domingo, 1 de octubre de 2017

Escolares sin respuesta

Novillada con opciones de Escolar y coletudos sin espada

La novillada de José Escolar se quitó el sabor amargo de la malísima tarde del año pasado con un conjunto de astados con muchas opciones en la cuarta de Zapato. Seis utreros con diferentes escalas en su presentación y con juego dispar pero siempre interesante con tres animales con opciones: el noble tercero, el tardo cuarto y el sexto, premiado con una discutible vuelta al ruedo. Fue bravo en el caballo pero en la segunda serie en la muleta comenzó a desentenderse de la franela del Adoureño, el diestro más beneficiado en el sorteo, ya que se llevó los dos mejores toros del envío ganadero. Pudo haber cortado orejas a los dos, pero la espada le jugó una mala pasada y perdió los posibles trofeos. El tercero fue un gran novillo, incierto en los primeros tercios, pero el más completo en la muleta, con más intensidad que el resto de sus hermanos y con bastante ansia por perseguir los engaños siempre por abajo. El diestro galo se entendió mejor con él por el pitón derecho que al natural, pero fluyeron las series y el público vivió con pasión la faena. Un pinchazo antes de la estocada enfrío el resultado final. Con el sexto rozó de nuevo el triunfo. El toro peleó con bravura en el caballo y tuvo la virtud de la repetición. El alumno de la escuela de Richard Millian logró varias series ajustadas en redondo, a pesar de que el toro salía ya con la cara a media altura desentendiéndose de los engaños. Sin embargo tenía ritmo y el francés aguantó el celo del toro con inteligencia. Otra vez la espada le privó del premio. Fue una faena con gusto, sin demasiada profundidad, pero muy inteligente puesto que acertó desde el primer momento en la distancia y en los terrenos. Hubo un novillo que tuvo una profundidad especial; fue el cuarto, el más exigente para hacerle el toreo bueno. Juan Miguel lo logró por momentos en una faena en la que recibió de primeras un revolcón muy serio con un varetazo corrido en la pierna que acusó durante la lidia. El de Escolar era muy tardo, pero cuando acudía a la muleta lo hacía con toda su alma. Y además, por el pitón izquierdo iba mucho más allá que el resto de la corrida. Era un toro de apostar, de dejar la franela muerta en el morro y tirar de él. Eso sí, a cara o cruz. Juan Miguel lo logró a medias y hubo dos naturales y un remate por ese pitón increíblemente lentos. Costaba un mundo; el que es capaz de torear así a un Escolar es un privilegiado. Lástima la espada de nuevo, puesto que Juan Miguel -que fue intervenido al finalizar el festejo-, pudo haber paseado una oreja de peso. Miguel Ángel Pacheco tuvo un lote muy complejo y sin demasiadas opciones. Sólo pudo estar voluntarioso y demostrar sus ganas de ser novillero. o Esta crónica la he publicado en Diario La Rioja

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