domingo, 31 de agosto de 2008

La guerra de las galias

João Folque de Mendoça, ganadero portugués de Palha, envió ayer a la plaza francesa de Bayona una de las corridas más duras, descastadas y arteras de la temporada, una corrida monumental y gigantesca a la que ninguno de los tres toreros y nueve banderilleros fue capaz de dar apenas ni un lance digno de mención. Tanto es así que lo único reseñable de la tarde fue un quite de Diego Urdiales al primer astado de Rafaelillo en el que pudo volar el capote para firmar tres chicuelinas y una media mecida por el pitón derecho en el centro del platillo. Lo demás fue una batalla campal en la que tres toreros españoles porfiaban con valor y hondura frente a seis astados imposibles llegados de los predios portugueses en la feria atlántica de Bayona: y es que más que una corrida de toros la función parecía la Guerra de las Galias, la batalla de las Termópilas o el desembarco de Normandía. Eso sí, la corrida de Palha fue durísima en el tercio de pica. Tanto es así que el primer toro del riojano se quedó dormido en el caballo en un puyazo que duró más de cinco minutos y en el que todos los intentos de Diego Urdiales y su cuadrilla resultaron baldíos para despegar la mole del peto del piquero, que vio cómo él y su montura fueron desplazados por el toro desde la contraquerencia hasta los chiqueros merced al empuje del morlaco luso. Pero a partir de ahí, la pretendida bravura que algunos quisieron ver se convirtió en una sucesión de embestidas a ‘topacarnero’, en un manantial donde tan sólo brotaban frenazos, mansedumbre, genio y un peligro tan evidente que resulta incomprensible el hecho de que un cierto sector de la plaza aplaudiera en el arrastre los seis toros de la corrida. Diego Urdiales, al igual que sus compañeros de terna, intentó el lucimiento en todo momento con la muleta y volvió a dejar en evidencia su forma de entender el toreo, sobre todo en el quinto, donde se la jugó sin aspavientos ni demagogias, cruzándose al pitón contrario e intentando traerse a su enemigo –se adjetiva así el toro con todas las consecuencias–, ofreciendole la muleta con generosidad. De hecho, la virtud del torero arnedano en la tarde de ayer fue ser absolutamente fiel a sus principios, al concepto de autenticidad y firmeza que le ha hecho triunfar en Madrid, San Sebastián y Bilbao. Urdiales no es un gladiador, es un torero, un matador que ayer dejó su firma en una estocada soberbia al primero de su lote en la que dejó los gavilanes de la espada en la misma cruz del toro sin despeinarse un tanto así. Lo peor de su tarde fue el tercio de varas del quinto, donde el Palha derribó a su picador de tal manera que se quedó a merced del toro y casi fue aplastado por el propio caballo, que en los pitones del astado parecía una levísima acémila cortijera. El que mejor librado salió de la tarde fue Rafaelillo, que volvió a nacer tras una terrible voltereta en la que los pitones le rondaron por el cuello y las mejillas de tal forma que parece un milagro que saliera indemne de tan tremendo lance. Por su parte, Sergio Aguilar se jugó la vida con sobriedad y enorme sinceridad. Se la jugó en sus dos toros y en el sexto, con la tormenta encima, logró arrancar una vuelta al ruedo tras un trasteo valentísmo, en el que a pesar de no conseguir dar ni un solo muletazo limpio, dejó sentado que desea ser alguien en el mundo del toreo.

o Toros de Palha, muy serios, hondos, astifinos y de trapío espectacular. Algunos, como el sexto y el quinto, parecían catedrales por su enormidad y amplitud de cornamenta. Sin duda, una de las corridas más duras de la temporada por su imposibilidad para la lidia, nulo recorrido y absoluta falta de bravura. En el caballo todos se emplearon con prontitud en tercios violentísimos en los que fueron castigados con fuerza. Eso sí, ninguno desarrolló bravura en la muleta, sólo violencia, cabezazos y mucho peligro.
Rafaelillo: saludos y saludos tras aviso. Diego Urdiales: silencio en su lote. Sergio Aguilar: silencio y vuelta. Plaza de toros de Bayona (Francia): algo menos de tres cuartos de entrada en tarde ventosa que acabó en el sexto descargando una gran tormenta que provocó la desbandada. Sábado, 30 de agosto de 2008. (Crónica publicada hoy en Diario La Rioja, la foto es de André Viard y la he encontrado en mundotoro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bellísimo articulo. Totalmente de acuerdo. Yo he estado y me ha parecido muy similar a lo escrito.

Jordi Galier (Bordeaux)

Ramón Arrieta dijo...

Como siempre, un gusto. ¿Por qué se confunden en lo toros tantas cosas que son básicas? Casta, bravura...

gracias por visitar toroprensa.com

Blog de ideas de Pablo G. Mancha. (Copyleft) –año 2005/06/07/08–

Queda permitida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta bitácora, en cualquier forma o modalidad (Siempre y cuando se cite al autor)