lunes, 24 de agosto de 2015

Cagancho, el caballo más icónico del toreo

‘Cagancho’ llegó sin papeles de Portugal y desde la nada revolucionó el rejoneo

Cuenta Pablo Hermoso de Mendoza que ‘Cagancho’, que murió el jueves, salió -como hacía a diario- a los potreros de la finca de Estella a gozar de su momento de paseo en libertad cuando sufrió una especie de ictus que le provocó un desmayo. Se le administró un tranquilizante y tras unos minutos, el caballo con ayuda consiguió levantarse y así ser trasladado hasta su box. Llegó con las fuerzas justas y sin visión, lo que pudo ser provocado por algún coágulo motivado por el ictus. El caso es que entrada la madrugada, dejó de respirar y se fue en silencio, «galopando de costado hacia el olimpo equino, donde seguirá reinando con su poderoso físico». Así fueron los últimos momentos de ‘Cagancho’, el caballo más importante en la carrera de Hermoso de Mendoza y sin duda el más importante de la historia del rejoneo. El más personal «Posiblemente no fue el mejor, ni el más bonito, ni el más ágil... pero sí fue el que más personalidad imprimió en la plaza a todas sus evoluciones. Una personalidad cimentada en un físico barroco, un tono negro cuatralbo que lo distinguía fácilmente de todos los demás caballos, un nombre pegadizo (recordando a un torero legendario y gitano de principios de siglo artista y medroso, capaz de lo mejor y de lo peor). ‘Cagancho’ aportó un sentido del toreo que hasta entonces no se concebía en un caballo. Hubo momentos en que la popularidad del caballo fue tal estaba por encima de la del propio Pablo. «Hoy torea Cagancho», rezaban los titulares periodísticos. Era un caballo barrigón, con las patas llenas de heridas de verano que llegaba a la finca de Acedo desde Portugal casi en ‘patera’, sin papeles y que tuvo que sufrir una enorme transformación física a lo largo del invierno para debutar en 1991 como caballo de último tercio. Nunca se sintió a gusto en ese tercio y así, decepción tras decepción, se llegó a la corrida de Ejea de los Caballeros, a primeros de septiembre que fue donde Pablo explotó y dijo «basta ya», porque una y otra vez el caballo se chocaba con el toro, no pasaba y no había forma de acabar con aquel astado. En ese momento Pablo se rindió y vio que su inversión había sido un fracaso, que aquel caballo no le iba a servir. Pero los tiempos y la situación no estaban para derrochar ni caballos, ni dinero y a los pocos días en Ampuero (Cantabria) decidió probarlo en el tercio de banderillas. El caballo, cuando iba de frente al toro mostraba una enorme habilidad, no quería torear al hilo del pitón como se hace para matar, sino quería gustarse en la suerte, llegar a la cara del toro y salir toreando con el pecho. Ese día se descubrió el diamante en bruto que era. A partir de aquí, mucho entrenamiento, mucho cuidado en su dieta porque era muy tragón y al ir escalando posiciones en el toreo a caballo hasta el punto de formar un dúo que comenzó a maravillar al mundo en la temporada 1994 y a ser el consentido del público desde aquí hasta su retirada en 2002. Once años en los que Pablo se instaló en la elite del toreo a caballo como indiscutible número uno y siempre de la rienda de este ‘Cagancho’, que siempre tuvo novias, como los colombianos que pusieron en manos de Pablo un cheque en blanco a cambio del caballo o algunos de los rejoneadores de aquella época como Antonio Correas o la Casa Domecq, que suspiraban por el animal. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

domingo, 23 de agosto de 2015

SOL Y SOMBRA, 14 DE AGOSTO

MORANTE ES SUBLIME

Morante de la Puebla es pura inspiración; torería que se consume en cada lance y que cuando menos se espera aflora con tal intensidad que todo lo llena; por eso se diría que es un torero sin espacios vacíos, sin recovecos por donde sumirse a hurtadillas. Lo ves venir y se sabe que está dispuesto a torear. El milagro se obró en el cuarto, un ‘juampedro’ ralo, zancudo, sin cuello y de pitones contrahechos. Un toro de perfil bajo y de muy poca expresión. Anduvo sin fe en los primeros tercios y cuando Morante comenzó su trasteo por alto –genuflexo y ayudando al toro– muchos pensaron que iba a tirar las tres cartitas. Pero no, tomó la muleta con la diestra, se fue a los medios y comenzó a amorantarse suavemente para ofrecer los vuelos a media altura y empujar al toro hasta el final con los mismos flecos de la pañosa. Los que pitaban comenzaron a aplaudir; asomó una sonrisa en la comisura del de la Puebla, y con la mano izquieda dictó esa singular parsimonia del natural que surge del alma, del natural que se rinde a todas las evidencias, de esa música lenta y solitaria que dibuja a un ritmo tan lento como inalcanzable. Morante se la jugó ofreciendo todas las ventajas, llevando al toro cosido y pasándoselo con la muñeca por las espinillas. Y hubo tiempo, además, para esas maravillas suyas incontestables: pases de la firma, molinetes, invertidos y desmayos marca de la casa que hacen de él la suma de todas las torerías: el ‘gallismo’ de Joselito en los pases de castigo por bajo o los ayudados por alto belmontinos, con el compás abierto y los talones enterrados en el albero donostiarra. La espada se llevó las orejas pero el toreo es algo mucho más importante que los números. Por cierto, Castella debió haber cortado dos orejas al segundo de la tarde, el mejor toro de la corrida. Su faena fue perfecta de principio a fin, ligada, sostenida a pulso y con notables series por los dos pitones. La refrendó con una gran estocada, le pidieron las dos orejas y el palco, de forma incomprensible, le negó la segunda. El torero francés está en un gran momento, al igual que Alejandro Talavante, que desde el capote hasta el último lance de su actuación dejo la evidencia de una superioridad en el ruedo casi insultante, salvaje de valor, pero frío como un iceberg. Su toreo ahora mismo está en la cumbre.

o FERIA DE SAN SEBASTIÁN Toros de Juan Pedro Domecq (feos y de poco juego) para Morante de la Puebla (silencio y ovación), Sebastián Castella (oreja y ovación) y Alejandro Talavante (oreja y ovación). Domingo 16 de agosto de 2015. o Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

Seria pero mansa corrida del jarrero Antonio Briones en la feria de Tafalla

El ganadero riojano Antonio Briones lidió ayer en la Feria de Tafalla una corrida muy seria (los tres últimos ejemplares lucieron un trapío de plaza de primera categoría) pero de desigual condición. Tan sólo el diestro salmantino Javier Castaño pudo cortar una oreja, aunque Pedro Gutiérrez ‘El Capea’ y el propio torero charro perdieron algún que otro trofeo por marrar con los aceros. El mejor astado de la corrida fue el lidiado en quinto lugar por el hijo de Pedro Moya, un torazo serio, hondo y bizco, de nombre ‘Limonero’, que sacó buen fondo por ambos pitones y que incluso tuvo cierta calidad. El toro hizo una desigual pelea en varas, pero a partir del tercio de banderillas empezó a ir a más y embistió con transmisión por ambos pitones. El primero, con el que Javier Castañó logró la única oreja del festejo, también tuvo buen fondo y humilló especialmente por el pitón izquierdo. El resto de la corrida no dio opciones a los toreros, especialmente al diestro gaditano de El Bosque Manuel Pérez Mota, que pechó con el lote más deslucido y que se tuvo que esforzarse al máximo con el sexto, un toro gigante y serísimo, con aspecto de res antigua, y de aviesas condiciones que cerró la corrida. Otro animal que dio juego fue el cuarto, lidiado por Javier Castaño, y que impresionaba por su envergadura y lo ofensivo de sus pitones. Con este ejemplar se lucieron con las banderillas Fernando Sánchez y Ángel Otero, que aprovecharon muy bien las querencias del cornúpeta hacia las tablas. Javier Castaño dio una lección de honradez y se dejó llegar los pitones hasta milímetros del fajín. El público valoró su entrega y perdió el triunfo con la espada. La corrida tampoco brilló en el caballo, donde se dejó pegar sin demasiada pelea. o Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

Sergio Domínguez triunfa en Tafalla

Sergio Domínguez logró ayer un triunfo importantísimo en este año tan complicado que lleva. Era la primera de sus tres tardes con Hermoso de Mendoza en el ruedo (le quedan Calahorra y después la feria de San Mateo) y consiguió abrir la Puerta Grande de la plaza de Tafalla en su primer toro y tras un rejonazo fulminante en todo lo alto. Un triunfo balsámico, de los que dan moral y de los que le ponen a un torero a trabajar para encarar el final de temporada con todo el ánimo desplegado y con las mejores sensaciones.
La lectura de la tarde es muy positiva para el rejoneador de Calahorra, que demostró que tiene en su caballo ‘Gallito’ el arma más importante de su cuadra. En realidad, es tan bueno este castaño morcillo, que la diferencia con el resto de sus monturas se antoja abismal. Y Sergio lo sabe y por eso lo cuida al máximo para ponerlo en escena en el momento conveniente. Ayer lo hizo en el primer toro y clavó tres banderillas, dándole todas las ventajas al buen astado de Rosa Rodríguez, al que le ofreció los pechos siempre a favor de querencia. La primera batida sin clavar fue sensacional; al igual que la primera banderilla, que fue un prodigio en la reunión con el toro. A partir de ese momento, sin embargo, la cosa se puso un poco más complicada y ya no estuvo tan a gusto el caballo tras una arrancada del toro directamente hacia los chiqueros en modo arrollador. Tras la tercera banderilla, Sergio optó por sacar a ‘Natural’ y volver a poner las cosas a cien con dos buenas piruetas. Entonces llegó el momento decisivo, el instante en el que Sergio ha perdido triunfos esenciales en su carrera. Salió a lomos de ‘Bruja’, colocó dos cortas con suma facilidad, tomó el rejón letal y con una facilidad pasmosa lo colocó en lo alto para que el toro portugués rodase a los pies del riojano sin puntilla. La petición fue unánime y mayoritaria y las dos orejas fueron a parar a las manos de centauro calagurritano, que no podía ocultar su felicidad. Primer toro de los suyos y puerta grande asegurada de la coqueta plaza tafallesa. En el segundo de su lote, el riojano hizo una faena correcta que malogró con la espada, algo parecido a lo que le había pasado a Hermoso de Mendoza con el primero de la tarde. Sin embargo, el jinete estellés, echó mano de su raza, de su torería y de su inmensa capacidad de figura, y realizó una extraordinaria faena al cuarto de la tarde. Lo recibió con ‘Napoleón’, con el que estuvo sensacional doblándose con él en el centro del anillo y con el que sólo colocó un rejón. Después salieron ‘Berlín’ y ‘Disparate’, dos banderillas cada uno de ellos, pero con el segundo cautivó con sus ‘hermosinas’ y ese galope de costado giratorio paralelo a las tablas que no tiene parangón. Y como es un figurón y no estaba satisfecho con las cortas, decidió poner un par a dos manos montado a ‘Pirata’, un caballo enciclopédico y largo de torería. La plaza a sus pies con la reunión y rendida con el rejonazo fulminante. Se pidió el rabo por unanimidad, pero la presidenta se mantuvo inconmovible y no lo quiso conceder. Cerró la tarde el colombiano Jacobo Botero, muy joven pero con trazas extraordinarias de toreo.

o Feria de Tafalla. Toros de Rosa Rodríguez (despuntados para rejones), muy en el tipo de Murube, nobles, de buen juego y con galope sostenido. Todos fueron aptos para el triunfo y destacaron por su calidad el segundo, cuarto y sexto. Pablo Hermoso de Mendoza: Silencio y dos orejas con petición de rabo y enorme bronca para la presidencia. Sergio Domínguez: Dos orejas y silencio. Jacobo Botero: Palmas y oreja . Plaza de toros de Tafalla, alrededor de tres cuartos de entrada en tarde soleada y fresca. Lunes, 17 de agosto de 2015. o Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja.

lunes, 17 de agosto de 2015

El sino apócrifo de un acero traidor

Foto: Carmelo Bayo
Diego Urdiales malogra con la espada su faena más profunda y bella de la temporada

Como un pececillo que se escurre de la mano queriendo cogerlo pero abrazando finalmente al vacío; como un sonido en el aire que le cruje a uno por dentro pero que desaparece en el silencio en apenas un instante detenido. Así se le fue a Diego Urdiales un triunfo memorable ayer en San Sebastián después de su mejor faena de la temporada ante un victorino bravo y codicioso que exigía todo el toreo posible para sonsacarle el fondo de nobleza y codicia que, sin duda, atesoraba. La actuación de Diego Urdiales con el toro ‘Vencejo’ fue tan meticulosa como comprometida. Desde las verónicas de recibo hasta esa manera suya de llevar la lidia y colocarlo frente al caballo a punta de capote o pasándoselo por la espalda en pos del último vuelo. Se presentía cante grande desde los inicios de la faena, con una manera de abrir la obra con muletazos por alto jugando sus muñecas de seda y gobernando la embestida como si estuviera toreando con las dos palmas de las manos cerradas. Así se lo llevó a los medios, ganando terreno en cada lance y abrochando la tanda con un trincherazo final sencillamente extraordinario, roto Diego de toreo y esperando lo que iba a venir a continuación. Y es que todo lo que hace Urdiales en el ruedo tiene como fin el toreo mismo. Tres series con la derecha, con muletazos unos de ayuda al toro, de juego de alturas, y otros ya desobedeciendo las contemplaciones para gustarse a fondo. Lo mejor estaba por llegar, y fueron dos series con la mano izquierda sensacionales, con naturales larguísimos, templados y profundos; naturales con toda la expresión de esa torería para nada geométrica que interpreta: sus talones enterrados, el peso del cuerpo en la cintura y el vuelo de la muleta lacio y lánguido, alicaído, sin la menor tensión. Diego estaba haciendo el toreo,ése que tanto persigue y que tan pocas tardes se alcanza ver. Y fue una belleza; y fueron una auténtica pena los tres pinchazos previos al estoconazo definitivo. El pez se le escurría de esas palmas de las manos con las que acaricia el toreo; la música detenida se esfumaba con una imagen lorquiana que de pronto me vino a la memoria: debajo de las multiplicaciones había sangre de pato, que escribía en ‘Poeta en Nueva York’ y que se agolpa en las estadísticas del riojano. Ecuaciones que no cuadran, toreo inmenso y marcador a cero; maestro sin rúbrica, la Gioconda sin la firma de Leonardo; un beso de nadie, el aroma de una presencia a la que ya no se puede esperar, la luz de una farola encendida a media tarde... Es el sino negro de Urdiales, del urdialismo, de ese grupo de seguidores que peregrinan con él por esas plazas buscando el maná del toreo en una fuente de la que brota un arte desmesurado y un silencio de gotas que no rebotan en la pila. El cuarto de la tarde, segundo de Urdiales, fue un toro altiricón y pesado muy fuera del tipo de esta ganadería. No le dio apenas opciones al torero riojano que, a pesar de todo, consiguió varios naturales de muy buen trazo en el mismo anillo. Como casi todas las temporadas, habrá que esperar al ruedo negro de Bilbao para sacar la cabeza de debajo de la sangre de los patos de las multiplicaciones y de los grifos casi secos de sus números. Morenito de Aranda no tuvo opciones porque sus dos toros no le dieron la más mínima opción de lucimiento. El segundo de la tarde se quedaba corto y careció de ritmo en sus embestidas. El quinto acabó con la cara por las nubes. Paco Ureña tuvo muchas opciones con la bravura verdadera de su primer astado, quizás el mejor de la corrida. La faena careció de estructura pero no de entrega. El diestro murciano dio lo mejor de sí mismo pero no tuvo esa soltura necesaria para hacerse con una embestida que precisaba muñecas de seda y vuelos con sentido de la muleta. En el sexto se pegó un arrimón.

o Feria de San Sebastián. Toros de Victorino Martín, bien aunque desigualmente presentados. Corrida muy dispar de juego, con dos astados que destacaron: el primero de Diego Urdiales, con un fondo de nobleza importante, y especialmente, el tercero, un toro de triunfo grande por su nobleza, codicia y profundidad. Morenito se llevó el peor lote con dos toros de nulas opciones. El segundo de Urdiales se paró muy pronto y el sexto no humilló y se quedó muy corto por ambos pitones.   Diego Urdiales: Saludos y saludos. Morenito de Aranda: Silencio en ambos. Paco Ureña: Saludos tras aviso y saludos. Plaza de toros de Illumbe. Media entrada; última de feria. Domingo, 16 de agosto de 2015. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

domingo, 16 de agosto de 2015

«El regreso de los toros a San Sebastián es un gran triunfo para la libertad»

El diestro de Arnedo actúa esta tarde en Illumbe ante astados de Victorino Martín, con Antonio Ferrera y Paco Ureña en el cartel

«Estoy doblemente ilusionado con regresar a Illumbe porque es una plaza que siempre se me ha dado bien y porque es un triunfo de la libertad que se haya vuelto a abrir para dar corridas de toros. Eso es lo más importante», explica Diego Urdiales.
- ¿Qué piensa de lo que está sucediendo alrededor del toreo?
- Creo que ha llegado el momento de reaccionar al unísono ante esta especie de ola puritana que nos quiere quitar algo que forma parte de nuestra esencia. Acabo de llegar de Francia y allí la unión del sector y de los aficionados ha logrado poner a salvo las ferias en las ciudades taurinas, sean del partido que sean. En el toreo no hay política, ni de un lado ni de otro. Y además, la convivencia se basa en el respeto y el que no quiera ir que no vaya, pero que no imponga su moral a los demás. Somos un gigante con pies de barro y es vital unirnos para la defensa de un hecho cultural que une a millones de personas en países tanto de Europa como de América.
 - Qué ha supuesto el triunfo de Dax?
- Un poco de tranquilidad. Se me han ido orejas en Madrid, Valencia y Mont de Marsan por detalles muy pequeños y reencontrarse con el triunfo es reconfortante.
-  ¿Otra vez toros de Victorino? 
- Desde el año pasado en Bilbao no los había vuelto a torear y ha sido una ganadería esencial en mi carrera. El toro de Victorino es exigente pero tiene una forma de embestir con la que me he identificado y espero que salga alguno que me ofrezca la oportunidad de hacerle cosas bonitas.
-  A Dax llevó a dos muchachos de su Aula de Cultura Taurina a los toros. ¿Por qué lo hizo?
- Es una actividad con la que ya llevamos varios años. A los dos chavales que mejores notas hayan obtenido en el curso escolar (este año han sido Ana Ciordia y David Parejo) les hago vivir un día de toros completo a mi lado. Fuimos a la novillada matinal, estuvieron en el sorteo y enchiqueramiento de los toros, comieron en el hotel con la cuadrilla y mi apoderado, me acompañaron mientras me vestía y luego estuvieron en la corrida. Creo que es una experiencia única sentir esas sensaciones tan personales que se viven en un día de corrida. Además, en mi aula no buscamos formar toreros, queremos hacer llegar a los niños los valores de respeto y amor al toro que sentimos los aficionados. Es algo muy profundo y es una de las cosas de las que me siento más feliz en mi profesión. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

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