martes, 8 de agosto de 2006

(Reflexiones mateas –1–) Manuel Jesús, será para bien pero yo no lo entiendo

Manuel Jesús 'El Cid' pasa de anunciarse con las corridas de Baltasar Ibán y Victorino a vérselas con los temibles astados de Joselito y Martín Arranz. Será para bien, pero yo no lo entiendo. Hace unos meses comenté que El Cid me tenía preocupado, muy preocupado. Después llegó Sevilla y suspiré por lo que leí y no vi. Más tarde San Isidro, las dudas y al final, el silencio infinito de un torero que no parece el mismo. Todos mis temores saltaron cuando a El Cid le sonaron tres avisos en Azpeitia, tres avisos en una plaza de tercera categoría. Y ahora San Mateo, donde pasa de anunciarse con las corridas de Baltasar Ibán y Victorino a vérselas con los temibles astados de Joselito y Martín Arranz. Será para bien, pero yo no lo entiendo.

1 comentario:

betialai dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Pablo, yo también comparto tus temores. Vengo manteniendo desde hace mucho tiempo que El Cid no es el mismo ante toros encastados que ante borregas idiotas, no tiene nada que ver. Es lógico, porque su toreo de mano baja y de rematar el pase detrás de la cadera sólo se puede hacer con estos toros que pueden aguantar este tipo de lidia, entre otras cosas, porque es la forma de someterlos y dominarlos. Con las borregas no puede hacerlo, porque además de que no hay nada que someter, ni dominar, no resiten una serie de cuatro pases ligados de esa forma. Su toreo, por tanto, no puede lucir lo mismo con un tipo de toros que con otros. El problema es, que aún siendo consciente de ello, una vez llegado al lugar de figura que ocupa y pudiendo elegir lo que lidia, se está decantando por el toro comercial y descastado como la mayoría de los que han alcanzado esa condición de privilegio. Prima más la comodidad de saber que te vas a encontrar a unos toros, no exactamente menos peligrosos, porque un percance lo puedes tener con cualquiera, sí menos complicados, ya que el trabajo de someterlos y dominarlos te lo vas a ahorrar la mayoría de las tardes. Y éso a la larga, o no tan larga, conlleva a caer en el abotargamiento y a terminar, como muchos, viviendo de glorias pasadas. Efectivamente, lo de Azpeitia fue preocupante, pero no por el hecho de escuchar tres avisos, sino porque su actitud fue un indicio de que puede haber empezado a entrar por es camino. Una figura como él no puede empecinarse en descabellar ante un toro tapado, por la causa que fuera, y tiene que tirar de recursos, que haberlos hailos, para no permitir que un toro se le escape vivo a los corrales. Ojalá recapacite y se pueda recuperar un torero que, dado el nivel de absoluta mediocridad que existe en la fiesta, nos pareció distinto y nos hizo concebir esperanzas.

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