Así me lo encontré. Fallecido, tirado, derrotado, exhausto, desbravado, trepanado, olvidado, enmohecido, entristecido, ralo, absorto...
Y me quedé pensativo y abatido; indignado y sorprendido.
Saqué el móvil y sin tocar el objetivo le lancé un venablo de cupido.
Muerto está, pensé...
Muerto y olvidado.
Muerto y escarnecido.
Y guardé el celular en mi bolsillo con la imagen ya para siempre mía de un muñequito revirado y desvaído, que terminó sus días a los pies de un contendedor para que un tipo con sombrero le captara con cariño de esta guisa y cantar después en internet su desventura.
¡Que te quiero muñequito, que te quiero!
Muerto y olvidado.
Muerto y escarnecido.
Y guardé el celular en mi bolsillo con la imagen ya para siempre mía de un muñequito revirado y desvaído, que terminó sus días a los pies de un contendedor para que un tipo con sombrero le captara con cariño de esta guisa y cantar después en internet su desventura.
¡Que te quiero muñequito, que te quiero!
6 comentarios:
Lo leí aquel día y me flipó. Hoy me gusta más todavía mucho más.
Pe
Sí, es precioso
Pa
Es usté genial, maestro
Ramón Arrieta
La soledad es lo único que nos hace libros
Miguel Ángel Albiol
Parece Mourinho
Después de hablar con PEPE!
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