sábado, 13 de febrero de 2010

EL CANTE PASTUEÑO

La Macanita no arriesgó en una noche marcada por unas malagueñas conmovedoras

Tomasa Guerrero La Macanita es una cantaora profunda con un metal realmente asombroso en su garganta. Esta Macana encandila con una voz gitana y jonda, que con el tiempo suena cada vez más dulce cuando se rebusca en los tonos bajos, y salvaje en ese grito poderoso con el que es capaz de enroscarse en la entraña misma del quejido. Y eso que el jueves no quiso arriesgar porque no se sentía confiada con ella misma por llegar al concierto con una pequeña alergia, asustada por el frío, como refugiada con una malagueña de ensueño en la que cantó por abajo con una singular belleza dormida, con un entronque entre perezoso y lánguido para arrastrar los tercios como se lleva a un niño revoltoso a la cama. Malagueña de Chacón, malagueña conmovedora que supo a caramelo dulce, a coquina y un poco a ese moscatel que deja en la boca un regusto a uva, todo resuelto con la frescura de la fruta nueva. La malagueña fue un portento de flamencura sin apenas arrebato, un cante para nada casual que rezumó un conocimiento exquisito de lo jondo, un sabor y un estilo de una cantaora que será de época. Había empezado Tomasa por tientos arrastrando las sílabas al compás gitano de Parrilla, con ese inconfundible estilo de Jerez en su guitarra. Y no hablo del soniquete, hablo de saber sortear los silencios en el discurso sonoro, de esa especie de teatralidad de los trémolos y los picados, sobre todo por soleá, por bulería y en esa belleza sutil en la que convirtió los juguetillos que ensayó por siguiriya y fandangos. En los tangos apareció, para que se sepa, el frondoso aroma de la Niña de los Peines. Tomasa canta amplio y con sentido, aunque no quiso tomar más riesgos de los debidos en una noche frágil y pastueña en la que al final se llevó al gentío cantando por bulerías y por canciones buleaeras, con las que fue entusiasmado gracias a ese estilo suyo tan personal, a esa forma de engrandecerse en el escenario manejando el compás y el espacio como lo hacen en aquel rincón del sur. Hubo quien esperaba más poderío, pero estamos en invierno y las alergias, a pesar de todo, no nos arrebataron la esencia de una cantaora imprescindible.

o Cante: Tomasa Guerrero ‘La Macanita’. Toque y compás: Manuel Parrilla, Gregorio y Chícharo. Salón de Columnas del Teatro Bretón de Logroño. Jueves, 11 de febrero de 2010 (Lleno). Esta crítica ña he publicado hoy en Diario La Rioja.

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