lunes, 16 de marzo de 2009

De la fragua al Misisipi

Pitingo y su grupo de flamenco, pop y soul y el coro de gospel, triunfaron en un abarrotado Riojafórum gracias a un concierto ecléctico en el que la figura del cantaor onubense enardeció a un público entregado

Dijo Ornette Coleman, el saxofonista inventor del llamado free jazz, que la música era el único arte verdaderamente democrático. Y viendo a Pitingo en el escenario, marcándose un martinete de Triana o un fandango del Alosno para después revolucionarse soñando con Ray Charles o el Gwendolyne de Julio Iglesias, la verdad es que no le faltaba razón a aquel tipo nacido en Fort Worth que en los cuarenta recorrió el medio oeste con el pelo hasta los hombros. Pitingo, obviamente, no utiliza el mismo desaliño indumentario (ni gasta el mismo peluquero de Ornette) pero su cabellera también posee una estructura diseñada hasta el último pelo, como la actuación en sí, que resultó un verdadero prodigio de ornamentación, ritmo y sonido y en la que el público que llenaba Riojafórum disfrutó al máximo de las soulerías de Antonio Vélez y de la potencia de un concierto elegante, muy musical y tamizado por un artista que, como dicen los clásicos, lo da todo en el escenario. De hecho, los directos definen a los músicos y de la guitarra granadina del Camborio y de ese grupazo de soul con el que puso el asunto bocabajo y el público a cien, revelan el fascinante poder del ritmo y de contraste para enardecer a un público que se dio cuenta desde el principio que en la breve anatomía de este gitano de Ónuba habita un artista imparable. Paseó con florituras por varios cantes clásicos del flamenco, aunque quizás, la soleares mano a mano con Juan Carmona fueron lo más bello y hondo de una actuación ecléctica y urbanita en la que de pronto apareció un coro gospel muy contundente para llenarlo todo de ese acervo negro de voces que son capaces de lograr sostenerse en un confín del universo sin apenas esfuerzo, sólo mecidas por los arabescos que marcan su ritmo.
Ritmo y compás; flamenco, jazz, soul, rock and pop, todo vertebrado con muchos watios, con un sonido cristalino y con el alma de un artista nuevo y sorpendente que conoce el flamenco, lo ama, y le encandila Aretha Franklin.

Missy Guildry y Habichuela
Missy Guidry compone el coro gospel de Pitingo junto a Chantelle Francis, Trevor Francis y Aqueel, y ella fue la primera voz que se escuchó en el concierto. Lo hizo con el bellísimo Ave María de Arteha Franklin y después se fue dando unas pataítas por bulerías de la mano del artista que tanto gustó al publico logroñés. El otro triunfador fue Juan Carmona 'Camborio', ex-Ketama, hijo del tío Juan y un músico que irradia felicidad sobre el escenario. Perfecto en el acompañamiento siempre y delicado en un tema en el que dibujó una media granaína preciosa con el compás de Benjamín Santiago. Su encuentro con Pitingo ha resultado esencial para el lanzamiento de este artista, aunque el primero de los discos, 'Pitingo con Habichuelas' suena mucho más flamenco que el actual, donde las concesiones más comerciales se han apoderado un tanto de la estela de un artista con enorme personalidad y dotado de una rara habilidad sobre el escenario: la conexión inmediata con un público al que lleva a su ritmo desde el minuto uno del concierto.

o Esta crónica la he publicado hoy en Diario La Rioja. La foto es de Alfredo Iglesias y si se pincha aquí se puede acceder a una completa galería visual del concierto, con imágenes de Alfredo y gracias a larioja.com

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