañón a Pablo García-Mancha el día de su actuación en Logroño. 24 de enero de 2019

jueves, 13 de junio de 2019

Otra vez la mano izquierda de Diego

Gran faena de Urdiales a su primer Cuvillo que emborronó con la espada tras encandilar al natural 

El Juli y el riojano estuvieron a punto de cortar una oreja en una tarde de enorme intensidad en Madrid

Esparraguero, el primero del lote de Urdiales, fue uno de esos toros encastados y duros que de vez en cuando echa Núñez del Cuvillo, un toro que se metía siempre por dentro con una tendencia natural de apretar hacia las tablas, lo que le valió a Víctor Hugo Saugar 'Pirri' un serio disgusto a la salida de un par de banderillas. El cuvillo hizo hilo con él y le atrapó al tratar de refugiarse en el burladero en los últimos compases de la carrera.

En esos instantes se instaló en la plaza un ambiente extraño, flotaban las malas sensaciones porque volvió a hacer lo mismo en el último par generando similar sensación de desconcierto. Esparraguero había apretado de lo lindo en el caballo y se comportó de igual forma en la muleta de Diego, que tuvo que reunirse al máximo con él en las dos primeras tandas en redondo, con la sensación clara de que el toro iba por su cuenta sin obedecer nunca el mando que trataba de imprimir Urdiales a su pañosa. Hubo una tercera serie muy profusa, con los pies literalmente enterrados en la arena, que remató con un cambio de manos alargando el muletazo hasta el final; bellísimo el lance. Firmeza absoluta en un toreo de máximo riesgo que precedió a la explosión de su obra, que llegó al natural meciendo los vuelos y pasándose por la faja la imprecisa embestida del toro, que nunca terminó de ir embebido en la franela y que acortaba cada vez más su distancia soltando la cara al final del muletazo. Se presagiaba un nuevo triunfo grande en Madrid por la vía de la colocación y la entrega. Se fue a por la espada y antes de cuadrar al toro se enfrontiló con él con la muleta en la izquierda. El último lance rodilla en tierra tuvo sabor de tauromaquias añejas. Se tiró por derecho, pero la estocada viajó con travesía y perdió una oreja que ya acariciaba. Una pena porque Madrid había vuelto a vibrar con el toreo puro y clásico del riojano.

En el sexto toro la plaza toda se convirtió en una especie de manicomio. Se devolvió al cuvillo por perder las manos y salió un sobrero de La Reina (ganadería propiedad de Joselito), un astado mediano que peleó con genio en el caballo y que llevaba la cara por las nubes. La lidia se convirtió en un pequeño caos y el público estableció una dialéctica entre los que gritaban «¡Vivas al Rey!» y los que comenzaron a brindar por la República. El lío padre. Hubo un momento en el que parecía que lo menos importante era lo que sucedía en el ruedo. Y Urdiales allá abajo, ante la bronca desaforada y un toro sin apenas embestida que no consentía ni un muletazo por la derecha sin protestar y que volvía a exigir el máximo oficio y toda la concentración del mundo. Levantar aquello parecía un milagro. Pero se empeñó Urdiales con la mano izquierda una y otra vez con la cara del toro por las nubes hasta conseguir varias series de fenomenal asiento en las que con el temple fue capaz de disimular la poca consistencia de las embestidas de aquel toro, que parecía como un convidado de piedra en un festín que no era para él. La gran estocada cerró una sólida actuación del riojano en una de las corridas más importantes de su vida y en la que sólo pudo cortar una oreja Diego Ventura.

Feria de San Isidro / Corrida de Beneficencia
Toros de Los Espartales (1° y 4°) para rejones y cuatro de Núñez de Cuvillo: 2°, noble y sin fuerzas; 3°, muy exigente; 5°, de excelente clase y 6°, devuelto; sobrero de La Reina, con genio y sin fondo. Toreros: Diego Ventura: palmas y oreja. El Juli: palmas y ovación con saludos. Diego Urdiales: ovación con saludos tras aviso y ovación con saludos. Plaza de Toros Monumental de Las Ventas (lleno de no hay billetes. 24.000 espectadores). Corrida Extraordinaria de Beneficencia. Su Majestad el Rey Felipe VI presidió la corrida en el Palco Real. Parte médico Víctor Hugo Saugar 'Pirri': de la cuadrilla de Urdiales cogido en la lidia del tercero de la tarde tras un par de banderillas: Cornada en región glútea con trayectoria de 35 cm. Pronóstico grave. Fue intervenido en la enfermería del coso.

sábado, 8 de junio de 2019

Valor y templanza ante la adversidad

Diego Urdiales fue ovacionado en el quinto tras una faena meritoria en una tarde sin apenas opciones 

Lamentable corrida de Alcurrucén, una de las ganaderías más esperadas de San Isidro, que resultó una mansada impropia y sin presencia 

Hacía años que la ganadería de Alcurrucén no lidiaba una corrida tan pobre en Madrid, pobre de toda solemnidad, paupérrima e impropia de presentación y, lo que es peor, sin el más mínimo atisbo de bravura a través de un sórdido muestrario de mansedumbres de toda condición y pelaje. Una corrida para el olvido en la que sólo pudo emerger, a través de una rendija que casi parecía distópica, la figura de Diego Urdiales con el quinto -'Limonero'- con el que ofreció toda una declaración de intenciones y práctica del toreo natural con un astado sin fondo con el que pisó los terrenos de la decisión sin el más mínimo aspaviento y en la que logró, a base de una perfecta colocación, de un temple casi imposible, dos series con la mano izquierda que el toro se tragó sin apenas darse cuenta. Está el torero de Arnedo en un momento de una lucidez y una expresión que hace fácil lo que resulta más complejo en el toreo. Colocarse en la rectitud de la embestida, jugar las muñecas y tirar de los vuelos con una convicción tan profunda que hubo muchos espectadores que lo vieron tan sencillo y no fueron capaces de aquilatar como se merecían las formas y el fondo de una faena que tuvo la virtud de ir creciendo a medida de que el torero de Arnedo iba ahondando en la áspera condición del animal. Creo que Urdiales atisbó la rendija que le ofreció 'Limonero' a la salida del primer puyazo y por eso se decidió a hacerle un quite por verónicas en los medios. El toro pasaba por allí desentendido y sin entrega, pero obedeció al diestro. Obviamente no lo brindó, era el quinto de la tarde, y la sensación de toda la plaza es que la corrida se había puesto imposible y que un milagro a esas alturas parecía harto improbable. Pero fue Diego caminando hacia el toro, desmonterado, pausado y muy serio. Y comenzó a cocinar los viajes con la mano derecha quedándose en el sitio y con la muleta resuelta y mandona. El toro iba cariacontecido y tras otra serie en redondo abrochada con un buen pase de pecho, sacó la zurda y consintiéndoselo todo le propinó dos series con dos naturales últimos en cada tanda tan hondos como improbables. Madrid se calentó a medias porque, en el fondo, sabía que no había más toro y que aquellas dos series del riojano iban a ser como un espejismo. Difícil más con menos. Había quedado la firma del torero de Arnedo que se fue detrás de la espada con absoluta derechura y cobró la estocada de la tarde y una de las mejores de lo que va de feria. El miércoles queda la Beneficencia. Y a eso se agarró a Urdiales casi desde el primero, un ejemplar feo, zancudo y pitorrudo, que literalmente no tuvo un pase. También lo despenó con una habilidosísima estocada. El mejor toro de la corrida fue el primero, con el que Antonio Ferrera planteó una una faena efectista al abrigo de chiqueros. Hubo colocación pero apenas toreo. A partir de ese momento, todo se fue despeñando y ninguno de los seis 'núñez' contentó a una cátedra que este viernes pareció asumir el cansancio de tantas semanas de toros seguidas. El misterio aparece pocas tardes y hasta Ginés Marín se vio afectado por esa necesidad de descanso. No tuvo lote y acusó en extremo el peso de la tercera tarde en Las Ventas con la miel en los labios de un toro de ensueño desaprovechado.

Feria de San Isidro. Toros de Alcurrucén (4° Cortijillo) muy desiguales de presencia, escurridos y mansos en diversas escalas. Corrida decepcionante, sin fondo y muy aquerenciada. El lote de Urdiales fue imposible: el primero se metió siempre por dentro soltando la cara y sin fuelle y su segundo, sin apenas codicia, tuvo un puntito de bondad pero careció de fondo e inercia
Antonio Ferrera: ovación con saludos y silencio.
Diego Urdiales: silencio y ovación con saludos tras aviso.
Ginés Marín: silencio y silencio
Plaza de Toros Monumental de Las Ventas. Casi lleno en tarde fresca y sin viento. Vigésimo quinta de abono.

viernes, 7 de junio de 2019

En busca del toro soñado

Urdiales actúa hoy en Madrid con toros de Alcurrucén con Ferrera y Ginés Marín


El diestro de Arnedo cumplimenta su segunda tarde en San Isidro ante astados de una ganadería que ha sido talismán en su carrera 

Diego Urdiales vuelve esta tarde a Las Ventas e inicia un ciclo de tres corridas que culminará el miércoles con la Beneficencia (la gran cita taurina de la temporada española) con un paso intermedio por Nimes en la matinal del domingo. Tres festejos de máxima expectación en la que el diestro riojano se las verá con sendas ganaderías de postín: Alcurrucén y Lozano Hermanos esta tarde (encaste Núñez), Victoriano del Río en la bimilenaria ciudad del Gard y Núñez del Cuvillo en la corrida del miércoles. Tres hierros que por vitola, origen y fondo de bravura tienen que ofrecer la oportunidad de hacer el toreo que hasta el momento se le ha resistido en este inicio de temporada, en el que sólo se salvan el manojo de embestidas que le regaló un ‘Juanpedro’ en Sevilla para componer varios pasajes memorables en La Maestranza. Y poco más. La ganadería de esta tarde –Alcurrucén– ha sido esencial en la carrera del matador de Arnedo, ya que las tres salidas a hombros que ha protagonizado en el coso de Bilbao han sido con este hierro fundamentado en Núñez y que siempre ha encontrado en la muleta del torero de Arnedo un elemento para desarrollar profundas y a la vez exigentes embestidas. Diego explica que la embestida ‘Núñez’ posee unas características especiales que le gustan por su forma de humillar y por el ya mítico ‘metrito más’ que son capaces de desarrollar al final de los muletazos persiguiendo las telas. En Madrid han lidiado toros sensacionales: ‘Jabatillo’ en 2015 (Castella, dos orejas), ‘Malagueño’ en 2016 (David Mora, dos orejas), ‘Bocineto’ y ‘Licenciado’ (puertas grandes de Juan del Álamo y Ginés Marín en 2017) y el fulgurante ‘Licenciado’, con el que ‘El Juli’ malogró con la espada la faena de su vida en Las Ventas el año pasado. Y más al fondo, la faena memorable de Aparicio de 1994, la primera puerta grande de José Tomás en Madrid de 1997 o los inolvidables ‘Tamborilero’, ‘Guitarra’ o ‘Musiquero’ que en 2005, 2006 y 2009 pusieron el triunfo en la mano a César Rincón, El Cid y Rubén Pinar. Todas las figuras buscan esos toros cuando se apuntan a la corrida de Alcurrucén en Madrid. Y eso persigue esta tarde Urdiales, que compartirá terna con Antonio Ferrera y Ginés Marín, dos diestros extremeños. El veterano Ferrera suma ya una puerta grande en San Isidro y Ginés Marín cerrará su paso por Madrid tras cortar una oreja en cada una de sus anteriores tardes. La corrida ha levantado mucha expectación y se espera una gran entrada.

martes, 4 de junio de 2019

SOBREHUMANO ESFUERZO


Tomás Campos, extremeño de Llerena afincado en Arnedo desde hace unos cuantos años, apenas tuvo opciones de casi nada en la única corrida que tenía en San Isidro. Se enfrentó a dos mastodontes gigantescos de Las Ramblas y se jugó la vida, especialmente con el primero, (que lucía dos perchas que asustaban al mismo Belcebú) como si todo su porvenir pendiera de sus pendencieros pitones. Tomás es un torero exquisito, un diestro con un valor a golpe cantado, que porfió en un esfuerzo sobrehumano y que salió de la plaza vivo de milagro.
El toro lo prendió dos veces y de las dos volteretas se asomó al balcón de la vida de manera inverosímil. La primera de ellas le agujereó la taleguilla. El gigantesco pitón penetró por el vestido, sostuvo la anatomía del diestro unos segundos acongojantes. No le taladró la piel ni el ánimo y volvió a ponerse en el sitio en una faena imposible pero absolutamente radical en su valor. El viento arreciaba y el de Las Ramblas siempre apretó hacia los adentros. Le dio igual a Tomás Campos, que se la jugó de nuevo por bernadinas. El toro se venció a la salida de la segunda, y le derrotó en el mismo pecho. El pitón se metió por debajo del chaleco y ahí se quedo enhebrado entre la piel y la tela mientras el diestro de Llerena hacía todo lo posible por zafarse de la cornucopia y volverse a asomar al balcón de la supervivencia. Dureza extrema, valor seco y compromiso con su carrera. No se puede pedir más.
El sexto era más grande que Víctor García ‘El Víctor’, que tuvo que fajarse en una lidia correosa y compleja a la que además se sumó el viento como compañero inefable. El toro le llegaba a Tomás Campos por el hombro y a esa misma altura llevaba la cabeza. No tuvo mal fondo, se movió con atonía, sin entrega, como si la cosa no fuera con él. A esas alturas de la corrida era imposible remontar casi nada en Las Ventas, pero allí salió Tomás, con su pequeña muleta y muy decidido con su rodilla en tierra. Lo intentó buscando los terrenos más protegidos del vendaval. Todo era imposible, por el toro, por el viento y por la tarde rara que casi desde que empezó tenía todas las papeletas para ser de las más oscuras de este luminoso San Isidro de buenos toros y grandes triunfos. Tomás no decayó en su empeño, porfió, porfió y hasta logró algún muletazo suelto donde imprimió ese sello suyo de la colocación y el temple.

Feria de San Isidro: Toros de Las Ramblas: seis bóvidos bicornes gigantescos y fuera de tipo, armados hasta los dientes, pero vacíos de casta y bravura. La peor corrida de San Isidro hasta el momento.Morenito de Aranda: silencio en ambos. Juan del Álamo: saludos en ambos. Tomás Campos: silencio tras aviso y silencio.Monumental de Las Ventas. Martes, 4 de junio de 2019. Vigésima segunda de feria. Media entrada larga en tarde de mucho viento. / Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

domingo, 19 de mayo de 2019

Pablo Aguado, el toreo sostenido en el tiempo




















Tiene Pablo Aguado un acento de compleja facilidad en su expresión. Muñecas lánguidas que sostienen el tiempo a puro vuelo de muleta. El toreo le brota sin artificio. Llega al toro y torea sostenido por un principio antiguo que él nos lo devuelve moderno y puro.

jueves, 16 de mayo de 2019

AHÍ VA UN TORERO

Hay muchos toreros buenos, como vinos buenos, como músicos buenos. Pero grandes toreros, como grandes vinos o grandes músicos no existen tantos; es más, se cuentan con los dedos de una mano. Tenemos la suerte de que en La Rioja haya nacido y se haya macerado uno de los grandes artistas del toreo contemporáneo, una excepción cultural de una manifestación artística contracultural, resignada a la incomprensión aplastante y aplastada que vive ahora en la penosa contradicción de la horrenda diatriba política y de un cerco mediático incomprensible e interesado. De ahí la importancia de este galardón, que reconoce a un torero y su arte, su arte total y absoluto en el que a cambio de expresarse con su alma pone en almoneda su existencia. Curro lo vio y lo bendijo. Curro es urdialista como fue currista Camarón, que de vivir ahora sería también urdialista como Curro. Gracias a Urdiales también comprendí que la verdadera mediocridad es estar al lado de la grandeza y no darse cuenta, o no querer darse cuenta. O negarla y acorralarla en el silencio. Yo le sigo por el orbe taurino desde hace décadas y he encontrado gentes de toda condición que le persiguen donde torea porque en cualquier momento puede brotar ese no sé qué, esa música, ese cante, ese melodioso eco que escuchamos con los ojos y con los oídos vemos, que escribió el comunista peregrino de exilio español, insigne y escuchimizado José Bergamín. He visto a Diego detener el tiempo en Bilbao. Lo he visto roto y desmadejado, harto de torear y toreando en mi ascensor. Lo he visto solo y rodeado de personas nobles y sencillas como él, de tipos en México DF que le perseguían pidiéndole retratarse a su lado con un taco pastor en el bar Villamelones, al lado de una foto de David Silveti, que también adoró a nuestro Diego. Enhorabuena maestro.

o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja tras conocerse la concesión a Diego Urdiales de la Medalla de las Beellas Artes de La Rioja

Entrega y dureza de Urdiales en Madrid

El riojano fue silenciado ante un lote crudo y seco y Perera salió a hombros con división de opiniones

Tarde seca y dura para Diego Urdiales ayer en la primera de sus tres comparecencias en este San Isidro que ayer celebró su segunda función con un impresionante lleno de ‘no hay billetes’ en una tarde de calor africano. Parecía un verdadero milagro aguantar al sol y con el culo en el granito hirviente de los tendidos atesados en el gran día del patrón labrador de la capital de España. Volvía el riojano a Madrid tras su histórica actuación de la Feria de Otoño y la afición venteña lo recibió con una gran ovación al deshacerse el paseíllo. Y exactamente eso fue lo que le duró el goce ayer a Diego, porque se las vio con dos imponentes torazos de Ricardo Gallardo que apenas le regalaron media embestida para hacer el toreo. Y se fajó con los ambos en sendas faenas sordas, en dos actuaciones con las zapatillas ancladas en el ruedo en las que tiró de repertorio técnico para sobreponerse primero y ahondar en la desesperada búsqueda del lucimiento. Pero era una meta imposible, ciclópea; apenas un milagro podía cambiar las nefastas intenciones de sus dos morlacos, dos toros sin acometividad y clase que acabaron defendiéndose y sin recorrido. El primero fue un Fuente Ymbro especialmente incierto que expresó desde los primeros lances con el capote sus intenciones: derrotes y nula entrega y con la sensación de que se reservaba el motor y las fuerzas para cuando se sabía ganador de la partida. Derribó espectacularmente el caballo de Óscar Bernal, el picador de Urdiales. El varilarguero voló literalmente por los aires y cayó de muy mala manera al suelo: de cabeza y sin apenas poder amortiguar el empellón con las manos. Se quedó a merced y por esos milagros que de vez en cuando suceden en la tauromaquia, el toro no hizo por él y se libró de una cornada que parecía segura.
No mejoró la cosa en banderillas, donde el calagurritano Víctor García ‘El Víctor’ se la jugó de verdad en un par de máxima exposición. El toro seguía derrotando y Urdiales se empeñó en la medicina del toreo mandón y severo por abajo. Toreo estético y con fondo para poder a un toro sin clase al que le fue buscando las vueltas por ambos pitones sin conceder ni un milímetro a la galería. Faena de torero no muy bien comprendida porque el riesgo que asumió fue máximo, sin concesiones, sin nada que fuera bisutería. Pero no hubo el eco que se merecía la apuesta. Lo fue sobando y hubo una serie en redondo en la que Urdiales logró ligar tres muletazos muy templados y rematados por abajo que dejaron al toro ‘listo de papeles’. No hubo más y ahí terminó el primer capítulo y casi la corrida entera para el de Arnedo, ya que el quinto fue otro monumento a la belleza del toro de lidia que se quedaba a mitad de la suerte cuando no se iba directamente al pecho.
Diego lo recibió con el capote en los terrenos del tendido siete buscando el refugió ante un viento molesto y racheado que aunque no era muy fuerte condicionó el toreo con los vuelos. En banderillas el toro comenzó a escarbar y aunque su condición no presagiaba nada bueno, Urdiales lo brindó a Don Juan Carlos, el Rey emérito, que ocupaba una localidad con la Infanta Elena en el tendido de preferencia que se sitúa sobre los chiqueros. Diego ordenó a su cuadrilla llevar al toro a los terrenos del seis y allí planteó la faena. Lo sacó al tercio y en la segunda serie con la mano derecha se le vino cruzado directamente al pecho. Intentó alagar la embestida con el sutil vuelo de los engaños, pero el toro se quedaba siempre a mitad del muletazo. La faena no terminó de despegar y el público despidió al astado con una sonora bronca.
El premio de la corrida se lo llevó Miguel Ángel Perera con el gran toro Pijotero, un encastadísimo ejemplar de Ricardo Gallardo con el que se empleó en una faena mandona y espectacular con la mano derecha en la que logró tres emocionantes tandas basadas en la distancia y la ligazón. La estocada fue fulminante y cortó dos orejas (protestada la segunda) que le sirvieron para abrir la puerta grande.


o Feria de San Isidro. Toros de Fuente Ymbro: muy serios, armados y hondos; una corrida imponente de proa a popa. Destacó el 3°, Pijotero, un astado de gran empuje que fue a más durante toda la faena y que embistió siempre por abajo y de forma incansable. El lote de Urdiales apenas dio opciones: reservón e incierto el primero y sin clase y con peligro sordo su segundo. Finito de Córdoba: silencio y pitos. Diego Urdiales: silencio tras aviso y silencio. Miguel Ángel Perera: dos orejas tras aviso (muy protestadas) y silencio. Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid). Segunda de abono. Lleno de no hay billetes. Miércoles, 15 de mayo de 2019.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Diego Urdiales: «Sé que me esperan instantes de grandes emociones»

El diestro de Arnedo lidia hoy su primera corrida de San Isidro ante toros de Fuente Ymbro y colocará el primer ‘no hay billetes’ en Las Ventas de la feria

Diego Urdiales vuelve esta tarde (19 horas, ‘Movistar Toros’) al ruedo de Las Ventas, la plaza en la que el año pasado cuajó la faena más importante de la temporada (y de su vida) a un gigante de Fuente Ymbro llamado ‘Hurón’. Hoy se las verá con la misma ganadería gaditana en el San Isidro más esperado de su vida y que coronará bien metido el mes de junio con la corrida de Beneficencia. Se pondrá el primer ‘no hay billetes’ de la feria.
-¿Parece que haya pasado un suspiro entre la feria de Otoño y la corrida de hoy?
-Puede ser, es complicado explicar las sensaciones vividas y los recuerdos que se agolpan de aquella corrida y de las dos faenas.
-¿Cómo espera que le reciba Madrid?
-Serán momentos de muchas emociones. Vestirse en el mismo hotel, la llegada a la plaza, el paseíllo. Se van a acumular muchas cosas pero quiero tomármelo con serenidad porque estoy muy centrado en el presente, en estas tres tardes que me espera en Madrid. Y en principio en la de mañana (por hoy).
-¿Es tan grande la presión de torear en Las Ventas?
-Es una plaza muy especial; es única. La he vivido desde todas las perspectivas. Desde fuera como aficionado impone por su grandiosidad, por el toro que sale, por el público. Como torero las sensaciones son diferentes cada día. El viento te obsesiona, la corrida, los lotes, lo que te cuentan en la habitación después del sorteo. Puede ser una rutina pero cada tarde es diferente, cada una tiene su historia.
-Su debut en San Isidro fue en una sustitución. En ese momento no hubo tiempo para nada.
-Fue tremendo, el día anterior me fui a tentar a una ganadería de Jaén. Toreaba poco y presentarse en Las Ventas era como sobreponerse a una agonía. Fue al año siguiente de indultar a ‘Molinito’. Pues bien, llegué a Madrid por la lesión de un compañero e hice una de las mejores faenas de mi vida.
-Un día dijo que a lo mejor no volvía a torear en Madrid como aquella tarde de 2008.
-Lo dije porque lo sentía así. Fue el primer toro de Carmen Segovia, lo pinché y luego corté la oreja al segundo.
-¿Tras sus triunfos de Madrid y Bilbao y la gran tarde de Pablo Aguado en Sevilla parece que está cambiando el paradigma del concepto del toreo bueno?
-Yo siempre he buscado mi forma de torear que era el que marca mi sentimiento como torero. En los últimos años se ha prodigado otras formas distintas en las que imperan el movimiento y la largura. Mi idea es esperar al toro y llevarlo con la máxima naturalidad. Es lo que he ha llenado como aficionado y lo que he visto en los toreros a los que he admirado toda mi vida.
-¿Quiénes son?
-Muchos. Paco Camino, Pepín Martín Vázquez, Rafael Ortega, Curro Romero, Rafael de Paula, 'El Viti'. Me gusta mucho ver sus vídeos, cómo andaban por la plaza y por la vida. Son referentes en todo y son artistas que toreaban con su corazón. Y además, eran en cierta manera imprevisibles, sorprendentes y personales. Creo que eso es lo que marca las diferencias. Nunca sabías lo que iba a suceder en la plaza.
-El año pasado no estuvo en San Isidro y este año va tres tardes. ¿De locos?
-No me ofrecieron lo que pienso que merezco y no vine. No hay más.
-¿Es duro decir que no?
-No me ha quedado más remedio que decirlo muchas veces y aún lo sigo diciendo.
-Llegó a Sevilla en un cartel con los dos toreros más aclamados de La Maestranza y marcó su tarde con una gran faena. ¿Esperaba más?
-La espada me privó de una oreja, pero hubo toreo y me pude expresar. El toro estaba casi cogido con alfileres y me vi capaz de torearlo muy despacio. La gente y la prensa lo vio y yo sentí momentos muy profundos.
-¿Es muy diferente la plaza de Madrid a Sevilla?
-Sí y es hermoso, es una de las grandezas del toreo, la personalidad de cada público. Madrid y Sevilla son plazas muy exigentes, creo que con Bilbao donde más responsabilidad sentimos los toreos.

martes, 14 de mayo de 2019

Comienza hoy San Isidro, con 34 tardes de toros seguidas en Las Ventas

Diego Urdiales actuará en tres corridas y comenzará mañana su periplo con el regreso a la capital de España tras la histórica Puerta Grande de Otoño

Treinta y cuatro corridas de toros, 15.268 abonados a todos los festejos, y once tardes camino del lleno completo en Las Ventas en el primer día de venta de entradas sueltas (en el que se despacharon la friolera de 48.000 entradas) marcan los números de la feria más importante de la temporada taurina: San Isidro, que comienza esta tarde con toros de La Quinta para Rubén Pinar, Javier Cortés y el francés Thomas Duffau. Hasta el próximo 16 de junio van a desfilar las principales figuras de a tauromaquia en una edición marcada por el sorteo al que acudieron diez toreros con la posibilidad de apuntarse a dos tardes en la feria en un elenco concreto de ganaderías. Lo nunca visto, tanto es así que tres de las principales figuras declinaron la oportunidad de jugarse un hierro y elegir otro después. Fueron Morante de la Puebla, José María Manzanares y ‘El Juli’, que tras la grave lesión de Ponce en Valencia fue rescatado como salvador del abono y que finalmente actuará dos tardes: el 24 de mayo con la corrida de Juan Pedro Domecq, y la Beneficencia (12 de junio) con Diego Ventura y Diego Urdiales. Al diestro riojano le esperan dos corridas más. Mañana ante astados de Fuente Ymbro con Finito de Córdoba y Miguel Ángel Perera, y el 7 de junio, ante toros de Alcurrucén y con Antonio Ferrera y Ginés Marín. Tres tardes en las que en dos se colocará el cartel de aforo completo con toda probabilidad. Roca Rey, que firma todas sus actuaciones con llenos en las plazas en las que actúa (Valencia, Sevilla, Madrid...) se apuntó al bombo y su apuesta deparó uno de los carteles más esperados de la feria, ya que el 30 de mayo se las verá con los astados de Adolfo Martín, una divisa muy exigente que se sale diametralmente de los cauces ganaderos que acostumbra el joven torero peruano. Su presencia en Las Ventas es uno de los grandes alicientes de un elenco en el que aparecen muchos toreros llamados a dar el relevo a la actual generación de figuras.

o Números que marean. 34 festejos (corridas, novilladas y rejones); 15.268 abonados; 48.000 entradas sueltas vendidas el primer día y más de once llenos ya de no hay billetes.
o Tres tardes para Diego Urdiales. 15 de mayo. (Fuente Ymbro) con Finito de Córdoba y Perera; 7 de junio. (Alcurrucén), con Ferrera y Ginés Marín y 12 de junio, Beneficencia. (Núñez del Cuvillo) con Diego Ventura y El Juli.

lunes, 13 de mayo de 2019

Palhas nobles y toreo vulgar

Sánchez Vara fue el gran triunfador de la tarde con tres orejas y Pacheco se conformó con una

Javier Sánchez Vara es un coletudo veterano de mil batallas, bregado en pueblos y talanqueras y perito máximo en la ganadería portuguesa de Palha, a la que le estuvo a punto de cortar una oreja en Madrid. Hace tres años se las vio en Las Ventas con ‘Cazarrrata’, de Joaquín Moreno Silva, y sobrevivió a uno de los morlacos más difíciles y ásperos que se han lidiado en el coso más importante del mundo. Ayer compareció en la plaza de Santo Domingo de la Calzada, con su terno gris y oro (prudente en alamares) y sin despeinarse se fajó con el torazo que abrió la corrida. Un animal cinqueño con pinta de reviejo de Rosa Rodrigues, que contrastaba con la fragilidad del coso por su enorme corpachón. Pero el gigante fue más fachada que otra cosa y tras parearlo con soltura (con un par al violín incluido) lo lanceó con precisión por ambos pitones en una faena lidiadora en la que fue deshaciéndose de las tarascadas del animal con la muleta como prenda defensiva. Las buenas gentes del lugar le premiaron con una oreja por su profesionalidad y rigor táctico. El tercero fue otra cosa: bizco, escurrido de los cuartos traseros y silleto, embistió con alegría y prontitud desde que compareció en el ruedo. Sánchez Vara lo recibió a la verónica a toda velocidad y después fue intercalando otras suertes como chicuelinas y una media en el platillo. El toro se empleó en el caballo y Vara volvió a demostrar su superioridad con los palitroques. Pareó sin despeinarse y encontró toro en todos los terrenos. El morlaco luso tenía emoción, ritmo y embestía por abajo aunque sin demasiada clase. Y el torero alcarreño, que no es un exquisito, planteó una faena efectista colocándose siempre en la pala del pitón en la que pasó una y otra vez al toro en una sucesión de series bastante ramplonas en las que destacó algún pase de pecho. Vara estuvo profesional y digno, pero sin embraguetarse con una embestida que merecía mucho más. Sin embargo, el público se conformó son su trasteo y tras una buena estocada le dieron dos orejas pedidas con clamor. Hubo quien solicitó la vuelta al redondel de toro, especialmente el grupo de amigos que acompañó al criador portugués. Miguel Ángel Pacheco es un diestro gaditano muy nuevo y apunta al toreo largo contemporáneo. El primero de sus oponentes, que cerraba la cara con los dos pitones mejor presentados de la tarde, fue realmente noble. Un toro muy humillador, demasiado castigado en varas, que acabó rajado pero que tuvo varias series más que notables por ambos lados. Pacheco dio una serie muy buena con la mano izquierda templando al animal con los vuelos. Pero se lo sacó al tercio, retrasó la pierna contraria y se empeñó en el toreo monocorde y monocromo habitual de casi todas las tardes. El toro se puso tardo pero cuando metía la cara repetía en cinco o seis arrancadas muy por abajo y más que potables. Pudo cortar oreja, pero pinchó. El último de la corrida fue el peor y la lidia tampoco ayudó a que mejorara la cosa, especialmente en el tercio de banderillas, donde ya se vio la mansedumbre del animal. Pacheco tiró de cercanías una y otra vez en un trasteo gris que sólo se salvó por la estocada efectiva aunque trasera y desprendida que le sirvió para cortar el último trofeo de la tarde.

o Toros en Santo Domingo de la Calzada. Toros de Palha (Joao Folque de Mendoza) y un remiendo cinqueño de Rosa Rodrigues (encaste Murube). Corrida seria, honda, aunque dispar de hechuras y comportamiento. El de Rosa Rodrigues que abrió plaza fue un torazo enorme pero de escaso fuelle que embistió con muy mala clase. Manejables el resto; destacó por su acometividad el tercero. El segundo humilló mucho aunque se desfondó y cantó la gallina, y el que cerró la corrida fue el de peor nota ya que acabó parado y reservón. Javier Sánchez Vara: oreja y dos orejas tras aviso. Miguel Ángel Pacheco: silencio y oreja tras aviso. Plaza de toros de Santo Domingo de la Calzada, alrededor de mil personas en los tendidos. Como sobresaliente actuó Enrique Martínez ‘Chapurra’ (al que no se le dio la opción ni de dar un quite) y la presidencia tardó en demasiadas ocasiones en los cambios de tercio. Tarde soleada y fresca. Domingo, 12 de mayo de 2019.

martes, 7 de mayo de 2019

El toreo lento se mece con el alma

Clamor por la lentitud del toreo del arnedano tras una faena para la memoria que no logró el premio al caer a espada baja pero que ratificó su momento

Es difícil asomarse, siquiera, a la lentitud que imprimió Diego Urdiales a su toreo en La Maestranza. Tan lento, tan conmovedor y tan roto de torería que el público recibió con asombro aquel racimo de naturales finales enfrontilado y a pies juntos ante ‘Nebli’, el Juampedro bellísimo al que redujo su velocidad a la mínima expresión de la cinética. Se diría que como aquella encina que antaño plantó ‘El Viti’ en esta misma plaza, ayer Diego dibujó el aire mecido de una vid de garnacha en ese minúsculo espacio de la divisoria del sol y la sombra donde fue macerando una faena rica en antoncianos, sin el más mínimo retorcimiento: compás desnudo de adjetivaciones, la cintura, las yemas de los dedos, los vuelos, la tela como líquida, todo resumido en tal naturalidad que lo que estaba sucediendo rayaba con lo imposible, con lo inaudito de su propia excepción como torero. Un tipo de Arnedo al que Curro Romero ha designado como su plentipotenciario embajador en el presente, como el genuino depositario de la esencia. Hubo tanto toreo, tanta expresión, tanto asiento como bellezas sueltas. Un soberbio trincherazo, tan redondo y fluido que retaba a la forma del agua de sus dos capítulos a la verónica. Primero en las de recibo, mirando a los ojos a Pepín Martín Vázquez por su hondura gravitacional y después, acordándose de Rafael en las del quite, con dos medias: la primera de recurso para aliviar el viaje que se le vino por dentro, y la segunda vibrante con efluvios de Antoñete. Urdiales se recreó, en fin, en redondo y al natural, con tiempos para el toro, ahondando en la paciencia para traerse al animal embebido desde los embroques y afianzar el escaso fuelle que desarrolló desde su comparecencia en el albero. No hubo música; sonó el estremecedor compás del crepitar de sus telas rozándose con el albero. Tiempo y compás; compás del tiempo. Y Diego bordando el natural; con el medio pecho o como al final de la faena, a pies juntos, homenaje al toreo de frente, a una forma de ser y sentir la tauromaquia. Una belleza desplegada sin una mota de afectación. Sevilla asombrada y una pena la estocada baja que le privó de la oreja pero le puso en bandeja una vuelta al ruedo aclamada y sentida como pocas. La faena más armónica de lo que llevamos de feria, la sustancia del toreo marciano en una época en la que la velocidad esconde todos los defectos del arte como el exceso de frío escamotea los aromas más profundos de nuestros vinos blancos más legendarios. Esta faena tendrá la virtud de crecer con el tiempo, de saborearse y recrearse con ella en los predios de la memoria. Urdiales se sintió en Sevilla y la cátedra del Baratillo literalmente se emocionó con su naturalidad por encima de pasajeras modas. El quinto fue un toro rebrincado por el que Diego Urdiales apostó más allá de lo necesario dejándoselo crudo en el caballo y al que le ofreció todas las ventajas. Se quedó muy quieto y expuso más de la cuenta. Salió rebotado, afortunadamente sin consecuencias, del espadazo y escuchó un aviso. Morante ofreció momentos también sublimes. Disfrutó con un sobrero al que se empeñó en torearlo en terrenos de chiqueros tras embarrar el albero con un inoportuno manguerazo en mitad de la corrida. El diestro de La Puebla salió arreado y planteó una faena de bragueta y colocación en la que logró momentos extraordinarios al natural. Morante salió espoleado por el toreo de Urdiales. Retar al artista máximo del toreo con la naturalidad de los vuelos tiene estas maravillosas consecuencias. Y aunque marrara con los aceros, el público asistió embelesado a una gran tarde de toreo. Dos diestros diferentes en el palo de la misma expresión, frente a frente. Ojalá vengan más tardes para descarrilar la monotonía que nos abruma y revolver los cimientos del toreo con la imprevisibilidad del arte.

FICHA Seis toros de Juan Pedro Domecq, corrida preciosa de lámina, noble, con clase pero justos de raza y fuelle. El cuarto, devuelto; sobrero del mismo hierro. El mejor de la corrida fue el sexto, que derrochó clase y calidad por ambos pitones. Morante de la Puebla: silencio y ovación con saludos tras aviso. Diego Urdiales: vuelta al ruedo y silencio tras aviso. José María Manzanares: silencio y palmas Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería: lleno de no hay billetes. 8° de abono; lunes, 6 de mayo de 2019.

lunes, 6 de mayo de 2019

Diego Urdiales torea hoy en Sevilla con Morante y José María Manzanares

La Maestranza coloca el cartel de 'No hay billetes' y se lidiarán toros de Juan Pedro Domecq en una de las corridas más esperadas de la feria

Diego Urdiales regresa hoy al ruedo de La Maestranza en uno de los carteles más rematados de la Feria de Sevilla en plena semana de Farolillos. Toros de Juan Pedro Domecq para una terna en la que el riojano irá emparedado entre Morante de la Puebla y José María Manzanares, dos diestros predilectos de la afición hispalense y un riojano de Arnedo que aspira a dejar sobre ese legendario albero momentos de belleza insuperable como los que destiló el año pasado en Madrid y Bilbao. «No he tenido muchas opciones de triunfo en Sevilla, he sentido el olé pero no he podido redondear», explica el diestro riojano desde Carmona, un pueblo cercano a la capital de Andalucía en el que se ha concentrado con Víctor García 'El Víctor' para preparar a fondo la corrida. El diestro riojano lleva varias semanas con problemas en el cuello y la espalda que se desataron tras sus tardes de Valencia y Arnedo: «Es una lesión en las vértebras que me producen dolor y me paralizan bastante el brazo. Llevo varias semanas de tratamiento y me encuentro bien, sobre todo después de realizar varios tentaderos y notar cómo las molestias no me han impedido torear en buenas condiciones». La terna le motiva mucho: «Es maravilloso, con dos máximas figuras y con una ganadería que atraviesa un momento extraordinario. Es como un sueño poder hacer el paseíllo en una corrida así. Desde pequeño soñaba con tardes como ésta, en Sevilla, su feria... Es algo inenarrable lo que siento». El cartel ha desatado tanta expectación que desde principios de la semana pasada no había entradas disponibles en la página web del coso. Al diestro riojano le han realizado diferentes entrevistas en los principales rotativos de Sevilla. Se le denomina «torero de culto» y se hace un especial énfasis en su relación con Curro Romero: «Llama mucho la atención. Pero la verdad es que nos hemos convertido en muy buenos amigos, es una persona extremadamente jovial y respetuosa y en el toreo está considerado lo máximo. Le he admirado siempre como torero y como persona es alguien muy especial». La ganadería de Juan Pedro Domecq es uno de los hierros clásicos de Sevilla y una de las predilectas de las figuras: «Sólo pido que me embistan», dice el torero.

sábado, 13 de abril de 2019

ISRAEL GALVÁN, UN GENIO

Lo más complejo en un artista es ser capaz de crear un lenguaje propio, un estilo que sea único, tuyo y particular. Hacerlo en el flamenco es aún más complicado porque en esta expresión artística la tradición y el respeto a las formas canónicas tiene un peso gigantesco. Sin embargo, en determinadas ocasiones de la historia han aparecido maestros de talla gigantesca que han sido capaces de crear nuevas modulaciones y fórmulas que partiendo del conocimiento de la urdimbre de cada uno de los palos, de sus ritmos y de sus variantes, han evolucionado el arte con sus personales creaciones. Los ha habido en el cante, desde Don Antonio Chacón, Caracol, Camarón, Morente; en el toque: Sabicas, Montoya, Ricardo, Paco y Rafael Riqueni y, desde luego, en el baile. Y el último de ellos, es Israel Galván, que dejó el jueves en el Bretón (en el último concierto del ciclo) una actuación tan intensamente personal como bella y cuajada de momentos verdaderamente mágicos, con el cante de David Lagos y la guitarra absolutamente melismática de su hermano Alfredo, que dio un soberbio recital de elegancia por todos los palos, por soleá, por alegrías, por siguiriya, por donde usted quiera que vaya, Alfredo lo borda, como demostró el año pasado con Rosalía en el Salón de Columnas.

Israel baila, canta y toca la guitarra con su cuerpo. Se deshace en un paseo vibrante por los cantes del flamenco en una sucesión inmarcesible y única de encuentros y desencuentros con su anatomía, que crepita con el misterio de la intensidad, del ritmo frenético, con las disonancias de las reverberaciones de ese tablado negro y conmovedor que parecía que el propio teatro, sus cimientos, se sumaban a su danza negra y luminosa a la vez. Israel es único, diferente a cualquier bailaor de la historia porque su sintaxis es distinta. Baila en el contrapunto, en el alambre de todos los alambres (’Man on wire’) y hace precisamente de su derrumbarse por todos los precipicios sin perder ni un ápice de su personalidad buena parte de su inalcanzable herencia.

Baila en la silla, sentado baila. Se encarama en la silla y baila. Pisa la silla y sigue bailando como un cóctel de todas las danzas. Es puro sincretismo, adIvinación de bailes. No respira. El público respira por él conteniendo sus bocanada de aire cuando se sube por las paredes de la danza y hace que crepiten sus nudillos, la falanges, no existe hueso de su cuerpo que no vibre cuando baila. Su taconeo va más allá del taconeo. No sé si es más rápido que aquel genial Ramírez, pero ametralla a compás como pocos. La Edad de Oro es su mejor obra. La más radical aunque formalmente sea la más parca en motivos. El cantaor, el tocaor, una silla y el negro infinito del escenario. Un juego de luces para romper el fondo inmensamente negro y toda la creatividad gigantesca del más personal de los bailaores. Me cautivó en 2008 con Fernando Terremoto y el jueves nos volvió a dejar a todos entusiasmados.

o XXIII JUEVES FLAMENCOS Obra: La Edad de Oro. Solista de baile: Israel Galván. Cante: David Lagos. Toque: Alfredo Lagos. Séptima a y última gala del abono. Teatro Bretón de los Herreros. Jueves, 11 de abril de 2019.

jueves, 11 de abril de 2019

El regreso a la Edad de Oro

Israel Galván cierra esta noche los Jueves Flamencos con su obra más excelsa

El bailaor sevillano vuelve doce años después de presentar esta obra en el Bretón con la voz de Fernando Terremoto

Acaba esta noche (20.30 horas) en el Teatro Bretón la XXIII edición de los Jueves Flamencos, un ciclo que por el nivel de sus protagonistas, categoría artística y respuesta de público se ha consagrado como una de las principales citas de lo jondo en el panorama nacional. Y como no podía ser menos, el cierre de hoy viene por todo lo alto, con la presencia de Israel Galván (Sevilla, 1973), el bailaor que está en las cimas del escalafón de la danza flamenca contemporánea y que no deja a nadie indiferente con su particular visión del baile, en la que afloran perfiles en ocasiones ásperos y tortuosos y momentos extraordinariamente sublimes y únicos.

Galván, que se presentó en Logroño en 2007 con esta misma Edad de Oro, lo hizo de la mano de Fernando Terremoto al cante y Alfredo Lagos a la guitarra. Aquella actuación fue memorable, con el prematuramente desaparecido cantaor de Jerez en absoluta sazón y un Galván en una secuencia de bailes en los que dio la dimensión exacta de lo que supone ser un artista de época. Tan grande es su recorrido y tantos incondicionales tiene en el mundo, que hace tres años la Presidencia de la República Francesa le concedió la insignia oficial en la ‘Orden de las Artes y las Letras’ por los lazos privilegiados que mantiene con Francia y su relevancia al propagar el flamenco en el país vecino.
La realidad es que Israel Galván tiene una forma de bailar que produce un estremecimiento desde la cadera hasta la coronilla, desde el dedo meñique del pie hasta el dedo gordo de la mano. Así explica el propio bailaor las claves de su peculiar estilo: «Es un proceso muy largo. No creo que exista un punto de inflexión. Me di cuenta de que era mi cuerpo el que me hablaba y que mi forma de bailar era la que expresaba mi yo más íntimo. Yo no me expreso hablando, lo hago con el cuerpo».

La Edad de Oro del flamenco corresponde al periodo que va del último tercio del siglo XIX al primer tercio del siglo XX. Y precisamente a esta época histórica se refiere principalmente al cante y al baile, ya que la guitarra tardaría aún muchos años en desarrollar su auténtica valía.
Desde este punto de vista, ningún cantaor o bailaor de hoy, salvo casos excepcionales, podría igualar en calidad, pureza y creatividad, a aquellos que, llevando el flamenco a su apogeo, han firmado esta Edad de Oro. Aparece entonces un declive de los cánones formales del arte flamenco tal y como quedó establecido en esa época dorada: Empobrecimiento, simplificación, mestizajes y fusiones, así como pérdida de contenidos, de sentido y del espíritu que animaba a este arte.
Con David Lagos, cantaor que atesora con mimo los cantes de las épocas doradas, y Alfredo Lagos, el tocaor que acompañó el año pasado a Rosalía en este ciclo, Israel Galván se amarra a las referencias buscando la aproximación a los cánones estilísticos de aquella época pero imprimiendo su personalidad más absoluta. Pedro G. Romero explica que con Israel «siempre se escapa un brazo de su ángulo, se desdibuja el suelo debajo del zapato, el equilibrio está a punto de perderse y casi se ve el cuerpo ya caído, extendido a lo largo del suelo».

Israel recuerda la personalidad de Fernando Terremoto, que tantas veces hizo esta obra con él y que le acompañó en Logroño: «En todos estos años de la Edad de Oro sobrevuela el recuerdo de mi admirado y desaparecido Fernando Terremoto, un recuerdo imborrable porque fue el cantaor que más veces me acompañó con esta obra». Romero ofrece otra clave de esta obra: «Por un lado remite a la época dorada del flamenco y de cualquier arte deberíamos decir, el tiempo áureo. Pero también, por la singularidad del Israel Galván de entonces, –un heterodoxo–, remitía a la famosa película de Luis Buñuel y sus intenciones de hacer protagonistas a los gusanos que devoraban la gran manzana del flamenco». El bailaor lo tiene muy claro: «Busco mi propia libertad, asumo riesgos; lo sé, pero me emociona caminar al lado del precipicio. Quizás sea mi sino», concluye. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

domingo, 7 de abril de 2019

SOÑAR EL FLAMENCO

El concierto tuvo tintes de ensoñación. Fue una de esas noches en las que se junta todo. El cante, el toque, la gente. Una atmósfera increíble para soñar el flamenco en su virtud máxima de belleza, elegancia, fuerza y asombro. Porque fue asombroso el paseo que hizo por las geografías del flamenco Paco del Pozo; del metal de su voz en los cabales a la policromía de una una guajira en la que con Paquito Vidal a la guitarra deslumbraron por los senderos de la más bella sutileza que imaginarse puedan. Hizo Paco orfebrerías con su garganta destilando los tonos por abajo –y por arriba– con la sensación absoluta de que todo era de verdad, sin la más mínima superchería, ni afectación, ni engolamiento. Vidal a la guitarra se salió y entre los dos la obra resultó sencillamente magnífica: los prodigiosos confines de Marchena aguardan de exploradores con el talento de Paco del Pozo para dar gloria a unos cantes a los que los funestos guardianes de la esencia quisieron arrumbar a los pabellones del olvido. Fue hermosísima la malagueña, en la que comenzamos a disfrutar del talento de un Paquito Vidal que fue capaz de poner a todo el público en pie en una de las ovaciones más grandes que se recuerdan en Logroño a un guitarrista. Si la memoria no me falla hay que remontarse a la excelsa actuación de Riqueni con Estrella Morente para sentir un calor así. Paco del Pozo hizo un concierto de figura máxima: bordó las alegrías con aroma a Chano, las dos soleares; aunque la de Triana me pareció conmovedora y todo lo que hizo destiló una clase de cantaor al que le adorna una sabiduría y un compás inabarcable. Es uno de los grandes.

o XXIII JUEVES FLAMENCOS. Cante: Paco del Pozo. Toque: Paco Vidal. Teatro Bretón de los Herreros de Logroño. Sexto concierto del abono (localidades agotadas). Jueves, 4 de abril de 2019.

jueves, 4 de abril de 2019

«Con veinte años no escuchaba a Marchena, ahora hasta me atrevo a hacer sus cantes»

Ganador de la Lámpara Minera en 1997, Paco del Pozo debutó al año siguiente en Logroño y hoy vuelve con el toque de Paco Vidal

«Ha pasado mucho tiempo desde que me presenté en Logroño, pero la esencia es la misma y la ilusión permanece intacta», explica el cantaor madrileño Paco del Pozo, que actúa esta noche (20.30 horas) en el Teatro Bretón en el penúltimo concierto de los Jueves Flamencos. Paco del Pozo debutó en Logroño en 1998, con su flamante Lámpara Minera y en la segunda edición de un ciclo que encabezó Chano Lobato, con nombres extraordinarios como Pepe Habichuela, Tino di Geraldo, Duquende, y Vicente Soto, entre otros: «Qué gran cartel».
-¿Qué queda de aquel joven cantaor?
-En el fondo soy el mismo, aunque tengo mucha más experiencia y una enorme madurez. Sigo con ese temperamento que me ha definido desde siempre como cantaor.
-¿Qué recuerdos tiene de Logroño desde sus inicios?
-Preciosos, he actuado varias veces en la gira del norte y siempre me quedo con la sensación de que he dejado muchos amigos. Antonio Benamargo me dice siempre que vuelvo es por aclamación popular. Llegué con 23 años a la primera actuación y el público me recibió con un calor especial. La afición de Logroño me gusta porque es agradecida y a la vez exigente. Notas como los oles son siempre a tiempo y se nota que tantos años de ciclo flamenco ha creado una gran base de aficionados.
-¿En qué medida ha evolucionado su expresión artística?
-Siempre digo que el cante no es ajeno a la evolución personal y emocional de cada uno. Hay una cosa que me ha hecho crecer que es mi parte pedagógica. Llevo diez años de profesor en la fundación flamenca ‘Casa Patas’ y tres en el Conservatorio de Madrid dando clases. Este trabajo me ha hecho cambiar mucho porque veo el cante de otra manera; soy mucho más analítico porque tengo que explicarlo a los alumnos. Pero destaco por encima de todo mi evolución personal. Con veinte años no escuchaba a Marchena quizás porque no me sentía identificado con su cante o no me sentía capaz de hacerlo. Sin embargo, ahora le escucho e intento hacer sus cantes. Todo eso tiene un proceso. El cante está vivo y como artista no te puedes cerrar a ninguna influencia. Ahora tengo más registros y puedo cantar de formas diferentes.
-Antes parecía que algo así era un sacrilegio...
-Eso lo dicen hoy en día los que no tienen otra cosa que ofrecer. Quizás los cantaores que no nos hemos desarrollado en entornos absolutamente propicios para el cante nos hemos dado cuenta de que el cante mismo hay que desarrollarlo en todas sus facetas. Fíjese, muchas veces me han dicho que soy un cantaor largo y estudioso. Y la verdad es que yo no he estudiado nunca. Lo he escuchado siempre por gusto, por placer, siempre estoy escuchando cante. Eso es lo que te mantiene y te hace evolucionar.
-Usted es profesor. ¿Se puede aprender a cantar flamenco?
-Desde luego, es un arte trasmitible. Los alumnos que vienen con el perfil de preaficonados tienen mucho ganado. Yo siempre digo que es una música culta que requiere de un cierto acercamiento antes de ponerte a cantar. Todo el mundo puede aprender; yo tengo alumnos de todas las edades. Luego la expresión va dentro de cada uno. Los mitos se van cayendo poco a poco y a las pruebas me remito con muchas de las primeras figuras del cante contemporáneo.
-¿Qué piensa de la crítica?
-Se ha perdido mucho con la digitalización. Me da pena, pero las grandes cabeceras de la prensa española que siempre tenían sus críticos apenas hacen referencia al flamenco. He tenido malas experiencias con alguna crítica y me las tomaba como constructivas para seguir mejorando.
-¿Cómo será el concierto?
-Como una actuación clásica pero con matices diferentes. Se suele cantar por siguiriyas, pero yo haré tres cabales seguidas y diferentes para romper un poco con la tonalidad habitual; o la guajira al calor de la evolución que me llevó a escuchar más a Marchena y a endulzar el cante.
-¿Hay riesgo de convertirse en ‘cantante’, como diría algún crítico?
-José María Gallardo me dijo que yo era un grandísimo cantaor y también un grandísimo cantante. Esas cosas hay que tomárselas con humor, siempre con humor. o Esta entrevista la he publicado en Diario La Rioja

lunes, 25 de marzo de 2019

Miguel Aguilar se alza con el Zapato de Plata

Importante y bien presentada novillada de Miranda y Moreno y vuelta al ruedo al quinto

Miguel Aguilar, novillero mexicano de Aguascalientes que se encuentra enrolado en el Centro Internacional de Tauromaquia y Alto Rendimiento (CITAR), se hizo ayer con en Zapato de Plata de Arnedo tras las deliberaciones del jurado instantes después de terminar la novillada. Los tres diestros actuantes cortaron una oreja por coleta ante una interesante, seria, corajuda y movida novillada de Miranda y Moreno, que regaló infinidad de embestidas a lo largo de toda la función. La presidencia premió con la vuelta al ruedo al quinto, un novillo serio y con mucho motor, que no paró de embestir, aunque el de más calidad saltó en tercer lugar y le correspondió a Guillermo García, que logró los mejores lances del festejo, especialmente una serie con la mano izquierda en la que dibujó algún natural acompasado.
La realidad es que los tres jóvenes diestros se emplearon al máximo. Miguel Aguilar labró su triunfo en el quinto, en una faena de buen corte en la que consiguió dos tandas con buen gusto por ambas manos. Era el último novillo sin caballos de su carrera y si lo desea podrá elegir ganadería en la próxima Feria del Zapato de Oro. En el primero de su lote comenzó de rodillas y terminó por manoletinas en una faena compleja por la velocidad con la que embestía el animal. Con el capote entró en quites y dejó momentos de mucho lucimiento.
Uno de los momentos más curiosos de la novillada fue el salto al callejón del quinto, que provocó el terror entre los que se encontraban fuera del burladero y que se tuvieron que lanzar al ruedo para salvarse de una segura cogida en en anillo interior de la plaza. Uceda Vargas también cortó una oreja tras una faena voluntariosa al primero.

domingo, 24 de marzo de 2019

Triunfos, torería y gran entrada

Diego Urdiales con tres orejas y Tomás Campos con dos, salieron a hombros

La corrida de 'Toros de la Plata' decepcionó porque se apagó demasiado pronto y Cayetano toreó muy bien al segundo de la tarde, al que cortó una oreja de peso

Tarde de triunfo en la apertura de la temporada en La Rioja. Extraordinario aspecto en el Arnedo Arena con más de 3.500 espectadores en los tendidos y mucho más allá de las orejas y de la salida a hombros de Diego Urdiales y Tomás Campos, hay que poner de relieve las buenas sensaciones que desprendieron los tres matadores, incluido Cayetano que lo bordó con su primer toro, y la maestría de un Diego Urdiales que, sin apenas toros, cuajó dos actuaciones repletas de torería, de recursos y de sabrosos pasajes en los que conviene detenerse. El primero de ellos fue el añejo galleo por chicuelinas para poner en el caballo al segundo de su lote. Caminar despacio y torear a la vez; componer en movimiento. El vuelo del capote girando como un lirio en torno al diestro. Una belleza. Si sucede en Sevilla se arranca la música. Y después, el soberbio volapié con el que despenó al astado. Una verdadera obra de arte por la pureza de la ejecución. La colocación, entrar en la suerte en absoluta rectitud y todo a cámara lenta. Hubo como un encuentro con Antonio León, aquella espada inmemorial que pareció asomarse unos instantes a Arnedo, con el torero al que tanto quiso y que cuando nadie contaba con él dijo que iba a ser torero de Madrid.

Y todo sucedió con un lote a contraestilo. El primero, grande como una catedral y feo como un paquebote. Un toro extraño al que había que conceder mucho para equilibrar su descompensada anatomía. Y lo consiguió Urdiales con la mano izquierda en varios naturales de enorme calidad. El quinto fue un animal contradictorio: tuvo buen son con el capote y después del tercio de banderillas echó el freno de mano y sólo a base de maestría terminó embistiendo merced a la capacidad del riojano, que logró la mejor serie al final en redondo y sometiendo por abajo a un toro que ya no quiso más.

Tomás Campos también rayó a gran nivel. No fue nada fácil la construcción de la primera faena. Se puede decir que se la inventó porque el toro era tardo y embestía sin demasiada entrega. Pisó el de Llerena –afincado en Arnedo– los terrenos que queman y se la jugó para darse un atragantón a milímetros de los pitones. También estuvo muy bien en el sexto, el toro de más empuje del gordísimo envío de Toros de la Plata, un burraco salpicado que peleó bien en el caballo, y con el que demostró su capacidad en series de buena factura por ambas manos. Tomás tiene una gran oportunidad en San Isidro y cuenta con argumentos para dar un golpe de atención en la capital de España.

Cayetano sólo tuvo un toro que le dio opciones, el segundo de la corrida, quizás el más claro en la muleta. Y lo toreó francamente bien, con la yema de los dedos sobre todo por el pitón derecho y en redondo, que es el espacio por el que este diestro se siente verdaderamente a gusto. El quinto debió ser devuelto a los corrales por inválido, el presidente no lo entendió así, y sólo le dio opciones para brindárselo a Diego Urdiales.

o Feria de San José. Ganadería de Toros de la Plata: corrida demasiado gorda, poco ofensiva y de baja nota. Diego Urdiales: oreja tras aviso y dos orejas tras aviso. Cayetano: oreja y silencio. Tomás Campos: oreja tras aviso y oreja. Plaza de Toros 'Arnedo Arena': Más de tres cuartos de plaza (unos 3.500 espectadores). Sábado, 23 de marzo de 2019. Primera de feria. Diego Urdiales y Tomás Campos salieron a hombros de la plaza.

o Festejo de hoy: Final del Zapato de Plata. Seis novillos de Miranda y Moreno para Uceda Vargas, Miguel Aguilar y Guillermo García. Comienza a las cinco y media de la tarde.

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