domingo, 20 de septiembre de 2015

Garrido a golpe de corazón

Tengo para mis adentros que la corrida de ayer tenía su sentencia dictada. Es decir, que era casi seguro que pasara lo que al final aconteció: una tarde para el olvido que encima nos hizo albergar buenas sensaciones en los dos primeros toros, los únicos que embistieron y que fueron desigualmente tratados por los toreros que tuvieron la suerte de que les correspondieran en sus lotes. Miguel Abellán volvía a Logroño tras bastantes años de ausencia y pasó como en él es habitual, pinturero por momentos, alejado del compromiso y con ese oficio que ha ido atesorando tras muchos años de alternativa. Tuvo, de lejos, el mejor astado de la corrida: el precioso ‘Corregidor’, perfecto de hechuras, sin exageraciones de ningún tipo y con un alma de bravo que le hizo embestir con el hocico por el albero desde el incio hasta el final del trasteo. Peleó con la cara por abajo en el caballo y en la muleta no paró de embestir, especialmente por el pitón derecho. Abellán lo trasteó demasiado fácil, abusando de los toques para fijar la embestida y con ese aroma suyo y un tanto demagógico para hincarse de rodillas en la segunda tanda. El toreo ahí salió menos limpio y la faena comenzó a desilacharse por falta de construcción, por esa ausencia de verdadera arquitectura. Tomó la muleta con la mano izquierda y el toro comenzó a pensárselo; ni eran los mejores terrenos ni se la echaban de verdad con los vuelos. Al final siguió embistiendo con suma calidad en otra serie en la que persiguió con codicia los vuelos. Ahí se acabó todo. Una mala estocada puso un fin claramente inmerecido a un astado que mereció mucho mejor trato. Una pena. El segundo toro también fue de nota, aunque no peleó en varas cono un bravo. No humilló, ésa es la verdad, pero tuvo recorrido, movilidad, obediencia y emoción. El toro fue a más en una faena con pasajes desiguales de un Ureña que parece demasiado obligado a triunfar. Es un torero valiente, clásico, entregado y honrado a carta cabal, un diestro armado de un buen arsenal de valor que quiere hacer las cosas bien toreando con los vuelos sin abusar de los toques, tal y como hizo en el recibo con el capote en el que apenas sacaba los vuelos dejándose pasar el toro muy cerca y con escaso gobierno en los primeros lances. Quiere hacer el toreo y lo busca. Y eso se agradece. Pero, sin duda, la tarde de ayer tuvo un nombre. José Garrido, con alma de gran capotero y que ayer, con un toro sin demasiadas opciones fue capaz de inventarse una faena a golpe de corazón. Casi nadie confiaba en ‘Truchero’, un toraco serio, acodado, hondo y alto, que por lo visto había gustado mucho en los corrales. Pero el bicho, lejos de comportarse como lo habían hecho sus hermanos predecesores, comenzó a defenderse casi desde el primer momento. Quizás le hicieron ‘daño’ las buenas verónicas de recibo, jugando los vuelos, los codos, la cintura. El toro dijo que no y a partir de ese momento se puso realmente complicado. Sin maldad, pero sin clase. Garrido le buscó las vueltas, los terrenos y se la jugó a carta cabal. Estuvo sensacional el joven torero extremeño que acabó pasándose el toro muy cerca y despenándolo de una soberbia estocada. No tuvo opciones con el sexto, al igual que Ureña, a pesar de que lo intentaron casi todo. o Crónica para Diario La Rioja

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