miércoles, 13 de septiembre de 2017

Tomás Campos bordó el toreo y obtuvo un pleno de cuatro orejas

Foto: Miguel Pérez-Aradros
El diestro de Llerena, afincado desde hace cuatro años en Arnedo, dio un recital ante los tendidos llenos del coso

El matador Tomás Campos, ganador del Zapato de Oro y afincado desde hace cuatro años en Arnedo, dio un verdadero recital ayer en la repleta plaza de toros de Autol y se entretuvo en cortar cuatro orejas. Pero más allá de los premios, el nivel que dio sobre el ruedo fue extraordinario. Viene de salir por la puerta grande de Fitero y las plazas francesas de La Brède, Orthez y Mimizan y ayer disfrutó e hizo disfrutar ante dos novillos nada fáciles de la ganadería lodosana de José Antonio Baigorri. Especialmente el segundo fue un animal extraordinariamente complejo por su genio y motor. Tomás se asentó desde el primer momento y lo toreó con especial dominio y reunión pasándoselo muy cerca y lanceando con la mano izquierda de forma primorosa. Tanto es así, que fue capaz de reducir el motor del toro y tapar su incómodo calamocheo. Y lo consiguió sobre la base del toreo fundamental, con los vuelos de la pañosa, con una colocación impecable y jugando su anatomía con una elegancia sublime. Fue un verdadero lujo ayer contar con un torero como Tomás Campos en Autol, un diestro que puede marcar diferencias en la tauromaquia por su valor sincero, por su compás y por una personalidad asombrosamente única. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

domingo, 3 de septiembre de 2017

INTELIGENCIA ANIMALISTA

Este fin de semana dos animalistas saltaron al ruedo con un toro en la arena. Sucedió en Francia, en la localidad de Carcassone, un pintoresco pueblecito amurallado situado entre Perpiñán y Tolouse. Un novillo de Miura dio sus primeras carreras por el redondel y desde el tendido de la zona de chiqueros, una pareja (chica y chico) se plantó en la boca de riego en mitad de la querencia natural del astado, que es algo así como ponerse en la vía del tren en un paso a nivel sin barreras. El bicho los vio y se vino a por ellos como una locomotora. La muchacha le sacó la mano como diciéndole para, para, que he venido a salvarte y apretó a correr. Y el novillo, vaya usted a saber por qué, giró en el último instante, y se lanzó a por el incauto bípedo implume. La paliza fue colosal, voló por los aires, se lo pasó de un pitón a otro y ninguno de los de su grupo movió una pestaña por él. Un banderillero le hizo el quite; el toro atendió al capote, pero regresó a por su salvador y le asestó otro viaje tremebundo. Las cuadrillas, al fin, lograron rescatarle y se lo llevaron desmadejado y a rastras al callejón. Nunca se había visto nada igual. Hasta ahora solían saltar con el toro muerto y empezaban a dar botes por el ruedo hasta que llegaba la Policía y se los llevaba entre aspavientos y soflamas. Pero en Carcassone sucedió algo extraordinario porque hay que ser verdaderamente estúpido para lanzarse al ruedo con un novillo vivo. Y además, desconocer profundamente la naturaleza de un animal al que dicen defender. El toro no se apiadó del iluso activista que salvó su vida de milagro y por la intercesión de las cuadrillas, que se jugaron la suya propia por poner a salvo uno de los franceses más tontos de toda Francia. ¿Hubieran hecho lo mismo si fuera al revés? Lo dudo. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

NO FUE PADILLA

No fue Padilla. La corrida del día grande de Calahorra no la suspendió el torero jerezano porque sintió el capricho irrefrenable de fastidiar las fiestas a las más de dos mil personas que habían comprado su localidad. No. La realidad es que el ruedo estaba impracticable para torear, tan blando que los toros hubieran hundido sus pezuñas y que la mínima seguridad de los toreros para moverse por el ruedo estaba totalmente en entredicho. Yo mismo, como tanta gente, bajé al ruedo y comprobé el lamentable estado del mismo. Padilla y ‘El Cid’ decidieron no torear con absoluta lógica y profesionalidad, y Varea, apoderado por la empresa de la plaza, no secundó la decisión puesto que iba contra los intereses de su jefe. No me parece justo echarle la culpa a los toreros, máxime cuando la responsabilidad del coso es tanto de su propietario (Ayuntamiento) como la empresa adjudicataria. La realidad es que no pusieron los medios para solucionar la inundación de la mañana o los que pusieron fueron insuficientes. Es curioso, las reinas, que siempre salen en coche a saludar dando una vuelta al ruedo antes de la corrida, lo hicieron a pie. Yo pensé que era porque como había mucha gente en las taquillas querían demorar un poco el inicio del festejo para esperar a que todo el mundo ocupara cómodamente su localidad, pero no. Lo más lógico es que la corrida se hubiera dado por suspendida por la mañana, antes del apartado, porque parecía imposible arreglar el ruedo con la plaza convertida prácticamente en una piscina y con los artilugios del Gran Prix diseminados por el albero. Digo yo, que si se sabía que iba a llover se podía haber previsto con algo menos de improvisación. Creo que resulta demasiado fácil echar la culpa a los toreros –¡qué vaya usted a saber dónde andarán!– y no mirar un poco hacia adentro y ver las razones por las que en un día en el que no llovió nadie fue capaz de solucionar el desaguisado de un ruedo hecho un patatal. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

viernes, 1 de septiembre de 2017

Padilla encabeza la suspensión de la corrida por el impracticable estado del piso plaza

Foto: Justo Rodríguez
Óscar Eguizábal aseguró que por la mañana los apoderados le dijeron que se daba el festejo: «Nuestra sorpresa ha sido total por la tarde»

Apenas dos minutos antes de las 18,30 horas (media hora después del horario indicado para que comenzara el festejo) un coche armado de megafonía irrumpió en el ruedo calagurritano para anunciar al público que la corrida se había suspendido por el mal estado del piso plaza. Minutos antes, las cuadrillas de toreros, encabezadas por Juan José Padilla –director de lidia por ser el diestro de mayor antigüedad– inspeccionaron el ruedo y tomaron la decisión de suspender el festejo. «En estas condiciones es imposible torear», manifestó a Diario LA RIOJA Diego Robles, apoderado y hombre de confianza del diestro jerezano. Manuel Jesús ‘El Cid’ estaba de acuerdo con la decisión de Padilla y el joven Varea, apoderado por la empresa, se mantuvo en un segundo plano, aunque según Alberto García, su apoderado y a la vez empresario del coso calagurritano, no tenía problemas en hacer el paseíllo. La realidad es que el ruedo no estaba en condiciones, aunque desde los tendidos no era posible apreciarlo. En las zonas de las rayas hacia el tercio y los adentros, el piso se hundía como una goma, lo que imposibilitaba la lidia en unas mínimas condiciones de seguridad para los diestros y los banderilleros. Óscar Eguizábal, concejal de festejos, dijo que habían hecho todo lo posible para que el festejo se celebrara: «Ha llovido toda la noche y los operarios municipales han estado toda la mañana trabajando. Después del sorteo los apoderados nos han comunicado que el festejo iba hacia adelante. Nuestra sorpresa ha sido total cuando han llegado a la plaza y han tomado la decisión de no torear», manifestó el munícipe popular.

Dos mil entradas vendidas
El empresario del coso, Alberto García, aseguró que había «más de dos mil localidades vendidas». De hecho, la cola en las taquillas antes de la corrida llegaban hasta la puerta grande: «Hemos trabajado codo con codo con los operarios del Ayuntamiento para poder llevar adelante el espectáculo, pero no ha podido ser». Cuestionado sobre si no hubiera sido más lógica la suspensión tras el apartado matutino, García manifestó que ese extremo no es «responsabilidad mía».
La noche del miércoles llovió constantemente en Calahorra y a primera hora el ruedo amaneció completamente encharcado y con todos los materiales del Gran Prix celebrado la tarde anterior sin retirar. Surge una pregunta: «¿Se podía haber empleado otra técnica diferente para acondicionar el piso». Robles, curtido en mil batallas, comentó que el error fue no retirar el agua de los charcos: «El albero es muy traicionero porque no drena. Se hizo una mezcla con la tierra y el agua y no ha dado tiempo a que se seque. Yo lo avisé desde el primer momento y le comenté a Padilla que la plaza no reunía las más mínimas condiciones para torear, por la seguridad y por el propio espectáculo». o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

jueves, 31 de agosto de 2017

El Cid sustituye a El Fandi esta tarde en Calahorra

Se lidiarán astados de Apolinar Soriano en un cartel con Juan José Padilla y el debutante Varea

Manuel Jesús 'El Cid' sustituirá esta tarde a David Fandila 'El Fandi' en la corrida grande de las fiestas de Calahorra. El torero granadino se resintió el pasado domingo de una lesión sufrida en la plaza de Almería. El parte médico lo dejaba claro: desgarro miofascial profundo del tercio medio interno del músculo recto femoral con colección líquida fusiforme de aproximadamente 10 cm. de extensión longitudinal. El torero de Granada comunicó ayer mismo que «volverá a vestirse de torero» el 2 de septiembre en la Goyesca de Ronda. La empresa Tauroemoción anunció ayer por la mañana que sería Manuel Jesús 'El Cid' el sustituto. He aquí las razones: «Su buen bagaje esta temporada, donde ha destacado en Sevilla, cortando una oreja, y como triunfador en Calatayud y Tudela». Así que el cartel lo abrirá Juan José Padilla, con 'El Cid' y el torero apoderado por la empresa, Jonathan Blázquez Rovira, 'Varea' en los carteles, que se presentó en La Rioja el pasado mes de marzo en Arnedo ante astados de Victorino Martín. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

lunes, 28 de agosto de 2017

PARA SOÑAR EL TOREO

Había llovido y la tarde de Aldeanueva se quedó mansa, suave, sin una brizna de viento. El ruedo de la plaza estaba perfecto, con la arena suelta y húmeda; la chavalería bullía dispersa en grupos por esa almazuela arquitectónica que es el centenario coso y cuatro novillos de Lumbreras aguardaban en los chiqueros. Y no decepcionó ni un ápice la novillada de Río Bravo, que tal y como hizo en Lardero (final del Bolsón Taurino de La Rioja) y en San Adrián (Espárrago de Oro) ofreció bravura, emoción y calidad a raudales. De cuatro erales, tres fueron de nota y el segundo, de nombre ‘Fundador’, un animal extraordinario en todos los sentidos, por sus preciosas hechuras, por su raza y por su encastada nobleza. Un novillo que mereció la vuelta al ruedo y con el que el joven Víctor Hernández demostró varias cosas: que quiere ser torero, que pisa los terrenos de compromiso, que maneja bien la zurda y que, obviamente tiene mucho camino por andar. ‘Fundador’ metió la cara en el capote con clase y en la muleta lo hizo, además, con temple, con ese más allá que decía Joselito ‘el verdadero’ que tienen las embestidas de los Núñez con sus dos o tres pasos más de recorrido. La faena tuvo altibajos, pero Víctor se había dado cuenta de la calidad del morlaco y lo intentó hacer todo muy de verdad con ambas manos. Las mejores series llegaron al natural, con la planta muy asentada y su expresión muy vertical. El público de Aldeanueva vibró con el toreo bueno y con las profundas embestidas del eral. Era de vuelta al ruedo, pero la presidencia estaba, sin duda, a otros menesteres.

Una máquina de embestir
El primer astado, llamado ‘Camillero’, fue una auténtica máquina de embestir. El eral, fino también de cabos, no paró ni un segundo de perseguir los engaños. Aitor Fernández estuvo entregado con él, pero le faltó someterlo para que no se le subiera a las barbas. El diestro ligó varias series por ambas manos a toda velocidad. Es cierto que resulta muy complicado reducir un torrente así, pero alguien de su cuadrilla le debería avisar de que era necesario comenzar por abajo sometiendo al toro para frenar un poco su acometividad y poderlo torear despacio. El tercero, el más feo de hechuras, resultó el peor del encierro. Sin comerse a nadie, la realidad es que miró a tablas en repetidas ocasiones y le faltó fijeza. Eso sí, no mintió.
El último de la novillada me encantó. ‘Capitán’, un poco más feote que sus dos primeros hermanos, pero con mucho compás. Le costó a Víctor acoplarse, pero cuando lo hizo logró una serie en redondo maravillosa. Su rara fragilidad es conmovedora y atisbo que quiere sentir cosas bellas toreando. Se tiró como un jabato tras la espada y abrió la puerta grande como antes había hecho su compañero de cartel. Gran tarde de toros de Aldeanueva de Ebro, una feria ejemplar en todos los sentidos y que cerró su capítulo de novilladas a pie con un nuevo triunfo de la familia Lumbreras, un verdadero nido de afición, señorío, elegancia y bravura.

Feria del Racimo de Oro. (Aldeanueva de Ebro) Novillos de Álvaro y Pablo Lumbreras, bien presentados y de gran juego. Aitor Fernández: oreja y oreja. Víctor Hernández: oreja y oreja. Plaza de Aldeanueva de Ebro. Más de tres cuartos de aforo cubierto. Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

domingo, 27 de agosto de 2017

El sitio que pisa Urdiales huele a toreo

Urdiales, con su primero. Foto: Manu de Alba
El riojano logró la undécima oreja de su carrera en Bilbao tras una faena marcada por su gran templanza

Ponce saludó sendas ovaciones y Roca Rey logró otro trofeo ante una decepcionante y feble corrida del Puerto de San Lorenzo 

Importantísima oreja de Diego Urdiales ayer en Bilbao, la número once en su carrera en una plaza donde sentó sus reales hace casi una década con la inolvidable faena al victorino ‘Planetario’ y en la que se le espera en tono de figura. Y se dice que el triunfo fue importante porque el diestro de Arnedo estableció un diálogo lidiador con el primero de su lote, un ejemplar que superó en la tablilla los seiscientos kilos, pero que a pesar de su nobleza, tenía tendencia a reponer entre muletazo y muletazo y a quedarse en los vuelos haciendo constantemente hilo con los flecos de la muleta. Diego tiró de repertorio lidiador y de valor para quedarse en el sitio y ser capaz de ligar varias series con olés coreados por la afición. La faena tuvo varios capítulos.  En el primero, el matador de Arnedo dio confianza al toro sin apretarle demasiado y limando sus deseos de buscar las tablas llevándoselo al platillo. Se lo sacó con enorme sobriedad y sin molestarle para darle confianza en la tanda inicial, a media altura y sin obligar demasiado en el final del muletazo para que el toro no se viera podido. Pero había un riesgo, que el astado, con tendencia a soltar la cara, desluciera los lances tropezando la muleta. Y en ese punto, apareció la maestría del riojano para templarlo con superior delicadeza. En el segundo capítulo de su obra bilbaína apareció otra condición del toreo esencial de Urdiales: el sitio que pisó para dejar la muleta en la cara por abajo y ligar con extrema precisión los derechazos. La plaza rugió, a Urdiales se le veía feliz y comenzó a sonar la música tras la orden del palco presidencial.

Plenitud
Era el momento culminante, la plenitud de una obra de orfebrería taurina de un matador que volvió a sacar a relucir la extrema dimensión de su desusada tauromaquia. Dibujó una serie en redondo colosal, muy reunido con el toro, con la suerte cargada y descansado todo el cuerpo en los talones para ligar tres muletazos de ese corte suyo tan antiguo, con esa naturalidad rota de su ademán relajado pero sin caer en el abandono ni en la cursilería.  Todo en Urdiales desprendió serenidad y gusto, torería y sobriedad, sin asomarse jamás al precipicio de lo barroco o la impostura. Al final, con el toro ya muy vencido, lo acarició con su muleta y lo despenó de un soberano estoconazo. Oreja de peso  en un Bilbao que lo tiene  en los altares de su predilección. El segundo de su lote sacó cosas de los viejos toros de Atanansio cuando cantó su condición de manso desde que saltó a la negra y ferruginosa arena de Bilbao. Imposible sujetarlo con el capote y más difícil aún reunirlo con el caballo. Al final se fue al piquero de puerta donde recibió un picotazo con el que se cambió el tercio. El toro parecía que tenía cosas, básicamente por su movilidad. Pero cuando Urdiales le plantó cara comenzó a rebrincarse, a salirse suelto y en un derrote que le lanzó con el pitón contrario pareció autolesionarse merced a tan extraño ademán. Dicen los técnicos que se le rompió una pezuña, puede ser, pero la realidad es que fue el más deslucido y manso de la tarde. Se atascó Diego con la espada pero el público lo despidió con respeto porque con semejante materia prima era imposible el más mínimo lucimiento.

Un buen sexto
El mejor toro de la tarde fue el sexto, quizás la rendija donde pueda rebuscar la bravura perdida la buena familia ganadera de los Fraile. El toro tuvo son desde que embistió al capote de Roca Rey en los lances de recibo. Atanasio clásico, con mucha humillación y yendo a más en la muleta del peruano, que planteó su habitual faena. Series rápidas por ambas manos en los inicios y después, el arrimón del miedo logrando una inverosímil arrucina al final de la faena. La estocada fue extraordinaria y logró la segunda oreja de la tarde. Ponce estuvo por encima de su lote y fue ovacionado en sus dos toros. 

CORRIDAS GENERALES. Toros de El Puerto de San Lorenzo, de irregular y escasa presentación, aunque de buenas hechuras en conjunto. Corrida en el filo de la navaja por sus pocas fuerzas e irrisoria acometividad. Destacó el sexto, un toro noble con calidad y boyantía por ambos pitones. El 3º y el 5º se lesionaron durante la lidia. Enrique Ponce: saludos en su lote. Diego Urdiales: oreja y silencio. Roca Rey: silencio y oreja. Plaza de toros de Vista Alegre (Bilbao), algo más de tres cuartos de entrada en tarde bochornosa. Al romper el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Dámaso Gonzalez, fallecido ayer. Sábado, 26 de agosto de 2017. Penúltima del abono.  o Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

sábado, 26 de agosto de 2017

ALFONSO ORTIZ, APUNTEN SU NOMBRE

Alfonso Ortiz se llevó la única oreja de la segunda novillada del abono de Aldeanueva 

La realidad es que el escasísimo juego de los astados navarros de Santafé Martón marcó para mal el espectáculo. Cuatro erales muy justos de presentación, descastados, mansos y huidizos; es decir, un material poco apto para deslumbrar al público. Pero para el que lo supiera ver ahí quedó la tarde del novillero Alfonso Ortiz, que hace apenas un mes se llevó el premio máximo de San Adrián tras una actuación portentosa. Ayer tuvo muy pocas opciones. El segundo de la tarde sólo quería irse a las tablas y cuando metía la carita la hacía con escasísima clase. Sin embargo, en el cuarto, el único que desarrolló un puntito de fijeza, tuvo una mínima rendija para que atravesara su luz y logró una verónica de mucho compás y la opción de trazar una faena con contenido. El novillo de Santafé Martón no sacó bravura, sino genio revolverse y violencia en su acometividad. Y en ese punto afloró la clase de torero que es Alfonso Ortiz y demostró que además de unas notables condiciones artísticas posee el valor necesario para colocarse en la rectitud de la embestida y colocar la muleta cargando la suerte en los lances. Logró algún natural excelente a pesar de la descompuesta acometividad del burel y no se arredró cuando fue volteado o le hacía hilo por delante queriéndole arrancar la muleta. Cortó una oreja más que merecida y dejó sentado que es un torero al que hay que seguir. Héctor Edo sólo lució en algún par de banderillas. Como tantas veces sucede, las cuadrillas ayudaron bien poco y parece un milagro que después de mil lances sin sentido los novillos puedan embestir.

o Feria del Racimo de Oro. Novillos de Santafé Martón: mansos y mal presentados; de pobre juego. Héctor Edo: silencio y palmas. Alfonso Ortiz: silencio y oreja Plaza de toros de Aldeanueva, 2ª de feria, tres cuartos. Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

Urdiales vuelve hoy a Bilbao con Enrique Ponce y Roca Rey

La corrida es una de las más esperadas del abono bilbaíno y se lidiarán toros de la divisa del Puerto de San Lorenzo

Diego Urdiales tiene hoy la oportunidad de convertirse en el único matador de la historia en salir en tres ferias consecutivas por la Puerta Grande de la plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao. El diestro riojano es uno de los toreros más admirados de la afición vizcaína y regresa con gran expectación tras su gran faena del miércoles al toro 'Botijero' de Victorino Martín. La corrida de esta tarde ('Movistar Toros', a partir de las 18 horas) pertenece a la ganadería salmantina del Puerto de San Lorenzo, una divisa que no ha frecuentado en demasiadas ocasiones el torero riojano pero con la que logró una tarde de mucho mérito en este coso cuando tuvo que sustituir de forma repentina a Miguel Ángel Perera. En aquella corrida se las vio con Enrique Ponce y el fallecido Iván Fandiño, que además resulto herido, como un miembro de su cuadrilla que tuvo que acabar retirándose por la gravedad de sus lesiones. El matador de Arnedo actuará con Enrique Ponce, en su segunda tarde en Bilbao, y el peruano Andrés Roca Rey, que logró dos orejas en la primera comparencia en esta feria. Se espera que haya una gran entrada en el coso de Vista Alegre. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

jueves, 24 de agosto de 2017

El torero de las armonías

Diego Urdiales suma una nueva oreja en Bilbao en una tarde en la que toreó al ralentí y en tono de belleza a un victorino

Continúa el idilio entre el toreo de Diego Urdiales y la plaza de Bilbao, su plaza, el redondel taurino donde acostumbra a dejar sus mejores tardes y en la que se siente comprendido como en ningún otro coso. Ayer volvía con el peso de la púrpura en la chaquetilla azul cielo con la que había compartido la última tarde con Iván Fandiño. Y para él fue el primer brindis a la eternidad. Emotivo, trágico, tan roto y tan desgarrador por dentro como áspero de todas asperezas iba a resultar el victorino que abría la función, una clásica alimaña gris que se tuvo que llevar a la boca así, de primeras, para entrar en contacto con una plaza que le adora y que le tributó al romper el paseíllo una conmovedora ovación. Diego conoce Bilbao y desde los primeros lances a ‘Bohonero’ se dio cuenta que el toro era de sílex, fiero, humillador pero sin el más mínimo recorrido. Se lo sacó con guapeza con el capote a los medios y la plaza estalló en la primera ovación. Y no fue la única con semejante material puesto que anduvo muy firme con él en una faena que tuvo esos ribetes dieciochescos del toreo sobre las piernas dejando claro en el ruedo que el que allí mandaba era él. El público esperaba el milagro y fue un milagro que en uno de sus derrotes al pecho no le cogiera de mala manera. Lo mató de una buena estocada y aunque no hubo triunfo ahí había quedado, para el que lo supiera ver, la firma de un torero en sazón. El triunfo, presagiado y perseguido, iba a llegar en el cuarto, un cárdeno de Victorino llamado ‘Botijero’ y que estaba en aquel lote frustrado por los veterinarios de Madrid. Vaya petardo, puesto que el toro, de bellísima lámina y armado con dos pitones que quitaban el hipo, tuvo recorrido y nobleza aunque le faltaron finales y cierta humillación. El de Arendo lo cuajó en el capote con un recibo de altos vuelos. Hubo tres verónicas colosales abrochadas con una de esas medias al ralentí marca de la casa. El riojano cuidó todos los detalles de la lidia y el toro acudió solícito al caballo en dos puyazos sin demasiado castigo. Lo quitó Escribano por chicuelinas y Urdiales comenzó a hacer el torero. Se lo sacó a los medios con suavidad y comenzó a torear en redondo con una gran templanza y muy rotas las muñecas. Pero lo mejor estaba por llegar en dos extraordinarias series al natural, en la que el astado ya salía a su aire de los vuelos. El público coreaba cada muletazo con esos oles roncos de faena grande. Toreo caro de Urdiales en el platillo de Vista Alegre que llegó a su punto máximo en una serie con la derecha en la mismísima boca de riego. Enorme diferencia en su toreo, compás de elegancia y naturalidad, de cante grande. El toro, a partir de ahí, se vino abajo, y la faena continuó a buen nivel por el pitón izquierdo en otra serie de profundo aliento. Se lo llevó a las tablas, intentó abrochar la obra con naturales ya muy suaves y un pinchazo antes de la estocada no fue óbice para que Bilbao le pidiera la oreja, la enésima en esta plaza y la que sellaba su reencuentro con los astados de Albaserrada. El mejor toro de la corrida fue el quinto, ‘Mecatero’, un ejemplar extraordinario en todos los sentidos al que incomprensiblemente no se le premio con la vuelta al ruedo. Escribano facturó una faena irregular con un espadazo de premio. Se le pidió la segunda oreja, pero Matías tenía claro que no se la iba dar. Bronca enorme para un presidente que sí le había concedido merecidamente la primera de la tarde a Ureña, que se la jugó a carta cabal con el tercero de la corrida. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja 

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