martes, 29 de septiembre de 2015

NADIE REPITE ZAPATO DE ORO

Foto: Justo Rodríguez
Esperaba mucho más de la novillada de ayer, propiedad de ‘El Juli’ y regada en su sangre por el torrente de varias de las ganaderías predilectas del gran torero de Madrid. Fue bella, perfecta de hechuras; con animales en tipo, especialmente cómoda de cara, pero sin terminar de redondear en bravo ningún animal, aunque con embestidas notables varios de ellos, especialmente los lotes de Álvaro Lorenzo y el debutante Daniel Menés, totalmente superado por las circunstancias, la calidad de sus utreros y el oficio mostrado por sus dos compañeros de terna, dos novilleros con hechuras de matadores y con un toreo ciertamente majestuoso por momentos. Álvaro Lorenzo maneja el capote como los ángeles y Ginés Marín, ayer sin demasiadas opciones, tiene un aire al natural de altísima escuela. Los mejores momentos de la tarde llegaron en el cuarto, con el que Lorenzo toreó con gran ritmo y sutileza, tanto en redondo como con la mano izquierda. Suavidad, vuelos, colocación y profundidad. Una verdadera lástima que fallara con la espada ya que perdió la que pudo haber sido la primera puerta grande de la feria. Daniel Menés se encontró de lleno con la realidad de dos figuras de la novillería y un lote de grandes opciones. Cierto es que lo intentó todo con sus dos novillos, e igualmente verdad es que estuvo por debajo de sus dos utreros, el finísimo ‘Napolitano’ que hizo tercero, y el bello acaramelado de cuerna que cerró la tarde, un novillo de nota superior, noble, humillador y de extraordinario ritmo. No cuajó a ninguno, a pesar de intentar muletazos largos de buen embroque pero de defectuosa ejecución al resolver el lance a la hora de soltar el viaje con rudeza. Por la derecha toma la muleta muy perpendicular y no le vuela, y por la izquerda la saca plana y citó con la parte del palillo. El novillo pedía vuelos pero el joven diestro prefirió ir a la pelea de la ligazón para meter al público rápidamente en las faenas. Ginés Marín no tuvo opciones: el primero se le vino abajo demasiado pronto y el quinto, que ya se escupió de las telas en los lances de capote, sacó mansedumbre a raudales a pesar del empeño que mostró el extremeño toda la tarde. Es la maldición del Zapato de Oro, cuando lo ganas y repites en Arnedo parece imposible reverdecer viejos triunfos, a pesar de que este año yo estaba convencido de que dos ganadores en un extraordinario momento podrían hacerse acreedores de nuevo al premio ante novillos a modo para tal envite. o Este artículo lo he publicado en Diario La Rioja

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