sábado, 19 de agosto de 2017

UN CIELO EN ALFARO

Una luz vaporosa y un cielo azul que declinaba con extraordinaria pereza en una aliteración de tonos añiles que desfilaban con un fondo naranja y una nubecilla casi transparente, estremecida por el calor y larga, muy larga, como una noche acariciada por el vacío de una ausencia. A veces las nubes se sostienen doblemente. En el cielo, fijadas como con chinchetas invisibles, y en el tiempo, languideciendo tan lentamente como se consume el agua de un charco. Mientras reparas en ellas están ahí, inmóviles y quietas como una estatua, cuando tu atención se dispersa en cualquier bobada y vuelves a mirar al cielo, ya han desaparecido. Es como un abrir y cerrar de ojos sin darnos cuenta de que los párpados han interferido con la luz y nos han dejado ciego unas milésimas de segundo. Las formas de los cirros, los cúmulos y los estratos son caprichosas y se transforman por mecanismos difícilmente explicables desde la óptica de un poeta; o desde la metafísica. Y dudo mucho que la ciencia pueda aclararnos las últimas razones por las que en cielo puedan confluir una bandada de cigüeñas, la estela de un 747 desmigada, una nube raquítica que viene muriéndose desde Yerga y una torva mirada como la mía. Sucedió el miércoles en Alfaro. Estaba Juan José Padilla dando una interminable vuelta al ruedo y me dio por alzar mis ojos al horizonte redondo de la plaza de toros. Y allí quedaba ese espectáculo de una luz que comenzaba su lenta agonía, las aves remotas que volaban de una en una como granos de café derramados en un suelo de hielo, y los vapores del cielo en una rara e indescifrable armonía de tonos pasteles. Yo lo vi y por eso tenía ganas de contárselo. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

jueves, 17 de agosto de 2017

Cinco naturales antológicos

Foto: Miguel Pérez-Aradros
Padilla cortó un trofeo al cuarto y José Garrido logró otro con el tercero, el más potable de la noble y bien presentada corrida de Alcurrucén. 

Diego Urdiales se llevó la tarde tras una gran actuación y las dos orejas del quinto con la plaza casi llena

Más allá de las orejas está el toreo; más allá de los premios está esa sensación inexplicable que recorre las yemas de los dedos y llega hasta el último fleco de la muleta para que brote el arte. Ésa es la filosofía de un torero distinto, de un diestro que rebusca en sí mismo esa plenitud que lo convierte en un tipo libre y en una en un planeta taurino que se dedica a relamerse de sus heridas y envía a la frustración a los toreros inconmensurables. De José Tomás nada se sabe y Morante acaba de dar su penúltima espantada... La última gran 'noticia' que nos ha deparado la fiesta es que la empresa de San Sebastián de los Reyes ha recurrido a Ortega Cano para sustituir al sevillano en el cartel estrella de su feria. Así está el toreo, con dos máximas figuras como Perera y Talavante accediendo y consintiendo tan rocambolesca decisión.

Y ayer Urdiales, en un verano casi en blanco a la sombra de la esperanza de Bilbao, hizo así, es decir, hizo el toreo, y volvió a poner un Muro de Adriano entre él y sus compañeros de terna, entre él y la filosofía de la mayoría de sus compañeros de escalafón, que han renunciado al toreo para hacer del recurso su principal argumento.

Se dice que hizo así Urdiales, pero quiero explicarles que labró varios momentos de compás hondo y magnífico como los cinco naturales antológicos del final de la faena al segundo de la tarde o la colosal apertura al toro de las dos orejas. Toreo de muñecas rotas: el eslabón entre el ayer del dibujo belmontino y lo contemporáneo de la máxima expresión de su alma. Ayudados por alto con el mentón hundido, el cuerpo levemente en escorzo y la muleta barriendo los lomos del toro para sacarlo con usía a los medios. Ni un tirón, oiga; ni un ademán forzado, todo mecido con esa compleja naturalidad que le dicta su singular torería. Diego Urdiales se llevó la tarde a su manera, ayudando a sonsacar la imposible bravura de su primero, un toro de escaso aliento pero picajoso con las telas, y gozando con la nobleza del quinto, que tuvo la dulzura justa para aguantar varias series en redondo y al natural en las que Diego se rebozó y trasladó su ciencia taurómaca para limar las asperezas de su querencia a las tablas. Toda la faena fue un fluir de delicadeza porque el animal no consentía la más mínima violencia. La faena duró lo que le aguantó el toro y un poquitín más que le sacó con naturales tan despaciosos que parecían casi un susurro. Es difícil torear más despacio sin apenas toques con la muleta, dejando el vuelo lacio bamboleando la franela con suavidad y tacto. Sonaba el pasodoble del ezcarayense maestro Monge y era un primor de toreo con el cielo alfareño jaspeado de una bandada de cigüeñas que regresaba de los sotos a la colegiata barroca.

Se le fue la primera oreja por un accidente con la espada pero las dos del quinto le supieron a gloria porque pudo gozarlas con un público que le adora desde hace muchos años y los muchachos de su escuela, que acudieron al coso invitados por la empresa de la plaza. Una tarde redonda de Diego Urdiales, que parece con todos los mecanismos de su alma en estado de perfección para las dos tardes que le aguardan en las Corridas Generales de Bilbao.

Oreja para Padilla y Garrido
Padilla estuvo en Padilla; entregado y efectista con todos sus recursos escénicos desplegados pero sin en ese fulgor de otros años. Puso banderillas al primero, se desplantó con el cuarto y se paseó con sus banderas piratas. Garrido cortó una oreja al buen tercero merced a una faena de suma inteligencia con series cortas y relajadas por ambos pitones. En el sexto se hizo un pequeño barullo con los terrenos y no pasó de voluntarioso. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

miércoles, 16 de agosto de 2017

Padilla, Diego Urdiales y José Garrido, esta tarde ante astados de Alcurrucén

La corrida comienza a las 18,30 horas y se dan cita en el coso de la ciudad de las cigüeñas tres estilos muy diferentes del toreo ante una gran ganadería 

La plaza de toros abre esta tarde (18,30 h.) sus puertas para vivir con la máxima intensidad una corrida con la presencia de Juan José Padilla, Diego Urdiales y José Garrido ante astados de la ganadería toledana de Alcurrucén, propiedad de los hermanos Lozano y que en la pasada feria de San Isidro propició merced al juego de dos de sus extraordinarios ejemplares los triunfos más importantes de Madrid, los de Juan de Álamo y Ginés Marín y sus puertas grandes. La base del toreo es el toro y la empresa del coso alfareño ha seleccionado una corrida de una divisa puntera que se anuncia en las principales ferias y con la que Diego Urdiales, por ejemplo, logró sus dos puertas grandes consecutivas en las Corridas Generales de Bilbao. Y por si todo esto fuera poco, en el año 2007, una corrida de este hierro dio una soberana tarde en el coso de las Cigüeñas que permitió expresar el toreo a Julio Benítez como nadie era capaz de atisbar. Aquella fue una corrida muy baja y bien hecha; la de esta tarde es muy cromática, con varios ejemplares castaños, colorados, chorreados y uno girón precioso que es una verdadera pintura. La ganadería de Alcurrucén se ha convertido desde hace varias décadas en una de las emblemáticas para las figuras. Este tronco ganadero creado por Carolos Núñez, fusiona reses de Pedrajas, Tamarón y Villamarta, con una parte de lo de Pedrajas (proveniente de Rincón) con la base de su bravura. Si la corrida embiste como debe por sus orígenes se puede vivir una tarde muy variada, dado el diferente cariz de los tres matadores. Abrirá la corrida Juan José Padilla, el único superviviente del cartel del año pasado. El torero de Jerez es uno de los líderes de escalafón en número de corridas y de él destacan varios detalles: su inmediata conexión con el público y su entrega absoluta en todos los tercios. El veterano torero se deja todo lo que tiene en el ruedo y la temporada de 2016 se fue de Alfaro contrariado por la decisión del presidente de no concederle la segunda oreja que le hubiera permitido salir a hombros. El segundo de la terna es el arnedano Diego Urdiales, un torero que desde hace muchos años ha sentido una especial vinculación con la plaza alfareña que va mucho más allá de los triunfos acumulados y que estriba en la identificación de un sector del público con sus formas. Diego ha logrado hasta indultar un toro en este coso, donde renació de sus cenizas hace diez años en 2007, año en el cortó dos orejas en un festival a un toro de Antonio Briones, y después, en la feria, tres y un rabo a un gran ejemplar de Baltasar Ibán. Alfaro siempre ha sido esencial en la carrera del riojano, que se prepara ya a fondo de cara a las dos tardes de grandísima responsabilidad que le aguardan la semana que viene en Bilbao. Cerrará la corrida José Garrido, una de la ausencias más inexplicables de la feria de San Mateo y triunfador el año pasado en Bilbao junto al torero riojano. El diestro extremeño es una de las máximas promesas del escalafón y un torero marcado por una concepción pura y barroca de la tauromaquia que sobresale por su arrebato tan personal con el capote. Es uno de esos toreros jóvenes que aprietan en el escalafón y que salen cada tarde al ruedo a no dejarse ganar la pelea por nadie. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

martes, 15 de agosto de 2017

Morante se retira del toreo y deja un vacío enorme en San Mateo

Óscar ‘Chopera’: «No sabemos más que lo que ha salido en los medios. Si se confirma su retirada veremos qué solución podemos darle» 

Morante de la Puebla anunció que se retiraba de los ruedos «por un tiempo indefinido» el domingo por la tarde, tras la corrida que toreó mano a mano con El Juli en el Puerto de Santa María: «Estoy cansado de la forma de proceder de presidentes y veterinarios en muchas plazas a la hora de los reconocimientos, porque van en contra del toreo de arte», le dijo al periodista sevillano Álvaro Acevedo. La decisión, según lo publicado por el director de Cuadernos de Tauromaquia, no es fruto de la precipitación porque el propio diestro le aseguró que «lo venía pensando hace tiempo». Eso sí, esta retirada pilló por sorpresa tanto a los miembros de su cuadrilla como a su equipo de apoderados, encabezado por Antonio Barrera, miembro del Grupo BAL, empresa que forma parte del consorcio que dirige la plaza de toros de Logroño, coso en el que está anunciado el viernes 22 de septiembre, ante toros de Juan Pedro Domecq con Enrique Ponce y el mexicano Luis David Adame. El máximo responsable de La Ribera, Óscar Martínez ‘Chopera’ dijo ayer a Diario LA RIOJA que «no sabemos más que lo que ha salido en los medios. Si se confirma su retirada veremos qué solución podemos darle». Chopera es uno de los empresarios más perjudicados, ya que además de Logroño pierde al torero sevillano en las Corridas Generales de Bilbao, Almería, Salamanca y Palencia. La sustitución de Morante de la Puebla no es sencilla y las soluciones que puede adoptar la empresa son muy complejas. Una de ellas sería repetir uno de los triunfadores de los primeras tardes (práctica habitual de la Casa Chopera) y otra contratar alguno de los diestros que no han entrado en las combinaciones. El de mayor relumbrón sería El Juli, que por decisión suya causó baja en la feria. A partir de ahí, la baraja se cierra en otros nombres como Antonio Ferrera o Miguel Ángel Perera, que hoy mismo sustituye a Manzanares en San Sebastián. 

Tres retiradas en la historia de un diestro único e inimitable
Morante se va del toreo y deja una mella terrible: la realidad de un sistema que ha expulsado a sus dos mejores intérpretes: José Tomás y el diestro sevillano, que lleva una temporada yeca y casi hueca tras su apuesta sevillana y su paso por Madrid como una sombra. En sus palabra se adivina un profundo hastío con un modelo de tauromaquia en la que se premia el recurso y las estadísticas mucho más que el arte. Morante ha tomado muchas veces senderos incomprensibles y el del domingo parece que lleva tiempo fraguándose. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

sábado, 12 de agosto de 2017

Óscar Chopera perfila la Feria Matea más atractiva de las últimas temporadas

Vuelve Victorino, la divisa triunfadora del año pasado, y el encaste Domecq arrasa en unos carteles pensados para atraer al gran público

Todas las figuras se han apuntado este año a una Feria de San Mateo que, tal y como aseguró ayer el empresario Óscar Chopera en la presentación de los carteles, «teníamos prácticamente cerrada en el mes de mayo». Sin embargo, al cincelar los flecos de las contrataciones apareció un problema muy serio. Julián López ‘El Juli’ no estaba a gusto con la ganadería que en un primer momento había aceptado y con Ponce y Urdiales como compañeros de terna. Como ha podido saber Diario LA RIOJA, el torero madrileño se empeñó en la corrida de Santi Domecq –buen amigo suyo– y después en otra serie de peticiones y cambios de posición, que como dijo el empresario ayer «descabalaban el resto de las combinaciones». Sin El Juli, la empresa reaccionó y convenció a José María Manzanares para actuar en Logroño, ya que en un principio estaba fuera de la feria, tal y como adelantó este periódico el pasado 28 de junio. Y surgió otro gran problema: la lesión que le ha hecho pasar por el quirófano de urgencia al alicantino y por la que se va a perder compromisos señeros como Bilbao, San Sebastián o Málaga, entre otros muchos. 

La operación de Manzanares
Cundió el pánico en las empresas porque muchos temían que dado lo delicado de la intervención (en las vértebras cervicales) el diestro cortara definitivamente la temporada. El lunes fue operado en Sevilla y ayer el empresario de Logroño reveló que había hablado con sus apoderados (Jorge y Toño Matilla) tras pasar por el quirófano y que «todo había ido muy bien» y que la decisión del torero era retomar su actividad en los ruedos «cuanto antes, porque José Mari está deseando torear ya». Chopera dijo que no podía anunciar a Manzanares si no estaba «completamente seguro de que iba a venir a Logroño». Así que paliada la ausencia de El Juli con Manzanares, se quiso rematar más todavía el abono Mateo con Cayetano, que era un matador que en principio no entraba en las combinaciones.
Victorino, Ferrera y Urdiales
Otro diestro que se echa de menos en Antonio Ferrera, torero que está cuajando la temporada más importante de su vida. La idea de la empresa era hacer un mano a mano con Diego Urdiales en la corrida de Victorino Martín. «Sus apoderados nos dijeron que no quería que le encasillaran con esas ganaderías y nos pidió dos tardes. No vemos en una feria de cinco corridas en Logroño a Ferrera dos días. El cartel hubiera sido precioso, lo hablamos con Diego incluso para Bilbao, pero no ha podido ser», explicó.

Las combinaciones
Así que las combinaciones tienen tres tardes muy fuertes, en la que se apelotonan las figuras para asegurar las mejores entradas. El día 19 martes, con Hermoso de Mendoza, Alejandro Talavante y Andrés Roca Rey. El navarro es un seguro de éxito en Logroño y en el ruedo le acompañan dos de los toreros con más fuerza: Talavante y el peruano Roca Rey, que en apenas un año se ha establecido en la cúspide del escalafón. En 2016 estaban anunciados los dos y ninguno hizo el paseíllo en Logroño. Talavante lo decidió tras torear en Nimes y el de Lima tuvo que cortar la temporada por sus cogidas de Málaga y Palencia. El segundo cartel fuerte es el del día 21 de septiembre. Astados de El Pilar, una ganadería salmantina originaria de lo más primitivo de Juan Pedro Domecq, con la única tarde del arnedano Diego Urdiales, que abrirá el paseíllo a Manzanares y Cayetano, que regresa a Logroño tras muchos años de ausencia con el aval de su puerta grande de Pamplona. Morante, sin vellosinos La tercera combinación de estrellas es la del día siguiente. Toros de Juan Pedro Domecq con Enrique Ponce (que el año pasado cortó dos orejas pero que no logró salir por la puerta grande y sigue siendo la única del mundo que le falta por conquistar), Morante de la Puebla (por fin sin toros de Vellosino) y Luis David Adame, un mexicano apoderado por el grupo Bal, con el que la empresa Chopera ha llegado a un acuerdo para la gestión de toreros y cosos. Los días 20 y 23 cuentan con corridas de menos presupuesto, lo que se nota en el precio de las localidades, pero de gran interés para muchos aficionados. En la primera se lidiarán toros de Zalduendo (también propiedad del grupo Bal) para el mayor de los Adame (Joselito, el primero de la saga hidrocálida) y dos de los triunfadores de San Isirdo: Juan del Álamo y Ginés Marín, torero que está siendo una de las sensaciones de la temporada con sus triunfos también en Pamplona o Santander, entre otros cosos. Y el abono se cerrará el sábado 23 con los ‘grises’ de Victorino Martín. Lo cierto es que es el cartel más flojo de todos. Abrirá Curro Díaz, que el año pasado cortó una oreja y al que se denomina «especialista» en esta ganadería desde el año pasado; Juan Bautista Jalabert (torero francés que es una gran figura en su país pero que en España torea igual en Madrid que en cualquier pueblo) y Román, un valenciano que quiere comerse el mundo y que junto a Luis David Adame son los únicos diestros que se presentan en La Ribera como matadores de toros.

La novillada, el IVA y el abono joven
La novillada que abrirá la feria surge del compromiso de las grandes empresas de apostar por los valores: «La bajada del IVA, que en su día no repercutimos en toda su extensión cuando subió, la empleamos en dar un espectáculo más, bajando el precio a la mitad a los abonados». Otra de las iniciativas que siguen un año más es la del abono joven hasta 25 años (que incluirá de manera gratuita la entrada para la novillada picada). Por cincuenta euros se puede ver toda la feria, incluso en entradas sueltas por 10 euros cada festejo. En estos momentos la plaza de Logroño cuenta con 2.000 abonados, que este año tendrán un descuento del 10 por ciento en sus localidades además de la novillada a mitad de precio. La renovación de los abonos irá del 5 al 8 de septiembre; los nuevos abonos se podrán formalizar del 9 al 10 y las entradas sueltas estarán en taquilla a partir del 12 de septiembre. El domingo 17 se celebrará la semifinal del campeonato de recortadores de España y habrá seis mañanas de vaquillas. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

El Racimo de Oro reúne en Aldeanueva a varios de los novilleros sin caballos más prometedores

La feria consta de tres novilladas a pie, en las que debuta el hierro riojano de Lumbreras, y una de toreo a caballo 

Aldeanueva ha vuelto a programar una gran feria de novilladas sin caballos (tres a pie más un festejo de rejones) donde la promoción de nuevos valores de la tauromaquia se de la mano con la presencia de nuevas ganaderías y encastes olvidados en demasiadas plazas. La feria tiene un equilibrio perfecto en cuanto a las ganaderías con una sorprendente y bien ganada presencia con reses del entorno. Debuta en el coqueto coso la ganadería riojana de Álvaro y Pablo Lumbreras (Villamediana) que en la pasada feria de San Adrián se anotó el premio a la corrida más completa del abono. Fue una maravilla que hay que sumar a la final del Bolsín Taurino de La Rioja para conocer a fondo la trayectoria de una divisa que está viviendo un momento totalmente dulce e inolvidable. Las otras dos novilladas del entorno son las del Pincha y Santafé Martón, ambas navarras y las dos de sumas garantías, como demostraron en San Adrián. Abrirá el apartado ganadero La Quinta, divisa de primerísima categoría que también se lidiará en la feria de San Mateo que se presenta hoy. Un lujo para Aldeanueva, que en el apartado de novilleros cuenta con la presencia de Alfonso Ortiz, un joven diestro de Madrid que se llevó el Espárrago de Oro de San Adrián por una actuación absolutamente extraordinaria en cuanto a sentido del temple y naturalidad. Hacía tiempo que no se veía un novillero sin caballos de su extraordinaria calidad. Otro de los novilleros que viene con más fuerza en el escalafón en el hidrocálido Alejandro Adame, el menor de una saga de toreros mexicanos muy importante. Pero cualquiera de los coletudos puede dar la sorpresa en el ruedo. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

domingo, 6 de agosto de 2017

Urdiales conmueve el coso de Estella con su toreo

Diego Urdiales dio ayer en Estella una magnífica lección de torería en su regreso al toreo tras más de un mes sin vestirse de luces. El torero de Arnedo se reencontró con sus mejores sensaciones en una tarde ventosa y fría en la que dio un nivel magnífico con capote y muleta. Hizo de todo con dos astados mediocres de Antonio San Román que simplemente se dejaron y que cuando no se dejaron tuvieron que rendirse a la ciencia de un torero que ha vuelto con toda su alma dispuesta para las tardes que le esperan en este mes de agosto, con la mirada puesta en Bilbao, su plaza, el coso en el que ha dejado varias de las tardes más importantes de su vida.
Y la tarde de ayer supuso una inyección de moral importantísima porque el diestro de Arnedo se gustó e hizo disfrutar a los aficionados en dos faenas diferentes. La primera, la de las dos orejas, tuvo el sentido de la medida y de la colocación. El toro de Antonio San Román, medido en todo, embistió sin gracia ni clase. Parecía un imposible torearlo con tanta reunión, con tanto compás, con tanto temple. El viento soplaba de lo lindo y se metía debajo de los vuelos una y otra vez.
Con el capote dejó una verónica de especial luminosidad y empaque. Una. El toro no quiso más. Lo cuidó en el caballo y le brindó la faena a los dos niños de su Aula de Cultura Taurina que han destacado en sus estudios. El premio era estar un día de toros al lado de su maestro. Y los chavalitos gozaron de su torero en sazón en una faena de relieve por ambas manos pero sobre todo en redondo, donde tuvo la virtud de aguantar los viajes para ligar los muletazos con los vuelos. El toro carecía de ritmo pero tuvo el resuello suficiente para perseguir la muleta, aunque no es menos cierto que colocándose donde se colocó era casi imposible no embestir.
Refrendó la obra con una gran estocada y logró dos orejas muy importantes, mucho más que por su balance numérico -Urdiales nunca ha sido un toreo de estadísticas- por lo que representan en las formas que imprimió para conseguirlas. Las paseó con enorme felicidad entre los aficionados de Estella que lo aclamaron. El quinto fue un animal coloradote y sorprendentemente grande para un coso como el centenario de la calle Yerri. El toro fue bruto, sin demasiada casta, pero con un punto de exigencia que se multiplicaba por el proceloso viento que acompañó toda la tarde a los tres diestros. El de Arnedo dibujó una faena larga, muy técnica y con la necesidad interior de hacerle embestir, especialmente por el pitón izquierdo. Y lo logró. Faena de entrega, sin nada superficial desde el torerísimo inicio hasta el último muletazo con los vuelos cosidos a los pitones. Grande Urdiales que fue capaz de sacar litros y litros de agua de un pozo seco. Hubo detalles preciosos en los molinetes, en los pases de pecho, en los remates. Pero todo cuajado de esa verdad irrenunciable de un torero que guarda en sus yemas el tesoro de la tauromaquia más pura, el toreo esencial que tan poco se lleva. Salió Diego Urdiales a hombros con el coso de Estella hecho un clamor. 
Curro Díaz estuvo muy bien con el primero de su lote en una faena que siempre fue a más, y el joven Javier Marín (de ascendencia riojana y nacido en Cintruénigo) volvió a demostrar su evolución a pesar de que era su segunda corrida como matador y las lógicas lagunas de su corta trayectoria.

o Toros de Antonio San Román, desiguales y manejables, aunque sin clase ni raza. Curro Díaz: oreja y silencio. Diego Urdiales: dos orejas y oreja tras aviso (salió por la puerta grande). Javier Marín: silencio tras aviso y oreja. Plaza de toros de Estella. Más de media en tarde fría y ventosa. Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

María Terremoto: «Siento que cuando subo al escenario siempre me acompaña mi padre»

María Terremoto es heredera de un misterio, hebra pura de un cante flamenco inaudito y genuino. Apenas tiene 17 años y se llevó el premio en la pasada Bienal de Sevilla a la cantaora revelación del evento. Llegó a Logroño para inaugurar en Bodegas Ontañón la XXI edición de los Jueves Flamencos, y lo hizo con el sentimiento puro de alguien que comienza en el cante profesional pero que tiene la memoria presente de su abuelo, el gran Terremoto de Jerez, y de su padre, Fernando Terremoto, una de las fuentes más caudalosas de lo jondo a pesar de que la vida fue demasiado rácana con él y se lo llevó muy pronto



¿Hija y nieta de dos Terremotos?
Sí, ahí voy caminando con el orgullo de un cante que me fascina, con el temblor de una historia realmente asombrosa pero con la pasión de alguien que ama el flamenco como parte de su propia vida.

No es mayor de edad y ya ha dado de qué hablar en el cante.
La Bienal de Sevilla ha sido muy importante porque el premio me ha dado a conocer de cara a los medios, los periodistas y a la gente... Pero llevo cantando desde que nací.

¿Cómo recuerda a su padre?
En cada momento, en ocasiones tengo la sensación de que cuando subo al escenario me acompañan él y mi abuelo, los dos Terremotos a mi lado. Voy a cantar y es como que percibo que están a mi lado.

¿Le enseñó a cantar cuando era niña?
Él tenía en casa un estudio para componer, ensayar, cantar y tocar, que era su verdadera locura. Pues bien, cuando tenía tres o cuatro años me empezó a enseñar los cantes. Tocaba por soleá y me explicaba cómo era cada uno de los tercios, las entonaciones, los ritmos. Y así con cada uno de los cantes. Yo era una esponja y lo sentía todo cómo él me lo enseñaba.

Mucha gente recuerda a su padre por su cante, pero era un apasionado de la guitarra...
Es verdad, su vida era el toque. Siempre estaba con la guitarra a vueltas. Era como su compañera más fiel.

¿Y la composición?
Era su refugio; era como su momento para desconectar y aislarse del mundo.

¿Qué diferencia había con el cante de su abuelo, el legendario Terremoto de Jerez?
Mi abuelo era todo espíritu, era el cante que se salía del pecho, el cante de raíz pura jerezana, todo intuición, todo conocimiento que había heredado por la vía de la sangre. Mi padre tenía esa fuerza, pero cantaba de otra manera distinta, con un conocimiento como más racional de la música que le otorgaba a todo su trabajo de una reflexión distinta. Era el mismo eco, un más primitivo, el otro más musical.

¿La siguiriya de su abuelo y la malagueña de su padre?
Ahí está. El cante de mi abuelo era como un volcán desatado, como una fuerza de la naturaleza; en mi padre existe una dulzura que en la malagueña se hace muy evidente. El eco es el mismo, el de Jerez, el de nuestra familia, pero entre ambos existen muchas diferencias que sirven para enriquecer el cante.

¿Y usted dónde se sitúa?
Yo estoy empezando en el cante y todavía no puedo decir nada; tengo todo el camino por hacer, todo por aprender y por escuchar.

¿Pesa mucho el apellido?
Desde luego, una de las razones más íntimas por las que canto es por mantener la llama de los Terremoto. En un momento dado te ayuda para comenzar, por el nombre, la expectación y todo eso, no cabe duda. Pero luego está la responsabilidad. Ahí existe un legado muy fuerte, una historia y unas expectativas que se hace la gente. ¿A ver cómo canta la niña de Fernando? Eso lo llevas dentro y te acucia.

Ser profesional no es un juego.
Ni mucho menos. Hay una responsabilidad de cara al público en el escenario y otra tuya muy personal que hace que esté todo el día estudiando. Ahora mismo tengo en la mano aquel disco de mi abuelo que se grabó en Sevilla casi de incógnito en la Peña Torre Macarena de Sevilla en 1997. Es una joya, con el toque de Manuel Morao. Ya no se canta así. Mi abuelo era muy fandanguero, admiraba a Caracol, pero la siguiriya es increíble. Lo escucho para empaparme de aquel sentido del cante tan extraordinario, tan cuajado de arte por todos los lados.

¿Qué otros cantaores le emocionan?
Ahí están Caracol, Fosforito, Chocolate, Agujetas o Camarón; soy muy camaronera. Y de los de ahora me encanta José Valencia. Tiene un quejío y una voz que me impresiona.

o Entrevista publicada en Diario La Rioja para el concierto inaugural de los Jueves Flamencos y entrevista grabada en Bodegas Ontañón con María Terremoto.

sábado, 5 de agosto de 2017

Diego Urdiales retoma la temporada esta tarde en Estella con Curro Díaz y Javier Marín

Diego Urdiales, tras pasarse el mes de julio en blanco, regresa esta tarde a los ruedos y lo hace en la plaza de Estella, donde a partir de las 18.30 horas hará el paseíllo con Curro Díaz y Javier Marín ante una corrida de Antonio San Román. El torero riojano está pagando caro su paso en blanco por Sevilla y Madrid y afronta el mes de agosto con el contrato de Estella, la corrida de la Feria de Alfaro y las dos tardes de Bilbao, sin duda la tabla de salvación de su temporada a la espera de que se den a conocer los carteles de la Feria de San Mateo. Pero está claro que las dos corridas del coso vizcaíno se antojan esenciales para el devenir de un año que está resultado durísimo para el diestro riojano. En la corrida de hoy estaba anunciado Iván Fandiño, puesto que será ocupado por el diestro de Jaén Curro Díaz, que abrirá el paseíllo. Curiosamente, ambos toreros estaban unidos por una relación de amistad muy profunda. El tercero de la terna es el matador riojano-navarro de Cintruénigo Javier Marín, que apenas hace una semana tomó la alternativa en la Feria de Tudela. La ganadería es de Antonio San Román, una divisa abulense encastada en Torrestrella. Diego Urdiales sabe que las dos tardes de Bilbao son fundamentales en su carrera. La primera de ellas será el miércoles 23 de agosto, ante astados de Victorino Martín (con Escribano y Ureña como compañeros de terna) y el sábado 26, en el que puede considerarse como cartel estrella del abono, ante reses del Puerto de San Lorenzo, con Enrique Ponce y Andrés Roca Rey. o Este artículo lo he publicado hoy en Diario La Rioja

lunes, 31 de julio de 2017

GRAN TRIUNFO DE LUMBRERAS EN SAN ADRIÁN

Carlos Lumbreras logró ayer un importante triunfo en la feria de San Adrián, uno de los ciclos de novilladas sin caballos más importantes de España y en el que se cuida con absoluto mimo la presentación y el juego de las reses. El ganadero de Lardero, aunque sus novillos pastan en la Finca Río Bravo de Villamediana de Iregua, se ganó el puesto el año pasado al lidiar el toro más bravo en la novillada concurso de ganaderías de este abono. La organización había colocado su novillada en el último día de la feria y no defraudó a nadie. Tanto es así, que al finalizar el festejo se le otorgó el premio a la mejor de las novilladas lidiadas este año en el ciclo del Espárrago de Oro. Además, el novillo n° 55 ‘Chusquero’, lidiado cuarto lugar, fue galardonado con una vuelta al ruedo en su arrastre.  La verdad es que Carlos lidió una excelente novillada en su conjunto: seria (quizás demasiado honda), con cuajo casi de utreros, pero sin ser demasiado ofensiva de cara. Además, los cuatro ejemplares dieron opciones. Quizás el más complejo fue el primero, que desarrolló codicia, y que tenía una primera parte de la embestida con mucha humillación. El novillo más completo fue el segundo, con el que se lució Aarón Rodríguez pero que perdió el triunfo al fallar con la espada. Este ejemplar, colorado y quizás el más feote de tipo, tuvo muchas virtudes para el ganadero: humillación, recorrido, fijeza y duración. El tercero, mansito, necesitó una muleta más mandona, cuestión que estaba muy lejos de las posibilidades de Víctor Hernández, al que además le molestó demasiado el aire. Este ejemplar tuvo gran calidad por el pitón izquierdo. Se cerró la novillada con un cuarto que fue muy cambiante. Manso en los tercios iniciales de la lidia, pero  siempre a más tras el tercio de banderillas. El novillo le dejo a Aarón Rodríguez expresar su concepto y le hilvanó una faena de raza y valor premiada con una oreja. Carlos triunfó en el Bolsín, ha hecho lo propio en San Adrián y le queda una novillada en Aldeanueva. ¡Vayan!

o ESPÁRRAGO DE ORO. Cuatro novillos de Álvaro y Pablo Lumbreras (finca Río Bravo, de Villamediana de Iregua). Muy bien presentados. Serios, de buenas hechuras y de juego muy interesante. Al cuarto, n° 55 ‘Chusquero’, se le premió con la vuelta al ruedo como conjunto a la excelente novillada. El jurado de la feria otorgó al ganadero riojano el premio a la mejor corrida del ciclo navarro. Víctor Hernández: silencio tras dos avisos y silencio.  Aarón Rodríguez: silencio y oreja. Quinta y última novillada de la Feria de San Adrián. Tres cuartos de plaza. Molestó mucho el viento. o Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

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