jueves, 19 de enero de 2012

¡Que te quiero muñequito, que te quiero! (*)

Así me lo encontré.
Fallecido, tirado, derrotado, exhausto, desbravado, trepanado, olvidado, enmohecido, entristecido, ralo, absorto...

Y me quedé pensativo y abatido; indignado y sorprendido.
Saqué el móvil y sin tocar el objetivo le lancé un venablo de cupido.

Muerto está, pensé...
Muerto y olvidado.
Muerto y escarnecido.

Y guardé el celular en mi bolsillo con la imagen ya para siempre mía de un muñequito revirado y desvaído, que terminó sus días a los pies de un contendedor para que un tipo con sombrero le captara con cariño de esta guisa y cantar después en internet su desventura.

¡Que te quiero muñequito, que te quiero!


(*) Me he acordado de este liviano asunto al encontrame esta tarde una tabla de planchar arrumbada en la misma calle en la que me encontré en 2008 a este personaje.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo leí aquel día y me flipó. Hoy me gusta más todavía mucho más.

Pe

Anónimo dijo...

Sí, es precioso

Pa

Anónimo dijo...

Es usté genial, maestro

Ramón Arrieta

Anónimo dijo...

La soledad es lo único que nos hace libros

Miguel Ángel Albiol

Jorge Valdano dijo...

Parece Mourinho

Jorge Valdano dijo...

Después de hablar con PEPE!

gracias por visitar toroprensa.com

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