martes, 18 de marzo de 2008

Me gustaría tanto ser capaz de describir la mirada de un toro

Me gustaría tanto ser capaz de describir la mirada de un toro; capaz de meterme en ese infinito negro que brilla y se mueve, que chisporrotea y ulula con un halo de blanco imperfecto. Daría algo por ser capaz de escrutar lo que lleva dentro, lo que tiene tras de sí ese negro redondo y brillante, ese marfil irisado. Hay toros que miran como los hombres, hay otros que te miran por encima del hombro con una mirada que amasa y perturba, con una mirada que recuerda los miedos, que los enciende, que los disputa. Hay otros toros, por el contrario, que miran como si supiéramos que dentro están los ganaderos que no son, que no existen. Sin embargo, algunos victorinos miran y te centrifugan; miran y te revelan todo lo que albergas y te sacan los miedos peores, los que asustan cuando cerramos los ojos. Algunos victorinos tienen por mirada una guadaña y traen en los ojos las noches frías de enero. Otros victorinos asumen su prodigio y miran con la ternura inquietante de las intemperies. En fin, que me gustaría tanto ser capaz de describir la mirada de un toro...

o Foto obra Sánchez Mejías de un Victorino lidiado en Castellón, descubierta en Campos y Ruedos.

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