domingo 12 de julio de 2009

Luis Francisco Esplá, adiós sin Logroño

Francisco Sánchez: «Habíamos llegado a un acuerdo con los Chopera y sin decirnos nada estamos fuera de sus plazas»

Luis Francisco Esplá no estará en la feria de San Mateo y el torero alicantino, máximo triunfador de la pasada Feria de San Isidro, se despedirá de los toros sin haber realizado el paseíllo en el coso de La Ribera, tal y como contó en el programa 'Sol y Sombra', de Punto Radio La Rioja, Francisco Sánchez, uno de los mentores de este personalísimo matador. El diestro, que logró la despedida soñada de La Plaza de Las Ventas y en la que fue capaz de firmar, quizás, la mejor faena de su vida, ya comentó hace unos meses que «me gustaría mucho poder decir adiós a la afición de Logroño. El problema que he tenido con la empresa 'Chopera' ha derivado hacia cuestiones personales, pero ahora, a través de mi nuevo apoderado -José Antonio Martínez Uranga, empresario de Las Ventas y tío de los responsables del coso logroñés- espero que las cosas se arreglen y pueda despedirme de una afición a la que he respetado profundamente durante muchos años». Óscar Martínez Labiano, empresario de La Ribera, cuestionado sobre este aspecto, no descartó la posibilidad de la vuelta de Esplá a la feria logroñesa. Tanto es así que tal y como relató Francisco Sánchez, «nos habían dado varias fechas para plazas suyas tales como Vic-Fezensac, San Sebastián, Almería, Bilbao y Logroño. De hecho, actuamos en Vic que era una plaza en la que en un principio no pensábamos ir y cuando empezaron a salir los carteles de esas primeras ferias y no vimos a Luis Francisco anunciado nos llevamos una gran decepción. No ha habido ninguna conversación ni nada parecido, nos hemos visto fuera sin ninguna explicación». Esta temporada es muy especial en cuanto a su planteamiento formal: «Para mí ya ha terminado la época del guerrero del antifaz; ahora quiero una temporada organizada y sin sobresaltos. Quiero que me saquen de ese tipo de corridas duras con las que he pechado tantos años, un adiós más desahogado», aseguró. Sin embargo, su memorable triunfo en la feria de Madrid le está haciendo replantearse las cosas y además de darle la alternativa a su hijo en Alicante, tras acabar el año en España en la Feria del Pilar, coso en el que tomó la alternativa, se anunciará en varias ferias de América. Sin embargo, la afición de la plaza de Logroño, en la que tuvo un importante cartel y que no le ve desde 1999, no podrá despedirse de él en su nuevo ruedo.

o Este artículo lo he publicado hoy en Diario La Rioja.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Verdaderamente hay cosas que no se entienden.
Es la última temporada de Esplá y en Logroño somos muchos los que querríamos verle en nuestra plaza. ¿Qué tenemos que hacer Sres. Chopera?
Enhorabuena al Maestro Esplá por toda su carrera.

Anónimo dijo...

Pablo, qué lástima que no venga Esplá a Logroño. ¿Crees que al final se arreglará? ¿Valdrá para algo lo que has escrito en el periódico? ¿O harán lo que les venga en gana como casi siempre hacen?

Saludos

Iñaki Salvador

Anónimo dijo...

Los Chopera mandan y los demás, a pagar

Canutillo (Abonado de Logroño)

Anónimo dijo...

Una pena que el maestro Esplá no se despida en Logroño; la verdad es que las rencillas personales a veces hay que dejarlas a un lado.

Ángel Martínez, de Logroño y abonado de la Ribera

Anónimo dijo...

QUé vergüenza; seguro que el que viene es Cayetano...

Ramón

Anónimo dijo...

Chopera, tendrás que esmerarte para no defraudar en Logroño

Pepillo de Málaga

Lópe de Aguirre o la cólera de Dios dijo...

Esplá, no te preocupes; nos despediremos de ti en Zaragoza

Aficionado de La Rioja dijo...

Qué paradoja: Ni Esplá, ni JT ni Ponce. Gran Feria, sí señor!!!

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Un paseo por Bodegas Ontañón

Sumergirse en Bodegas Ontañón es penetrar en un espacio donde el mundo del vino se da la mano con el arte en una sucesión de sensaciones que tienen que ver tanto con la sensibilidad del fallecido artista Miguel Ángel Sáinz (Riojano Ilustre, 2004), como con su feliz encuentro con Gabriel Pérez, propietario de la bodega y un pionero en la idea de unir vino y arte de una forma tan especial que se consigue fusionar radicalmente las obras de este escultor/pintor/diseñador y arquitecto en un espacio sagrado –la bodega– donde descansa el vino a la vera de seres mitológicos e imaginarios. Porque Miguel Ángel Sáinz no se planteó el diseño estructural de la bodega como una mera galería donde colgar o instalar su obras. Más bien se puede decir todo lo contrario, ya que desde que se entra y sin olvidar la escultura de Ganímedes –el copero de Zeus– que preside la fachada principal del edificio, la sensación en el visitante es sobrecogedora. Ontañón abre sus dos ciclópeas puertas –con barricas grabadas en una especie de bronce verdoso y envejecido que apenas matiza la presencia del ánfora sagrada– y se abandona de súbito la dudosa claridad del día para penetrar en un templo con imágenes matizadas por una luz que perezosamente logra colarse, aunque mitigada, por la textura de las vidrieras del introito. Allí, en medio del silencio, existe una mesa pétrea que apenas se adivina en la penumbra pero que sabe de la condición humana como pocas cosas en este mundo: todos la acarician cuando la conocen y eso invita a pensar que quizás el hombre no sea tan lobo para el hombre como parece al leer cada día los periódicos o al asomarse a la televisión, dicho sea de paso y a pesar de Hobbes. Ontañón es también un laberinto al que interpela un pasillo con las estaciones del Vía Crucis donde descansan miles de botellas en las que se reflejan en un juego de milimétricas aliteraciones decenas de destellos en sus lomos. Además, se pegan a un suelo marrón que se sabe que nos acompaña por la propia ley de la gravedad, pero que pasa desapercibido. Y como apariciones mágicas e inesperadas, de la obra de Miguel Ángel Sáinz se replica de nuevo su ingenio para brotar una tras otra sus esculturas. Dos son las salas en las que óleos y carboncillos se miran a los ojos. Pero en la nave de barricas, donde maceran los caldos, hay un sitio reservado para Oinopión, hijo de Dionisio y Ariadna, criador de vino por excelencia y rey en la isla de Quios, de donde procedían los mejores caldos de la antigua Grecia, singularmente el llamado Prennios. En la bodega está representado trasegando unas ánforas de vino a lomos de un centauro, que por lo común eran criaturas montaraces, violentas y encabronadas, lascivas y amantes de beber el vino con exceso. Aunque hubo unos pocos que destacaron por su inteligencia y generosidad. El centauro Folos, representado en la escultura, fue mentor de Dionisio. Dos causas le encaminaron al sueño eterno, la primera: ser generoso en compartir el vino de los centauros para homenajear a Hércules. Y después, por su curiosidad científica, al querer indagar el poder de las flechas envenenadas de Hércules; una de ellas le rozó, causándole la muerte. El centauro, por combinar en su ser mitológico el genio humano con los instintos primarios del genio animal, es símbolo del enriquecimiento del hombre por el conocimiento y control de los instintos más poderosos de la naturaleza. En la elaboración de los vinos más excelentes está la conjunción de la inteligencia humana que equilibra la fuerza fermentadora de la naturaleza. Este espacio es paradigmático y, a la vez, el centro de gravedad de esta bodega, es como su cerebro. Por eso, y como dejó escrito el propio Miguel Ángel Sáinz, Oinopión es la síntesis de todos los conocimientos de su padre Dionisio respecto de las uvas y del vino, y los del centauro Folos, conocedor profundo del impulso íntimo de la naturaleza, formando un equipo de trabajo sugerente y complementario.