martes, 2 de febrero de 2010

El caso Urdiales (Zabala de la Serna, en elmundo.es)

Dicen que el toro coloca a cada cual en su sitio. Pero es mentira. O no del todo verdad. Si así fuese, Diego Urdiales no se pasaría otra vez las ferias de Castellón y Fallas sentado en su casa. Y probablemente la de Sevilla. De nuevo, la temporada de Urdiales arrancará en Madrid. El 2 de mayo de 2009 se reivindicó ante tanta injusticia en el ruedo venteño y le cortó una oreja a un toro grandote de Carmen Segovia. La oreja sería lo de menos, y lo demás la capacidad para encelar las embestidas en una faena, en una lidia, cabal y de orden que cantó convientemente Paco Aguado, regresado ahora a "su sitio" en burladero. El valiente riojano tuvo que esperar a tal fecha para decir aquí estoy yo: ni las proezas de San Sebastián y Bilbao con sendas corridas de Victorino Martín en 2008 valieron de nada. ¿Injusto? Se queda corto el adjetivo ante tamaña cabronada. Después su apoderado, Luis Miguel Villalpando, se equivocó al renegar de la corrida de Dolores Aguirre en Pamplona y quedarse fuera de San Fermín, y no sólo porque los doloresaguirre se convirtieran en la revelación de la feria, sino porque su torero vive en el continuo filo de la navaja donde se produce la terrible situación de nunca poder pronunciar un "no". Si no juegas, no existes y ninguna feria se resiente. La justicia taurina sí. Y el aficionado de verdad también.

Creí ingenuamente que tras la victorinada de otoño los empresarios explotarían un cartel que sorprendió por novedoso y capaz: Diego Urdiales, José Luis Moreno y Sergio Aguilar. Aquella tarde Urdiales dio otra vez una dimensión de lidiador correoso, de pedernal. Conocimientos y valor ante el victorino de sílex. Saltaron chispas. La vuelta al ruedo tuvo sabor a trofeo de sangre y fuego, a conquista de gladiador. Otrora esto valía para caminar. Por un camino, pero al fin y al cabo para andar y navegar. No es un fracaso de Diego Urdiales. Ni siquiera de su apoderado, que carece de asideros. El problema es de un sistema que fracasa por su falta de sensibilidad. Y lo que es peor: por la ausencia de justicia.

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1 comentario:

I. J. del Pino dijo...

Si, pero no. Me explico: Lo de Pamplona un error..., pues creo que si. La injusticia... mucho más que evidente; pero no estamos ante un "lidiador correoso" ni ante un "gladiador". Precísamente ese es el motivo por el que Diego rechaza algunas cosas. Tiene dimensión de torero profundo, clásico, y además, y eso si es cierto, es capaz de estar delante de aquello que nadie querría ni ver.
Una reflexión, Pablo: No crees que todo este revuelo va a servir para que Madrid se rinda definitivamente a este torero?.

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