lunes, 3 de mayo de 2010

La paradoja del toro que no se murió

Para Diego Urdiales la corrida de ayer constituyó una auténtica paradoja: no se echó el primer toro después de una gran faena y un estoconazo hasta los mismísimos gavilanes (y perdió con ello una oreja de ley); y mediada la faena del quinto, el bello astado castaño del Conde de Mayalde se derrumbó clamorosamente colocando un amargo punto final para la primera de las tres comparecencias del torero riojano en Madrid de este revoltoso mes de mayo.
Y lo cierto es que el matador arnedano dejó sobre el albero de Las Ventas una gran actuación en el primero de su lote, un toro altiricón, montado y muy feo de Carmen Segovia, que embistió al capote con la cara por las nubes y que derribó al picador en un primer encuentro que resultó providencial para el posterior desarrollo de la lidia, ya que el toro se templó y comenzó a descolgar. Este aspecto no le pasó desapercibido a un Diego Urdiales que brindó el toro a la concurrencia y que comenzó su trasteo por bajo, con mucho temple para sacarse al burel más allá de las rayas de los picadores. Le dio sitio, le presentó la muleta con franqueza por el pitón derecho y el toro se le venció propinándole un seco pitonazo en la cara interna del muslo. A partir de ese momento la faena cambió diametralmente y el riojano logró instrumentar varias series al natural plenas de hondura, con algún muletazo de una enorme profundidad y de una singular hondura. Al toro, sin embargo, le costaba un mundo repetir las embestidas y para obtener algo parecido a la ligazón se colocó muy en el pitón contrario para lanzar los vuelos y arrancar dos series al natural plenas de empaque. Diego Urdiales en su máxima expresión técnica y torera. Volvió por la diestra, mejoró las condiciones del toro y antes de perfilarse regresó a la izquierda para rematar una faena de oreja. Y entonces, cobró una estocada tremenda, tirándose y envasada en todo lo alto de la anatomía del toro. Hubo un momento que pareció trastabillarse. pero se amorcilló y se puso imposible para descabellar. Sonó el segundo aviso y la oreja que tenía en su mano fue a parar al limbo.
El quinto de la tarde guardaba los mejores presagios por su belleza. Muy serio de cuerna, no muy alto y de perfecta hechura para embestir. En el capote no se dejó y calamocheaba desde el embroque hasta los remates. Empujó con fijeza en una primera vara que resultó un tanto caída y que quizás resultó excesiva. El toro fue un punto violento en banderillas y tras dos primeras tandas alegres por la derecha, tras enganchar la muleta por la izquierda dijo basta y se rindió clamorosamente echándose de puro manso en el ruedo. Diego lanzó un quejido profundo e intentó rehacer el milagro del domingo pasado en Zaragoza reinventándose de nuevo otra faena. Pero en Madrid con un toro así eso no se lo permitirían ni a Juan Belmonte que resucitara. Levantaron al toro para cuadrarlo en la estocada y se volvió a echar. Paradoja maldita para la suerte de un torero que sigue confiando en encontrarse en Madrid un toro, sólo un toro, que le permita expresar el caudal de sensaciones toreras que en él habitan.
José Luis Moreno tuvo una tarde gris, básicamente en el segundo de su lote; aunque dejó buenos pasajes de toreo con el que abrió plaza, un excelente astado del Conde de Mayalde de encastadas embestidas. Sin embargo, el toro de la corrida fue el sexto, otro manejable ejemplar de muy buen tranco y con el que Sergio Aguilar dejó buenos momentos al natural aunque le faltó acoplarse en serio con un astado que pedía mucha profundidad, que exigía tiempo y que no consentía que le ofrecieran los vuelos de improviso. El presidente, eso sí, le birló la oreja.

CORRIDA GOYESCA
o Toros: de Carmen Segovia (2º, 3º y 4º), serios, armados y de juego desigual; y del Conde de Mayalde (1º, 5º y 6º), con romana y de mejor juego. El primero, bravo; 5º, desfondado y 6º de gran calidad. El lote de Urdiales: el primero dificultoso, se entregó por el izquierdo y el quinto se echó mediada la faena.
o José Luis Moreno: saludos tras aviso y silencio tras aviso.
o Diego Urdiales: saludos tras dos avisos y silencio.
o Sergio Aguilar: silencio y vuelta al ruedo.
o Incidencias: Plaza de toros de Las Ventas, tres cuartos del aforo cubierto. Corrida Goyesca. Domingo 2 de mayo del 2010. (Esta crónica la he publicado hoy en Diario La Rioja).

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Se puede tener mas mala suerte?
Menudo estoconazo dios mio!! Creia que caia fulminado
No pierdo la esperanza. Le quedan dos tardes y espero poder ir
Ramon Martinez Galan

Anónimo dijo...

La crónica perfecta.
Me gustaría aportar una idea que tarde tras tarde me ronda en la cabeza.Creo que los que seguimos a Diego debemos de dejar de decir - ¡qué mala suerte!.Es cierto que hay contratiempos, -"ese toro que no cae!!!!!" ¿EL AZAR?,no será que todos estos inconvenientes están llevando a Diego a un grado de exigencia y búsqueda profesional que posiblemente sea el resultado de su inusitada madurez con referencia a su trayectoría .
CUANDO EL AZAR LLEGUE VA A SER IMPARABLE.......

Anónimo dijo...

puede ser cierto, la suerte se busca y el capaz la consigue.
Diego la tendrá porque es el más capaz.
y aunque espero que no la necesite
diego, suerte!!!!

ramón martínez

gracias por visitar toroprensa.com

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