lunes 29 de junio de 2009

Más de veinte mil personas visitaron la exposición 'Curro Romero, toda una vida'

Agencia EFE (Domingo, 28 de Junio de 2009). Más de 20.000 personas de todo el mundo han visitado la exposición dedicada a Curro Romero inaugurada durante la pasada Feria de San Isidro en la plaza de Las Ventas por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en presencia del propio torero, con motivo de su 50 aniversario de confirmación de alternativa, y que ha sido clausurada estos días. Curro acompañado de su mujer Carmen Tello asistió a la inauguración de la muestra, en la que se exponían objetos personales de su vida taurina, como vestidos, capotes, muletas, premios, estoques, zapatillas, castañetas, la medalla de las Bellas Artes, y muchas fotografías que ilustran el titulo de esta exposición: ¡Toda una vida! Las fotografías correspondían a sus actuaciones en el ruedo de Las Ventas y en otros ruedos, entre ellos, por supuesto, la propia Real Maestranza de Sevilla. La exposición se nutrió también de los fondos de la Peña Taurina Curro Romero de Camas (Sevilla), que recientemente acaba de cumplir sus cincuenta años de vida, y que cedió cuatro cabezas de toros, algunos de los de mayor éxito de Curro en Madrid: "Regatero", "Fragoso", "Marismeño" y "Soneto", lidiados en los años, 1959, 1963, 1973 y 1992, respectivamente. Además, la Peña cedió el vestido con el que Curro Romero debutó en la Maestranza de Sevilla en 1957. De la exposición, organizada por el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid con el patrocinio de Metro de Madrid, fue comisario el escritor Carlos Abella, miembro también del Consejo de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid.

La muestra estuvo montada en la sala "Antoñete" de la Plaza de Las Ventas, por donde pasaron personalidades del mundo taurino, de las artes, de la vida política y social, que dejaron sus dedicatorias en el libro de firmas, como la Duquesa de Alba, los toreros Santiago Martín "El Viti", Pedro Martínez "Pedrés", Juan Mora, Julio Aparicio -padre e hijo- y Juan Antonio Alcoba "Macareno"; los ganaderos Eduardo Miura, Victorino Martín, Samuel Flores, Javier Sánchez Arjona, Eduardo Martín Peñato, José Antonio Hernández Tabernilla y Juan Pablo Jiménez Pasquau. También visitaron la exposición, haciéndose eco de la misma y con participación activa en el ciclo cultural paralelo de conferencias, recitales y mesas redondas sobre la figura de Curro Romero, desarrollado durante dos fines de semana en el mismo marco donde estuvo la muestra, los periodistas Tico Medina, Antonio García Barbeito, José Ignacio de la Serna, Julián García Candau, Antonio Lorca, José Carlos Arévalo, Pablo García Mancha y Juan Miguel Núñez; y el poeta Miguel Flores. Contribuyeron asimismo en distinta forma a la exposición, personas tan próximas a Curro Romero como su mozo de espadas Gonzalo Sánchez Conde "Gonzalito", que tuvo el detalle de acceder a intervenir en una de las cuatro charlas dedicadas al torero revelando por vez primera anécdotas de su estrecha colaboración durante más de cuarenta años, y el restaurador Antonio Donaire, amigo del torero y propietario del "Puerta Grande", lugar de encuentro de los cabales en Sevilla, que cedió un capote dedicado y el ejemplar del primer contrato de apoderamiento firmado por Curro Romero, en 1954. Esta semana última, la exposición ha sido devuelta a sus propietarios en Sevilla, y Curro recibió en su casa el libro de firmas en el que habían dejado muestras de su admiración por él aficionados de todo el mundo que han pasado por la Plaza de Las Ventas y por la sala, expresándole en sencillas y elocuentes frases su afecto y admiración, entre ellas, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Del catálogo se han editado 1.000 ejemplares distribuidos entre los aficionados asistentes a las conferencias y a la inauguración, habiéndose registrado peticiones de todo el mundo. En el mismo se reproducen fondos del Archivo regional de la Comunidad de Madrid, y han colaborado también escritores, periodistas, fotógrafos y pintores como José Luis Suárez Guanes, Carlos Crivell, Huberto Apaolaza, Murice Berho, Agustín Arjona, Eduardo Porcuna, "Botán" y Santos Yubero.

o Gracias a la invitación de Carlos Abella tuve el honor de moderar una mesa redonda en este ciclo junto a los maestros Santiago Martín 'El Viti', Pedrés, Juan Mora y el ganadero Javier Sánchez Arjona. La foto que ilustra esta toma de EFE corresponde a aquel día.

1 comentarios:

Feria del Toro dijo...

Menudo reencuentro con Juan Mora, tantos años después...

Mariano

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Un paseo por Bodegas Ontañón

Sumergirse en Bodegas Ontañón es penetrar en un espacio donde el mundo del vino se da la mano con el arte en una sucesión de sensaciones que tienen que ver tanto con la sensibilidad del fallecido artista Miguel Ángel Sáinz (Riojano Ilustre, 2004), como con su feliz encuentro con Gabriel Pérez, propietario de la bodega y un pionero en la idea de unir vino y arte de una forma tan especial que se consigue fusionar radicalmente las obras de este escultor/pintor/diseñador y arquitecto en un espacio sagrado –la bodega– donde descansa el vino a la vera de seres mitológicos e imaginarios. Porque Miguel Ángel Sáinz no se planteó el diseño estructural de la bodega como una mera galería donde colgar o instalar su obras. Más bien se puede decir todo lo contrario, ya que desde que se entra y sin olvidar la escultura de Ganímedes –el copero de Zeus– que preside la fachada principal del edificio, la sensación en el visitante es sobrecogedora. Ontañón abre sus dos ciclópeas puertas –con barricas grabadas en una especie de bronce verdoso y envejecido que apenas matiza la presencia del ánfora sagrada– y se abandona de súbito la dudosa claridad del día para penetrar en un templo con imágenes matizadas por una luz que perezosamente logra colarse, aunque mitigada, por la textura de las vidrieras del introito. Allí, en medio del silencio, existe una mesa pétrea que apenas se adivina en la penumbra pero que sabe de la condición humana como pocas cosas en este mundo: todos la acarician cuando la conocen y eso invita a pensar que quizás el hombre no sea tan lobo para el hombre como parece al leer cada día los periódicos o al asomarse a la televisión, dicho sea de paso y a pesar de Hobbes. Ontañón es también un laberinto al que interpela un pasillo con las estaciones del Vía Crucis donde descansan miles de botellas en las que se reflejan en un juego de milimétricas aliteraciones decenas de destellos en sus lomos. Además, se pegan a un suelo marrón que se sabe que nos acompaña por la propia ley de la gravedad, pero que pasa desapercibido. Y como apariciones mágicas e inesperadas, de la obra de Miguel Ángel Sáinz se replica de nuevo su ingenio para brotar una tras otra sus esculturas. Dos son las salas en las que óleos y carboncillos se miran a los ojos. Pero en la nave de barricas, donde maceran los caldos, hay un sitio reservado para Oinopión, hijo de Dionisio y Ariadna, criador de vino por excelencia y rey en la isla de Quios, de donde procedían los mejores caldos de la antigua Grecia, singularmente el llamado Prennios. En la bodega está representado trasegando unas ánforas de vino a lomos de un centauro, que por lo común eran criaturas montaraces, violentas y encabronadas, lascivas y amantes de beber el vino con exceso. Aunque hubo unos pocos que destacaron por su inteligencia y generosidad. El centauro Folos, representado en la escultura, fue mentor de Dionisio. Dos causas le encaminaron al sueño eterno, la primera: ser generoso en compartir el vino de los centauros para homenajear a Hércules. Y después, por su curiosidad científica, al querer indagar el poder de las flechas envenenadas de Hércules; una de ellas le rozó, causándole la muerte. El centauro, por combinar en su ser mitológico el genio humano con los instintos primarios del genio animal, es símbolo del enriquecimiento del hombre por el conocimiento y control de los instintos más poderosos de la naturaleza. En la elaboración de los vinos más excelentes está la conjunción de la inteligencia humana que equilibra la fuerza fermentadora de la naturaleza. Este espacio es paradigmático y, a la vez, el centro de gravedad de esta bodega, es como su cerebro. Por eso, y como dejó escrito el propio Miguel Ángel Sáinz, Oinopión es la síntesis de todos los conocimientos de su padre Dionisio respecto de las uvas y del vino, y los del centauro Folos, conocedor profundo del impulso íntimo de la naturaleza, formando un equipo de trabajo sugerente y complementario.