jueves, 30 de diciembre de 2010

LOS FUNERALES DE ESPAÑA

Varios amigos tuiteros de la izquierda riojana me azoran a que le arree la misma caña a Pedro Sanz que la que le suelo atizar a Zapatero. «Eso sería prueba de que no eres del PP», me dicen. Sucede que Twitter exige mensajes cortos y esta situación me da para mucho más. En primer lugar, no tengo que probar o desmentir filiación política alguna porque de todo el mundo es sabido que soy morantista y anarcosocietario de la VI Asamblea. En segundo término, por muy mal que lo esté haciendo Pedro Sanz, querer comparar al franquiciado popular riojano con la monumental incapacidad del gobierno central parece un chiste intolerable. Zapatero no sólo está llevando al país a la ruina sino que está cavando en una fosa infinita a la izquierda española. Con el genio leonés se ha terminado con el estado del bienestar y con gran parte del espíritu de consenso de la Transición. Cataluña está a un paso de la independencia, Euskadi irá detrás y los españoles que vayamos quedando seremos mucho más pobres tras su mandato que tras las dos legislaturas de Aznar. Sé que ponderar a José María tiene mala prensa, sobre todo entre esa izquierda que huye de sí misma despavorida, entre una ministra de Asuntos Exteriores que no sabe dónde tiene la cabeza o una vicepresidenta económica que asiste desde su escaño al desvanecimiento de todo su programa. La electricidad sube, la gasolina se desboca, las empresas se arruinan; todo está parado mientras Zapatero asiste a los funerales de España afligido, solitario, rodeado acaso de los pocos que en su partido saben que su destino está irremediablemente unido al del presidente. ¿Dónde está la izquierda? ¿Dónde los Solana, los Jordi Sevilla? ¿Qué piensa del naufragio Martínez Aldama?

o Este artículo lo he publicado hoy en Diario La Rioja en una serie que aparece los jueves y que se titula Mira por dónde.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Y ha usted D. Pablo como persona que suele atizar a Zapatero y que me da la ligera sensación de ser votante del PP, cosa que respeto como no podía ser de otra forma.
Le preocupa mucho la monumental incapacidad del gobierno central, que no está llevando a la ruina, y con ello está cavando en una fosa infinita a la izquierda española ¿de verdad eso le preocupa? o por el contrario es un motivo de alegría.
Y si el genio leonés como usted dice ha terminado con el estado del bienestar y con gran parte del espíritu de consenso de la Transición y Cataluña está a un paso de la independecia, Euskadi irá detrás y los españoles que vayamos quedando seremos más pobres tras su mandato que tras las dos legislaturas de Aznar ¿quién será los más beneficiados de este país o de esta nación?, porque después de ver este panorama tan oscuro y pesimista, que yo comparto con usted en un cien por cien ¿habrá luz y optimismo cuando entre el PP?, de ser así, como todos esperamos o una gran mayoría esperamos y deseamos, es solo tener un poco de paciencia y ha mediado del 2012 empezaremos a poder quitarnos el salvavidas que no ha permitido no ahogarnos durante este peligroso temporal.

Saludos y feliz 2011

Julio Jiménez

Pablo G. Mancha dijo...

1. RAJOY, EL OSITO ABURRIDO

Mariano Rajoy me recuerda a un osito cárdeno con su barba a lo Osama Bin Laden, con esos pelillos canos y blanquecinos que se encaraman por sus mejillas hasta su par de mofletes sonrosados. Casi sin darse por aludidos, los pelitos de su barbilla se ciernen peligrosamente sobre sus labios protegiendo comisuras; su sonrisa es franca; se diría casi de porcelana por su extrema fragilidad cuando nos acerca al desconsuelo. Rajoy, a decir verdad, también me recuerda a un oso porque hiberna, porque de pronto desaparece del mundanal ruido y deposita la fragancia del liderazgo en María Dolores de Cospedal o Soraya Sáenz de Santa María, las dos mujeres más poderosas del PP, exceptuando a ese verso libre que representa Esperanza Aguirre, ama y señora de Madrid entre otras muchas razones por la sucesión de infinitas guerras civiles de los socialistas capitalinos. Rajoy, como los osos, anda agazapado, esperando ver pasar el cadáver de ZP para encaramarse al poder en unas elecciones que todavía están lejísimas. Parece conforme con su sino, y lo que es mucho peor, se le ve satisfecho con ese futuro sin darse cuenta de que la brecha de las encuestas no responde a la ilusión de su mensaje sino a lo decrépito del Gobierno socialista. Zapatero parece finiquitado en el lodo brutal de la crisis y en la excepción del escándalo aéreo, pero Mariano Rajoy con su mensaje simplista de no hacer nada, ni oposición, no ilusiona a nadie. Y a España, lo que le hace falta es un poco de ilusión, de esperanza; a España le hace falta un poco de genio, de alegría, de espíritu emprendedor. Y este PP a mí me aburre soberanamente por su indolencia, porque parecen fatigados antes de emprender la carrera. Gurtel pesa, y mucho más el lastre de Camps, el de los trajes.

2, LA DESAFECCIÓN
La desafección hacia la clase política es el peor de los males que padecen los países democráticos porque incide de raíz en la legitimidad del sistema. Pero este desencanto no ha llegado por casualidad, se viene larvando desde tiempo inmemorial por unos políticos que parecen enredados en sus cuitas obviando con descaro lo que sucede a su alrededor. Vivimos una crisis económica feroz, las cifras del desempleo hace tiempo que han superado lo osceno y leyendo los periódicos da la sensación de que el asunto no vaya con ellos. Su desprestigio es tal que a casi nadie parece escandalizar la barbaridad de Matas, que se ha hecho rico, riquísimo, a costa de los presupuestos generales del Estado, a costa de nuestros impuestos. Ahora es Matas, ayer el Gürtel, antes de ayer… La corrupción es inherente al hombre, sin duda, pero no al sistema. Y el sistema parece aguantar casos y cosas protagonizados por toda suerte de sinvergüenzas sin atragantarse nada a casi nadie, sólo ríos de tinta, declaraciones de unos y réplicas de otros. Rajoy tiene la obligación moral de limpiar su partido. Él es la única alternativa a un ZP cada día más alejado de una realidad que no se compadece con sus sueños de grandeza, con sus discursos de optimismo escatológico, con el propagandístico Plan E y con esa Ley de la Dependencia cada vez más destinada a quedarse en papel mojado. Ésta iba a ser la legislatura del pleno empleo, dijo. Y continúa callado, igual que Rajoy permanece en silencio ante el hartazgo de una sociedad que mira a su partido de la misma forma que observaba a aquel PSOE de la corrupción impávida de los noventa. Y miraba con espanto, con incredulidad, con rabia. Pero ahora es mucho peor porque no se confía en nadie. Es decir, la desafección pura y dura, lo que vivimos y la que ahora mismo yo siento.

Anónimo dijo...

la excusa siempre será la crisis

gracias por visitar toroprensa.com

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