Hay un periodista que aborda la tauromaquia (por así decirlo) en un medio informativo en La Rioja que lo confunde todo: desde los géneros hasta la educación; desde las formas hasta los modos. Hace muchos años tuve un encontronazo con él del que no me he recuperado. Yo estaba entrevistando; él quería un autógrafo y dijo de mí que no le dejaba trabajar tras cogerme de las solapas de mi chaqueta vaquera y llamarme gordo y gafoso en la puerta de la capilla de la vieja Manzanera. Le molesta que le pisen las noticias porque no tienen la delicadeza de llamar a su puerta. Lo que pasa es que las noticias, por muy malas que sean, salen despavoridas de ti, de tu insulsa retórica y de tu decir las cosas a gritos... Le doy un euro al que acierte de quien hablo. ja....
domingo 11 de febrero de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Un paseo por Bodegas Ontañón
Sumergirse en Bodegas Ontañón es penetrar en un espacio donde el mundo del vino se da la mano con el arte en una sucesión de sensaciones que tienen que ver tanto con la sensibilidad del fallecido artista Miguel Ángel Sáinz (Riojano Ilustre, 2004), como con su feliz encuentro con Gabriel Pérez, propietario de la bodega y un pionero en la idea de unir vino y arte de una forma tan especial que se consigue fusionar radicalmente las obras de este escultor/pintor/diseñador y arquitecto en un espacio sagrado –la bodega– donde descansa el vino a la vera de seres mitológicos e imaginarios. Porque Miguel Ángel Sáinz no se planteó el diseño estructural de la bodega como una mera galería donde colgar o instalar su obras. Más bien se puede decir todo lo contrario, ya que desde que se entra y sin olvidar la escultura de Ganímedes –el copero de Zeus– que preside la fachada principal del edificio, la sensación en el visitante es sobrecogedora. Ontañón abre sus dos ciclópeas puertas –con barricas grabadas en una especie de bronce verdoso y envejecido que apenas matiza la presencia del ánfora sagrada– y se abandona de súbito la dudosa claridad del día para penetrar en un templo con imágenes matizadas por una luz que perezosamente logra colarse, aunque mitigada, por la textura de las vidrieras del introito. Allí, en medio del silencio, existe una mesa pétrea que apenas se adivina en la penumbra pero que sabe de la condición humana como pocas cosas en este mundo: todos la acarician cuando la conocen y eso invita a pensar que quizás el hombre no sea tan lobo para el hombre como parece al leer cada día los periódicos o al asomarse a la televisión, dicho sea de paso y a pesar de Hobbes. Ontañón es también un laberinto al que interpela un pasillo con las estaciones del Vía Crucis donde descansan miles de botellas en las que se reflejan en un juego de milimétricas aliteraciones decenas de destellos en sus lomos. Además, se pegan a un suelo marrón que se sabe que nos acompaña por la propia ley de la gravedad, pero que pasa desapercibido. Y como apariciones mágicas e inesperadas, de la obra de Miguel Ángel Sáinz se replica de nuevo su ingenio para brotar una tras otra sus esculturas. Dos son las salas en las que óleos y carboncillos se miran a los ojos. Pero en la nave de barricas, donde maceran los caldos, hay un sitio reservado para Oinopión, hijo de Dionisio y Ariadna, criador de vino por excelencia y rey en la isla de Quios, de donde procedían los mejores caldos de la antigua Grecia, singularmente el llamado Prennios. En la bodega está representado trasegando unas ánforas de vino a lomos de un centauro, que por lo común eran criaturas montaraces, violentas y encabronadas, lascivas y amantes de beber el vino con exceso. Aunque hubo unos pocos que destacaron por su inteligencia y generosidad. El centauro Folos, representado en la escultura, fue mentor de Dionisio. Dos causas le encaminaron al sueño eterno, la primera: ser generoso en compartir el vino de los centauros para homenajear a Hércules. Y después, por su curiosidad científica, al querer indagar el poder de las flechas envenenadas de Hércules; una de ellas le rozó, causándole la muerte. El centauro, por combinar en su ser mitológico el genio humano con los instintos primarios del genio animal, es símbolo del enriquecimiento del hombre por el conocimiento y control de los instintos más poderosos de la naturaleza. En la elaboración de los vinos más excelentes está la conjunción de la inteligencia humana que equilibra la fuerza fermentadora de la naturaleza. Este espacio es paradigmático y, a la vez, el centro de gravedad de esta bodega, es como su cerebro. Por eso, y como dejó escrito el propio Miguel Ángel Sáinz, Oinopión es la síntesis de todos los conocimientos de su padre Dionisio respecto de las uvas y del vino, y los del centauro Folos, conocedor profundo del impulso íntimo de la naturaleza, formando un equipo de trabajo sugerente y complementario.

























6 comentarios:
¿Se llama Pedro?
Pablo, me da igual quién sea. Me fío de ti. ¿Gordo y gafoso? Menudos argumentos de peso. Sigue con tu labor, independiente y valorada por la afición. Y quién quiera que sea, que siga recogiendo autógrafos de toreros. Con un poco de peloteo, igual dentro de poco le echan la firmita en los cheques.
Gracias Rosa por tu apoyo, como siempre. Pero es que estoy hasta arriba de este tío... Al anónimo que me ha preguntado el nombre, sólo decirle que lo diré en su día y cuando lo haga, lo haré con nombres y apellidos. De momento, mejor dejarlo así.
Ladran luego cabalgamos amigo Mancha.
un saludo
Aunque tarde, te doy mi apoyo Pablo, y cómo dijo Costillares, que sigan, que sigan, que eso es síntoma de que estás haciendo bien tu trabajo.
Por cierto, espero que no se llame Pedro como apuntaba el anónimo porque yo tengo devoción por uno... Aunque si se las gasta así, habrá que ir cambiando de referentes.
Un saludo
Pedro Maria Azofra, bochornosa, lo del dia 11, aun me duelen los ojos cada vez que leo "tan importante noticia"
http://www.elcorreodigital.com/alava/prensa/20070211/rioja/club-taurino-logrones-reune_20070211.html
Pasamos de primicias
Con el mejor interés y espacio atendemos y publicamos las actividades del CTL, estemos o no de acuerdo con la valía o mérito de los protagonistas. Si algún directivo, o directiva, pretende apoyar o mejorar su situación taurina adelantando parcialmente programaciones, nos parece fatal. No por las noticias, que seguiremos dando, sino por la actitud.
El que esto firma, tras casi cuarenta años de 'militancia' y servicio a la 'causa', mantiene la misma disposición a favor y no se dará de baja del Club Taurino Logroñés, aunque se duela de vez en cuando por algún 'extraño' en la embestida.
Lo importante es que haya de modo casi permanente faena y movimiento en la plaza de Avda. de Colón.
Un saludo muy grande a ti y ha nuestra amig@ que te dio la noticia..., el ajos come....
Publicar un comentario en la entrada