lunes, 22 de octubre de 2007

Toreando en otoño

Diego Urdiales dejó ayer la impronta de su torería en la nueva plaza de la finca ‘Río Bravo’, en Villamediana (La Rioja)

Río Bravo es una finca olorosa porque desprende una sensación rítmica de añeja torería. Como fondo de su nueva placita –inaugurada ayer y construida gracias al tesón de Carlos Lumbreras y su familia– se extienden por una tímida ladera varios majuelos de viñas que enrojecen lentamente, variando por azar sus tonos desde los verdes ya algo palidecidos a los ocres brillantes donde se reflejaba un insolente sol de primavera. Y antes de las viñas, unas motas negras que se movían con pereza: los toros, que por un caprichoso efecto óptico parecían retozar entre renque y renque, como si las cepas dieran cobijo ahora al manantial de la bravura. Pero era otoño y Diego Urdiales lanceaba rítmicamente con su muleta. El torero arnedano, más delgado que nunca, no se cansaba de mostrar una y otra vez el engaño a la vaquita con la que empezó, que aunque no tenía muchas fuerzas, desparramó sus embestidas con azarosa ingenuidad. Había un gentío: los más afortunados subieron al palco; el resto, encima de un camión o en improvisados alzapiés para disfrutar de la parsimonia del riojano. La taleguilla era gris marengo y un jersey azul oscuro le servía para mitigar las rachitas de cierzo que llegaban por la espalda. Salió un segundo novillo. Y se explayó el torero templandolo con mucha suavidad en varias series que se jaelaban por lo bajini (olés con silenciador, propinaban los aficionados). En el campo sólo cantan los cencerros de la tropa de mansos que rumiaba tras una tapia. Y salió el tercero: cara de bruto y de peores intenciones. Y afloró la lidia de Urdiales, la muleta poderosa, los recursos, el oficio. El caballo de tienta se desparramó solo y costó un mundo levantarlo y quedaba dentro el astado más ofensivo. Se volvió a caer el triste jamelgo y hubo que someter a la res con la muleta, sin la ayuda de la pica. Y así fue. Tras la mañana de toros, llegó el rancho y el vino de Rioja. Era otoño y Diego seguía lanceando en Río Bravo. (La foto es de Antonio Díaz Uriel).

o Reportaje especial sobre los toreros riojanos. Pincha aquí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

QUE BUEN DIA DE OTOÑO TUVIMOS EL DOMINGO LOS QUE PUDIMOS DISFRUTAR DE LA MULETA DEL PEDAZO TORERO DIEGO URDIALES, QUE TEMPLE, QUE TORERIA, A TODOS SE LOS LLEVO A SU CANASTO, ANIMO TORERO

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